Obra selecta de Emir Rodríguez Monegal
Editorial Biblioteca Ayacucho. Caracas)

 

Fundó la generación que agrupaba a un conjunto de intelectuales y escritores reunidos cronológicamente, una promoción intelectual que Emir designó con una fecha, marcando un período particular que coincidiera nominalmente, numéricamente, con movimientos contemporáneos, no homólogos, en Brasil y Argentina . Su sistemático anhelo en situar comparativamente una generación más allá de la restricción de sus fronteras, en darle la dimensión que las supere, en hacer aflorar las conexiones no visibles que articulan la cultura, cifra en la denominación "Generación del 45" una referencia nacional, pero radicándola en un contexto rioplatense y continental.

No se trata de cuantificar, ya que la diferencia de años no puede determinar "la escisión de las generaciones. Hay que buscar más hondo" afirma en El juicio de los parricidas. En un párrafo de media página, al que titula "EL AÑO CLAVE", da las razones de una separación, una ruptura que necesitaba, como las había dado en la otra orilla: "Y al buscar se encuentra precisamente a Perón y con él una fecha: 1945." Designa con el mismo nombre a la nueva promoción argentina: "La he llamado de 1945 porque esa fecha marca el acontecimiento generacional, del mismo modo que 1898 marca el acontecimiento generacional de los jóvenes que, al cambio del siglo, ponen en cuestión la realidad española. "

En las diferentes funciones literarias que asume, desde las modestias de la docencia en la enseñanza secundaria, a la reconocida invención de autores y movimientos transcontinentales, descubre un nuevo mundo nuestro, un "brave new world", como diría Miranda y, si bien resulta retórico re-citar una vez más las palabras de Miranda, admirada y admirable criatura, que sobrevive a varias tempestades, o recurrir a los tópicos utópicos de Próspero, uno de los personajes de los que, por distintos textos, no se apartan de la imaginación de Emir, la reincidencia vale. Mago e inventor, como el personaje de La tempestad de Shakespeare, el crítico permanece atento al paisaje americano, oteándolo desde el mirador de José Enrique Rodó, El mirador de Próspero , reflejándose al revés en el espejo de Richard Morse , El espejo de Próspero, o previendo la multiplicación de funciones que le atribuyen los deslumbrantes efectos cinematográficos de Peter Greenaway. Como por arte de magia, en su film, Próspero se hace cargo de un extraño discurso en el que un solo actor presta su voz a los demás personajes. Todos hablan por él o él habla por todos, una figura vocal emblemáticamente teatral que, avalando el genio del protagonista, interpreta sus desventuras, su salvación de las conspiraciones y del naufragio, la salvación de Miranda y de sus libros, sus desavenencias con un Calibán que cambia de norte a sur. Gracias a la visión totalizadora del cine, el director cifra en una sola voz las resonancias plurales del imaginario de este continente que no es el suyo. Anticipándose a las coincidencias desaforadas de Prospero's Books, dice Emir

Fueron tantos los vuelcos y vueltas desde mi nacimiento en la ciudad fronteriza de Melo que a veces pienso en mí como una rara combinación de espectador y actor que está contemplando una obra de la que soy simultáneamente crítico y realizador.

Cinéfilo apasionado, crítico cinematográfico excepcional, no se podría asegurar que desconociera al cineasta, aunque no hay duda de que no llegó a conocer este film. Sin embargo, resumiendo su propio expediente, Emir habría adherido, sin saberlo, a esa polifonía extraña, cuyas teorizaciones conocía a fondo, haciendo coincidir en la elocuencia heteroglósica del crítico las voces que la obra dispersa en personajes y narradores, en las resonancias del autor y el silencio del lector. "Autor/actor y Antagonista ", como se le caracteriza, coinciden en un mismo espectro-espejo crítico.

Tampoco deben pasarse por alto las especulaciones alegóricas de La Tempestad que se difunden a través de gran parte de su obra y se concentran, entre otros textos, en "Las metamorfosis de Calibán" , una de sus piezas críticas magistrales, donde reúne, en la lucidez sumaria de cuatro páginas, datos fundamentales para indagar en torno a las definiciones ideológicas del siglo, para profundizar en el itinerario simbólico del nuevo mundo, sus modelos míticos, la crónica de sus sueños y las deslecturas tendenciosas con que fueron simplificados. Es tal la penetración de su conocimiento con respecto a un tema que constituye uno de los planteos más problemáticos de América, que Emir sabe observar con una visión simultánea todos los antecedentes europeos y las oscilaciones de su deriva continental.

