Aportes a la construcción medial de ciudadanos informados
Marco Herrera Campos, periodista
“Dime qué televisión ves y te diré quién eres”
Introducción
La televisión es uno de los medios de comunicación que ha provocado las mayores transformaciones a nivel mundial. Su impacto político, social, cultural y económico, cuyas ramificaciones aún se siguen extendiendo, ha sido investigado profusamente; sin embargo, sus consecuencias no han sido del todo asimiladas y seguimos desconfiando de los efectos que provoca en la sociedad en general.
Un estudio de la Unesco, acerca de los problemas de la comunicación en la sociedad moderna, indica que, con la excepción de algunas regiones en países de África y Asia, la televisión existe en todo el mundo: en 133 países en comparación con 103 de hace diez años. En este mismo periodo de tiempo, el número de receptores de televisión se ha multiplicado por dos, y es hoy de 306 millones, esto es, 117 por cada mil habitantes. La distribución de estas cifras por regiones indica que hay un aparato por cada dos personas en América del Norte, 4 en Europa, 12 en América Latina, 40 en los países árabes y en Asia, y 500 en África.
Si aterrizamos estas cifras en nuestro país, y de acuerdo a un estudio del Departamento de Antropología de la Universidad de Chile, realizado en mayo de 2000, Chile destaca como uno de los países latinoamericanos con mayor porcentaje de penetración de señales de televisión abierta y, por lo tanto, de receptores por hogar. Asimismo, nuestro país se encuentra por sobre el promedio continental. Dicha investigación arrojó que la disponibilidad de televisores por mil habitantes, entre 1970 y 1990, se duplicó en la mayoría de los países latinoamericanos, registrando Chile un aumento de 53 a 205. De acuerdo a estimaciones, en nuestro país hay actualmente dos televisores, en promedio, por habitante.
El impresionante crecimiento de la televisión ha originado serias preocupaciones en torno a sus efectos, por ejemplo, la tendencia de los programas de televisión, en la mayoría de los países, a atender las necesidades y los intereses de la población urbana y de las minorías selectas locales, lo cual da una imagen falsa de la sociedad en su conjunto. También subsiste una contradicción entre el temor de que la televisión tienda a homogeneizar la sociedad, es decir, a promover imágenes societarias concentradas, unívocas, sin presencia de la diversidad necesaria, justificado por la pasividad que los números de las audiencias retratan y la alta preeminencia de un modelo privado sustentado en un modelo aspiracional de consumidores iguales y abundantes en una sociedad de masas; a reforzar los estereotipos sociales y a promover el conformismo y el espíritu conservador; y la esperanza de que pueda ser un modo eficaz de introducir nuevas ideas y de hacer ver al público diversos modelos culturales. Además, a propósito del contenido de los programas de televisión, hay quienes piensan que existe una directa relación de causa-efecto entre la violencia que se presenta en pantalla y la que existe en la calle, mientras que otros consideran que dicha relación no es demostrable; y el hecho de que muchos países, sobre todo subdesarrollados, importen de un 30 a un 70 por ciento de sus programas, mientras que otros transmiten casi exclusivamente los que producen ellos mismos. Para el caso de Chile , la presencia de programación de factura extranjera no alcanza el 30%, es más, en el “prime time” la programación es exclusivamente nacional.
El alcance político, social, cultural y económico de la televisión actual no es un problema ajeno a la realidad de nuestro país, que aspira a contar con una ciudadanía consciente de sus derechos, sobre todo del derecho a la información. La necesidad de su ejercicio es posiblemente el hecho clave para el pleno establecimiento de una sociedad democrática. La responsabilidad no sólo recae en el ciudadano, sino también, y muy especialmente, en aquellas instituciones cuya finalidad es constituirse en los canales de comunicación que permiten acceder a información cierta, oportuna y diversa.
La televisión espectáculo
En su tendencia más reciente, la televisión chilena se caracteriza por ofrecer una variada gama de programas de entretención de dudosa factura, puesto que en su mayoría se trata de programas que se constituyen en un verdadero ‘espectáculo de la descalificación del otro', símil del ‘circo romano' que legitima la exposición de algunos en aras del divertimento de otros, bajo el ropaje de una supuesta libertad de expresión.