De la misma manera que deja constancia de los móviles simbólicos del pensamiento de Rodó (que hacían de Ariel "el símbolo de la América Latina del futuro, el modelo utópico de la madurez de su cultura. En ese vasto proyecto, los Estados Unidos no tenían lugar. O, tal vez, solo tenían uno: servir de ejemplo de lo que los latinoamericanos deberían evitar"). Apunta contra la usurpación de datos que, en la inescrupulosidad del plagio, saquea por partida doble, tanto por la copia abusiva como por los errores apresurados de atribución y contextualización despistadas, o por las máscaras de quienes consienten las demagogias del estereotipo para continuar pagando mejor tributo a Europa.

En un compendio que revisa las consecuencias universales del imaginario en el que Shakespeare supo ahondar por medio de las tormentas que desató el descubrimiento, no solo describe críticamente las principales fuentes del pensamiento de Rodó y las imposturas de sus epígonos circunstanciales, sino termina solidarizándose con la revolución total de Oswald de Andrade, con sus desplantes poéticos y rebeldes. En ese artículo él mismo hace lo que dice y dijo desde sus primeros escritos cuando consideraba indispensable que, de una buena vez, el quehacer literario de América Latina integrara la literatura brasileña en un debate común:

Usando un chiste que se basa en una famosa frase de Hamlet, Oswald de Andrade habrá de proclamar, refiriéndose a los indígenas brasileños: Tupi or not tupi, that is the question. Sí, esa es la cuestión, todavía. ¿Vamos a continuar asumiendo una identidad latinoamericana por el proceso de imitar a los intelectuales francófonos, o vamos a actuar como los caníbales (culturales, es claro) que somos? Al defender el canibalismo y fechar algunos de sus textos en el aniversario del día en que los caníbales brasileños se comieron su primer obispo portugués (una manera rápida de asimilar sus virtudes eclesiásticas, sin duda), Oswald de Andrade descubrió el único camino posible para hallar nuestra identidad. Su canibalismo es carnavalesco, en el sentido en que Bakhtin define el concepto.

Nuevamente lo biográfico y lo teórico coinciden en el pensamiento crítico de Emir. Ya anunciaba en la entrevista "The Boom: a Retrospective" que, en su antología de la literatura latinoamericana, dedicaría una parte a la literatura brasileña: "I want to show Latin American culture as a diversity and not as a homogeneous structure."

En su texto dedicado a Emir, recordando la cortesía de la iniciación brasilera que, tan amistosa, le brindara, decía Ulacia que para Emir el Brasil durante el proceso de democratización, "a diferencia del Río de la Plata (...) era sinónimo de libertad, y toda libertad, decía, era creativa. Además, en el Brasil, Emir había encontrado, como más tarde me di cuenta, muchas de las teorías que expone Mikhail Bakhtine en su obra: el carnaval, el espejo, la parodia, la intertextualidad."

No es extraño que Emir, hombre de fronteras, en el confín de dos mundos, haya unido el descubrimiento de la identidad latinoamericana a partir no de un país sino de dos, de una memoria compartida que no reniega de la provincia limítrofe de su nacimiento, ni de la casa donde vivió de niño en Río de Janeiro que, con tanto entusiasmo, muestra al joven poeta visitante, ni del cementerio en Río donde está enterrado su padre o, ya al final, su casamiento con la carioca que es Selma. Para estas tierras aledañas al Brasil y perseverantemente ignorantes de sus realizaciones culturales, fueron pioneros sus artículos sobre Graciliano Ramos, en 1945, sobre José Lins do Rego, de 1953, Euclides da Cunha, Clarice Lispector, los trabajos en colaboración con Irlemar Chiampi o sus certeros análisis generales sobre la novela brasileña, entre los que sobresalen varios textos sobre Guimarães Rosa.

En 1967, en París, escribe el prólogo para la edición española de sus Primeras historias , balizando la zona de fronteras que la narrativa del escritor mineiro descubre en el primer cuento, "La tercera orilla del río", internándose en el mundo mágico que promete un autor distinguido en el margen entre sus códigos diplomáticos y su independencia literaria, cerca de donde Emir comparte fantasías de extraterritorialidad en "esa Bahía ya poetizada por narradores y sociólogos".

Desde la óptica de los estudios comparados, un pequeño libro, Mário de Andrade/Borges, Un diálogo dos Anos 20 , presenta el vínculo paródico común y el interés documentado del primero por Borges, la aproximación que había establecido en el número "Letras brasileñas" de la REVISTA IBEROAMERICANA , una publicación que impulsó con solvencia según las direcciones de su visión americanista.

La significativa dedicatoria "a Mário de Andrade y su dulce Angelina" en Narradores de esta América , la selección de los capítulos dedicados al Brasil en la espléndida edición de Noticias secretas y públicas de América, coordinada para la Biblioteca del Nuevo Mundo 1492-1992 , que documenta las fantasías de las primeras crónicas, los relatos sobre la hospitalidad también antropofágica de sus indios, "Las atrocidades de los bandeirantes", hasta "Las últimas horas de Tiradentes".

La importancia de los fecundos trabajos en colaboración con Haroldo de Campos, en San Pablo o en la Universidad de Yale, en otros lugares. Entre ellos, su simbólica intermediación entre dos gigantes continentales, asociando "Blanco", el poema de Octavio Paz y "Transblanco", la transcreación de Haroldo de Campos en un libro con un prólogo de Emir que el poeta brasileño le solicitó como testimonio de las relaciones que inició y estrechó entre la América Hispánica y el Brasil. Conviene transcribir, en la concisión de sus propios términos, la urgencia por unir los contextos culturales, en dos lenguas diferentes y afines, lo que designa como una "conjunción estelar":

Para assinalar ainda mais a excepcionalidade do caso, esta aproximação e fusão se produzem entre duas áreas do mundo americano que costumam desconhecer-se com olímpica desatenção. Porque a marca deixada pela colonização não foi de todo apagada pela independência, nós, americanos espanhóis e americanos brasileiros, continuamos de costas uns para os outros, contemplando enfeitiçados as velhas ou novas metrópoles. Só de raro em raro uma sor Juana dialoga polemicamente com um texto do padre Vieira para produzir sua Carta atenagórica e demonstrar que a teologia não era só província masculina. Ou Gregório de Matos recolhe do barroco satírico espanhol as mesmas munições retóricas que servem ao peruano Juan del Valle Caviedes para seu Diente del Parnaso. Ou José de Alencar, com O gaúcho, se incorpora ao vasto corpus de literatura rio-platense, não solamente para render-lhe homenagem, mas, também, para lê-lo de viés. O utopismo americanista de Rodó encontrará um inesperado eco em Canaã, de Graça Aranha, da mesma maneira que, alguns anos mais tarde, os romances sociais de Jorge Amado (em sua primeira fase) seriam seguidos com avidez na Argentina. Até mesmo no campo diplomático, os contactos de Alfonso Reyes, durante sua permanência no Rio de Janeiro, com poetas do porte de um Manuel Bandeira haverão de deixar algo mais do que ecos de previsíveis banquetes e brindis. A prolongada residência de Gabriela Mistral em Petrópolis avizinha a aura da grande poesia feminina de língua espanhola ao português do Brasil. Os próprios irreverentes antropófagos brasileiros dos anos vinte encontrarão escritores hispano-americanos dignos de serem salvos da panela de guisado: Mário de Andrade, numa série de luminosos artigos sobre a nova literatura argentina (1927-1928), chegará à conclusão de que, com a morte de Ricardo Güiraldes, o jovem Jorge Luis Borges (sim, o Borges da fase vanguardista) é o melhor escritor argentino. Por seu lado, Oswald de Andrade haverá de reconhecer mais de uma afinidade secreta entre a poesia de seu João Miramar e os Veinte poemas para ser leídos en un tranvía e Calcomanías, do poeta argentino Oliverio Girondo.

Aun dentro del mismo género biográfico y de su riguroso trabajo, dedicado a las figuras fundacionales de la cultura continental, tal vez sea necesario distinguir la entonación evidente que modula la biografía de Borges con un encanto adicional. No era necesario que él mismo aclarara que en este caso había encarado la construcción de una ficción literaria diferente, un artificio que han verificado los preceptos teóricos y corroborado la filosofía contemporánea, pero a la que la contradictoria humildad del biógrafo no estaría dispuesta a consentir.

Emir decía: "Cuando escribía la biografía literaria de Borges, me di cuenta que había algo novelístico en la composición de una biografía -que los biógrafos compiten con los escritores de ficción. Borges se volvía mi personaje, casi mi creación." Solapadas o a la vista, las dualidades de esa competencia, que es también un saber hacer, habían determinado su labor. Borges consideraba que, en efecto, la biografía era un género imposible, sin embargo, esa imposibilidad no le impidió escribir algunas, frecuentar su lectura asiduamente y hacer de las sumarias biografías que escribía para El Hogar, "este maestro de la miniaturización" , una de las proezas textuales más fascinantes.