La duda que surge es ¿qué tipo de valores propugnan estos programas de televisión? ¿En ellos aparece un supuesto ideal de ciudadano emergente, que no le teme al ridículo, que está dispuesto y es capaz de expresar sus ideas con claridad y sin temor? O más bien ¿se trata del ejercicio pleno de la libertad de cada uno para convertirse incluso en sujeto de burla o denigración a cambio de ciertas legítimas condiciones que permitirán acceder a un anhelado y justificado premio? Y dada su preeminencia social, ¿los medios de comunicación tienen el derecho para someter a la descalificación y al ridículo a cualquier persona de renombre? ¿Qué consecuencias puede tener el vincular la fama farandulera con el prestigio que tienen personas que ocupan posiciones de poder en el ámbito público? ¿Dónde se encuentra la responsabilidad social de las empresas de televisión? ¿Se acaba en las emisiones de los noticieros que cumplen con informar los hechos noticiosos del día?
Todas estas preguntas tienen un denominador común: ¿qué tan humana es la sociedad chilena representada en la televisión? ¿Cuáles son los valores de la sociedad que vemos por televisión? Aquí no se discute la función social de la televisión en el marco legal chileno; sin embargo, sí nos preguntamos por el mundo que nos enseña, en tanto es el medio de comunicación que con mayor frecuencia cumple el rol de ser el intermediario entre el individuo y la sociedad.
La imposición en nuestro país de un modelo de libre mercado no sólo ha tenido efectos en el campo económico, social y político, sino que también en el campo cultural y en las comunicaciones. La aplicación de la “mano invisible del mercado” sobre los procesos de comunicación ha tenido como resultado el desplazamiento de lo social para dar paso irrefrenable a la mentalidad de los negocios, el pensamiento de la ganancia ilimitada, el deseo del lucro, la ambición sin límite, el pragmatismo económico a costa de lo que sea y la ideología de la posesión material como sentido de la vida, por encima de otros valores necesarios para la sociedad.
Tal como sostiene Javier Esteinou Madrid, investigador del Departamento de Educación y Comunicación de la Universidad Autónoma Metropolitana de México, los canales de difusión electrónicos gobernados por los principios del mercado han tendido a construir una atmósfera de desperdicio cultural al producir una cultura de la frivolidad, una cultura del hiperconsumo, una cultura de la novedad, una cultura de la transnacionalización, una cultura light , una cultura del chisme, una cultura del espectáculo, una cultura del Star System , una cultura del show, etc, que es altamente rentable a corto plazo, pero que lleva a despilfarrar la enorme energía humana que existe en los países para enfrentar los grandes problemas de crecimiento y de sobrevivencia humana.
Con el triunfo del modelo de comunicación-mercado, Javier Esteinou sostiene que, desde 1990 a la fecha, las principales cadenas de televisión, no sólo de México sino que de toda Latinoamérica, se han visto invadidas por una serie de programas calificados como “modernos”, “avanzados” y “abiertos” que han impulsado desmedidamente la violencia, el amarillismo, el morbo, el exhibicionismo grotesco, la invasión de la privacidad, el sensacionalismo y la vulgaridad, con el único objetivo de conquistar audiencias y potenciales consumidores para sus auspiciadores.
El investigador mexicano asegura que junto con esta nueva mentalidad televisiva han surgido tres modelos de televisión: la “Televisión Vampiro”, que para generar ratings recurre a seriales y películas altamente violentas y sádicas; la “Televisión de Lavadero”, que se basa en el género de Talk Show , exhibiendo a las personas como mercancías, para lo cual se acude a la difusión pública de la vida privada, de los conflictos personales y crisis familiares, sobre todo, de personas de estrato popular; y el modelo de “Televisión Intrusiva”, al estilo de los programas “Gran Hermano”, donde el postulado es que la vida privada ya no debe existir como vida íntima, de esta manera, la intrusividad se convierte en norma social y en espectáculo.
Está claro que en la televisión chilena, en los últimos años, se ha impuesto el modelo social del individualismo por sobre las relaciones solidarias. El dinero como base del reconocimiento social, y la “cultura del narcisismo” como nuevo impulsor de conductas valoradas. Es la cultura del espectáculo devenida en farándula. Al respecto, Guy Debord sostiene, pasados ya veinte años de la publicación de su libro La Sociedad del Espectáculo, la idea de que el espectáculo moderno es esencialmente el dominio autocrático de la economía mercantil que alcanzó un estatus de soberanía irresponsable. De ahí que bajo su dominio se vaya constituyendo una política–espectáculo, una justicia-espectáculo, una medicina–espectáculo y otros excesos de los medios de comunicación. De esta manera, el espectáculo no es otra cosa que el exceso de los mass media .
Debord precisa que el espectáculo se ha mezclado con toda la realidad por efecto de irradiación. Valga esta extensa cita del autor para comprender el fenómeno que afecta también a nuestra televisión:
“En esta integración basada en el recurso de la falsificación, el gobierno del espectáculo falsifica la producción y la percepción, haciéndose, por ejemplo, dueño de los recuerdos y del porvenir a través de la exhibición de los proyectos. En ese contexto se explica un aparente fin de la división del trabajo que coincide con la desaparición de toda competencia verdadera: un panadero expone sus preferencias literarias, un actor se mete a gobernar, en fin, cada cual puede salir en el espectáculo para entregarse (o integrarse) en público. Allí la posesión de un estatus mediático adquiriere una importancia infinitamente mayor que aquello que uno ha sido capaz de hacer realmente”.
Otro rasgo característico de nuestra televisión se puede visualizar al analizar los programas llamados “Reality Show”. Fanny Titium, en su artículo “El reality, fenómeno mediático”, sostiene que son fenómenos destacables que se vinculan con la tendencia hacia la espectacularidad a partir de la exhibición de contenidos que poseen algún nivel notorio de agresividad: exhibicionismo (sin pudor de la intimidad, en un contexto racional, reglas de los juegos, competencias, concursos donde ‘todo vale'), voyerismo (cuando la realidad supera a la ficción el televidente se emociona), vigilancia y sumisión (contrapartida: control en los programas de concurso).
Cuando se analizan los temas abordados, no sólo notamos ciertas recurrencias, sino también dos fenómenos asociados: recurso espectacular de lo cotidiano (a través de la emoción que evoca ver a otro emocionarse –fenómeno inmediatista) y la lejanía de un cotidiano social –fenómeno de distanciamiento respecto de lo que no está presente o a la mano de las propias emociones.
En esta rápida revisión de algunos contenidos de la televisión chilena se puede deducir que hay una pérdida del carácter ciudadano frente a la emergencia del consumidor de televisión, fundado en el principio cada vez menos supuesto y más real de que lo que no circula por la televisión no existe.
Investigación de áreas temáticas
Lo que se propone en este trabajo es la selección e investigación de áreas temáticas que puedan contribuir al ejercicio de una ciudadanía plena. La idea que subyace a la selección es la definición de ámbitos en torno a los cuales los medios, y la televisión en particular, representan ciertos contenidos, a nuestro entender clave para la constitución de un público integrado por ciudadanos de pleno derecho, informados, conscientes y activos en el respeto de sus derechos.
En este sentido, los criterios para la delimitación de las áreas temáticas de contenidos que deberían ser abordadas en una investigación de este tipo, corresponderían a las siguientes premisas:
-Temas que favorecen la autoconciencia ciudadana a través de la información, conocimiento y sensibilización.
-Temas que promueven la difusión de contenidos imprescindibles y útiles para el ejercicio de los derechos.
-Temas que sean abordables desde la perspectiva de un modelo de intervención que propicia una sociedad integrada por individuos autovalentes y activos –participativos – con iniciativa.
-Temas que dicen relación con los intereses públicos por excelencia, en atención a que la televisión es el medio más masivo.
-Temas susceptibles de ser abordados con alto nivel de pertinencia por la televisión, a nivel de formato, facilidad de exposición – comprensión pública, lo que los convierte en temáticas especialmente apropiadas para ser tratadas en televisión.
-Temas que permitan la exhibición de alternativas, de diversidad de enfoques interpretativos, con pluralidad de puntos de vista, situaciones que cotidianamente favorecen la discusión, el respeto y la tolerancia.
Definición de las áreas temáticas de análisis
Derechos ciudadanos:
Más allá del énfasis empresarial que hoy caracteriza a nuestra industria mediática, el negocio de la televisión sigue fundándose en la oportunidad privilegiada que ofrece de informar, educar y entretener, aun cuando el orden de prioridades sea discutible. Estas ‘promesas' constituyen la oferta y paradojalmente, es precisamente en ellas donde radica el rol social de la institución.
Cabe preguntarse entonces por la presencia y características en las transmisiones televisivas de las representaciones de ciudadanía, desde la perspectiva de sus derechos. ¿Cuáles son los derechos representados? ¿Cuál es la presencia de los derechos humanos en los contenidos televisivos? ¿Con qué perspectiva son abordados: divulgación de la legalidad, situaciones de transgresión a la misma, conflictos civiles individuales, respeto a la diversidad, promoción de la conciencia ciudadana, apoyo asistencial?
Dada la preeminencia de los espacios de entretención en las parrillas de programación, la investigación no sólo debería abordar espacios informativos o de ‘utilidad pública', sino también espacios de ficción y variedad de factura nacional.
b) Políticas públicas:
La difusión de las políticas públicas es una responsabilidad reconocida por los canales de televisión, siendo de vital importancia para la participación ciudadana, la valoración de la política y del ejercicio de la misma. Si no se realizan programas que permitan comprender lo que está en juego en las decisiones del gobierno, del parlamento y del mundo empresarial, el ciudadano no dispondrá de las informaciones necesarias para crear sus propias opiniones respecto del quehacer gubernamental que le atañe directamente.