Así como Blanchot no duda en refutar la exactitud del registro civil afirmando que es "el arte el que nos proporcionaría nuestra única fecha de nacimiento" , Emir reflexiona sobre las reticencias de la información biográfica que proporciona Borges en "Vida de Evaristo Carriego", su inocente voluntad de convertir los recuerdos en esa coreografía de una subsociedad carnavalesca , que va perfilando rasgos aislados antes que "el copioso estilo de la realidad."

Procurando encontrar, en el archivo biográfico que revisa Borges, el precedente válido para su propia elaboración, remite a las estrechas relaciones que mantuvo el escritor con Néstor Ibarra porque le interesa rescatar esa intimidad, porque le interesa asimismo remitirlas a las afinidades que él había cultivado durante años con el escritor. Esboza sobriamente, por persona interpuesta, la naturaleza de una confianza intelectual que lo distingue:

Ibarra (...) se volvió tan cercano a Borges, conoció tanto al hombre y sus obras, que el propio Borges le hizo tributo de su reconocimiento: 'Ibarra me conoce más íntimamente que nadie." (...) Leyendo y releyendo a Borges, hablando y discutiendo infinitamente con él (...), el joven vasco se las arregló como para conocer a Borges desde el interior. De tal modo que podía descodificar todos los matices de ironía, el sistema elaborado de decepciones y falsas confesiones que forman el tejido de los textos de Borges.

Sería pertinente considerar que, entre las ineludibles biografías que escribió, este voluminoso libro es su biografía por antonomasia: la figura de un posesivo que habría que interpretar también literalmente. Expone las ambigüedades de una verdad pactada que, desde el principio, se va afianzando, una biografía a medias entre autor y autor; por ser de uno no deja de ser del otro; siendo una son igualmente "las biografías de Emir", la biografía de Borges, del Otro, del mismo, de él mismo.

El género no cuestiona la dualidad contradictoria que es requisito de la literatura, de la historia, personal o no, de la palabra que se compromete por la escritura. Reticente en relación con cualquier obra o comentario que pudiera concernir a su persona, a sus escritos, Borges elogió esta realización que consideró notable, una obra que, desde su publicación, es objeto de consulta permanente para el mejor conocimiento de un autor que no la fatiga ni la termina.

A distancia, cruzando el océano, en un texto donde se celebra la universalidad de la imaginación de Borges en contraposición con las expectativas del colorido exotismo típico con que se suele (des)atender la literatura ultramarina de estas tierras, un crítico afirma: "Ninguna propone un planteo tan claro, tan preciso del hombre y de la obra -del hombre a través de su obra- como esta biografía exhaustiva del uruguayo Emir Rodríguez Monegal" . Se referiría quizás a la arqueología de un saber bibliográfico profundo, a las glosas sin fin, tesis, interpretaciones, comentarios -bibliotecas de textos eruditos y verosímiles que iluminan, sin agotar, "El universo (que otros llaman la Biblioteca)" de Borges.

A Literary Biography fue escrito en inglés por encargo de la editorial Dutton de Nueva York y publicado en 1978. Traducido al italiano y publicado en l982 por la editorial Feltrinelli, traducido al francés y publicado en 1983 por Gallimard, traducido al español y publicado posteriormente en México por el Fondo de Cultura Económica, cuenta ahora entre las biografías más apreciadas de la lengua castellana, una lengua que no las ha prodigado.

Entre otros reconocimientos, el libro, un volumen que pasa las 500 páginas, recibió en Italia el Premio Comisso, creado para distinguir el mejor ensayo publicado en italiano. En 1983, le fue otorgado en Treviso por Giulietta Massina pero, a pesar de que no es seguro que Federico Fellini estuviera presente, quizás Emir no dejaría de pensar al recibirlo, en las formidables apariciones, más o menos furtivas, más y más fabulosas, con las que el director italiano sorprendía entre sus personajes, consignando la auto-autoridad de sus films, haciendo visible su propia imagen en una incidencia cinematográfica que, según las convenciones establecidas, transgrede el orden habitual. Pero esa es la historia de otro biógrafo que, seguramente, Emir habría evocado más de una vez cuando diseñaba la biografía de Borges, pensando en las ocurrencias transgresivas del cineasta, los pasajes casi indiscretos de su figura, sin prever la vecindad del premio que confirmaría las excelencias de una obra mayor. En una entrevista realizada en alfabeta a propósito del otorgamiento de este premio, señala su voluntad de escribir sobre una vida vivida entre libros, evocando al autor a partir de los acontecimientos literarios que prevalecen sobre la revelación efímera de peripecias apenas circunstanciales, que "no sobreviven a la engañosa inactualidad del libro."