Una ciudadanía que no cuenta con las informaciones suficientes acerca de las decisiones, políticas, proyectos y leyes que regulan los aspectos centrales y límites de su convivencia, se distanciará de las decisiones políticas, lo que contribuye, por una parte a debilitar la imagen de las instituciones democráticas y, por otra, a perder el derecho que posee a controlar y participar de las propuestas de sus representados.
Poco se sabe acerca de las políticas públicas, los foros, debates y documentales que aproximen el quehacer de las autoridades y que permitan sentirse involucrados a los ciudadanos. En esta perspectiva se debería estudiar qué representación de las políticas públicas construye hoy la televisión, indagando acerca de qué tipo de políticas tienen espacio en sus contenidos, cuál es el enfoque con que son abordados: adecuación y nivel de profundidad de la información manifiesta, la presencia de un enfoque positivo, de crítica o denuncia sobre sus aplicaciones y el tipo de orientación de la acción del ciudadano que promueve: favorecedor de la autonomía o del asistencialismo.
La elección de los dos temas siguientes constituiría dos entradas complementarias al análisis en la perspectiva de un ciudadano con responsabilidad en la construcción de su democracia.
Por una parte, entendemos que la creación artística es fundamental en la formación de una opinión pública atenta y conocedora de los procesos de creación en una perspectiva de diversidad cultural. Además, estudiar la forma en que ha sido abordada por la televisión un tema del dominio de las políticas públicas, donde el respeto de derechos fundamentales es probablemente la razón de ser de su preponderancia, y para el que las experiencias internacionales ofrecen distintas perspectivas.
c) Valoración de la creación artística y literaria:
Tanto la legislación vigente en nuestro país, como la propia dirección de los canales de televisión abierta reconocen como uno de sus deberes ofrecer programas culturales y artísticos dirigidos a públicos que, o no tienen acceso a la televisión pagada, o bien esperan encontrar en la televisión libre contenidos acerca del quehacer artístico. En su condición de espacio compartido de la escena nacional, le corresponde apoyar la creación dando a conocer la literatura y las manifestaciones musicales, teatrales y pictóricas tanto chilenas como extranjeras.
Es necesario preguntarse por el espacio que la televisión le otorga a la creación artística y literaria en la perspectiva de establecer cuál es la valoración que posee para el medio, a través del análisis de lo que ofrece en términos de horas de programación, ámbitos de la creación abordados, existencia de espacios destinados específicamente a esta divulgación y características de la exhibición en términos de dar cuenta de qué contenidos se divulgan respecto del arte, la literatura y sus creadores.
d) Seguridad Ciudadana:
Los temas relativos al crimen y la delincuencia ocupan un lugar preponderante en la programación tanto de noticieros como de otros formatos.
En una investigación de áreas temáticas es urgente preguntarse qué caracteriza la representación social de lo que se ha llamado ‘seguridad ciudadana', a qué contenidos está asociado el tratamiento de este tema, qué contenidos están fuera, dónde está puesto el acento: en las causas o más bien en las consecuencias de la inseguridad – seguridad ciudadana, cuál es la presencia de contenidos como la ley, penalidades, la preponderancia del miedo y las medidas de resguardo. ¿Existe heterogeneidad en el discurso en torno a este tema o es más bien unívoco?
Conclusión
El área de las comunicaciones, sobre todo audiovisual, es una de las de mayor expansión económica y de alta penetración socio-cultural en los países subdesarrollados o en vías de desarrollo. Para muestra, un solo ejemplo, las horas que pasa un escolar latinoamericano frente a una pantalla muchas veces supera las horas que pasa en una aula escolar.
Para la consolidación de la convivencia democrática en nuestros países se hace necesario velar por la calidad de los mensajes que emite la televisión. Una propuesta de investigación para evaluar la calidad de los contenidos televisivos sería el análisis de contenido de cuatro temas considerados como representativos a la hora de aportar a la construcción de ciudadanos informados, opinantes y capaces de tomar decisiones de interés público: derechos ciudadanos, políticas públicas, creación artística y seguridad ciudadana.
Referencias bibliográficas
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DEBORD, Guy (1999): La sociedad del espectáculo, Valencia, Pretextos.
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DEBORD, Guy: La sociedad del espectáculo , Pretextos, Valencia, 1999.