Autor y crítico admiraron los mismos paisajes, se pronunciaron desde posiciones afines ante las vicisitudes de una época que agitó el mundo y la región dramáticamente, "en la que la era melancólica del nazismo y del materialismo dialéctico " ocupaban la palabra y la ciudad. Emir sobrentendió los mismos implícitos, los dio a conocer, dirigió -after Borges- sus inclinaciones literarias hacia una biblioteca común. En su libro, convierte en testigos a sus lectores de los interminables diálogos mantenidos con el escritor, estampas que aparecen en escorzo, recortadas, recordadas, desde una perspectiva que resalta el cariño profundo que Borges alentaba por el Uruguay, por sus familiares, los Haedo, por sus amigos, Enrique Amorim, por los paisajes de Salto y los patios de Montevideo, las suaves cuchillas relevadas por los recuerdos, por la bravura de un gaucho que hace suya la tradición de la comarca, su interés por La tierra purpúrea, que Borges prefería "cárdena", la descripción de las guerras civiles, su amistad por Fernán Silva Valdés, Ildefonso Pereda Valdés, Pedro Leandro Ipuche, memorizando los mejores versos de Emilio Oribe que se convertían en una especie de saludo de bienvenida al uruguayo que lo visitara, una contraseña para "el oriental", procediera o no de zonas de frontera. Como sus compatriotas, Emir se sentiría crecer en la invocación generosa de estos nombres y lugares que frecuentaban las rememoraciones de su gente.

Fueron incontables quienes oyeron el nombre de Borges por primera vez en las clases de Emir o leyeron, desde sus primeras notas periodísticas esperadas con puntual impaciencia, las referencias a Proust, Kafka, Joyce, tantas otras. Una iniciación literaria que definió preferencias estéticas augurales en las sucesivas generaciones de sus lectores.

 

Los hilos secretos de la trama

No es injustificada, entonces, la estrecha asociación que se comprueba desde el principio al final de la biografía, fijando por la escritura una comunidad de intereses intelectuales, una comunión literaria, sobre las que la teoría tanto como la ficción han redundado en los últimos años. Prefiguran -y la figuración previa es doblemente fabulosa- en los textos de Borges, teorías y referencias a una enciclopedia que determinaron el pensamiento y la imaginación del siglo de Borges, pero desprovistos de los automatismos terminológicos de moda, vicios de esa jerga de circunstancia que los trivializa.

Apreciando la literalidad de las copias que acumulan Bouvard y Pécuchet, los curiosos personajes de Flaubert, o la fidelidad extrema de la imposible creación de Pierre Menard, un personaje-lector-crítico-narrador-escritor tan imposible como su obra y, sin embargo, uno de los autores más citados durante el siglo XX, Borges se adelanta a formular afirmaciones que las teorías reclamaron años después más ampulosamente. Todos ahora saben que quien lee un texto se lo apropia; si no hay más que interpretaciones, como se ha dicho, es previsible que el intérprete aparezca confundido en su interpretación: "Who can tell the dancer from the dance?" Repetido, el verso de Yeats podría ser la divisa de esta intimidad deseada o indisociable. El lector de Borges entrevé en sus páginas las lecturas de otros escritores, en las del crítico, las pistas y los hallazgos de su pesquisa, el deseo de influir y el deseo de ser influido, las sombras tutelares de una atracción recíproca que, como la influencia de los astros en rotación, va y viene de una órbita a otra.

No es nueva la atracción ni las oscilaciones entre identidad y alteridad que el proceso de la identificación estética, por oposición, comporta. Reconocido como propio de la tragedia o de la ficción narrativa, a partir de las redefiniciones de "escritura", ese proceso fue implicando hasta la historia: ya se sabe que identificar es tanto distinguir como confundir, la propia palabra lo dice y lo hace.

Como Julio César en la Guerra de las Galias o, en la otra punta, John Vincent Moon, el personaje que hace escarnio de la lealtad y de la gramática en "La forma de la espada" , el narrador se vale de la tercera persona para acechar, sin comprometerse, los pasajes de la narración al discurso de la historia, pases amparados por los vacíos pronominales de una parodia seria donde un escritor se hace pasar por otro en virtud de esa astucia poética que la lingüística legitima. Se desliza con la discreción de una persona que, por tercera, no está en juego aunque, habilitada por la distribución de roles de la narración tradicional, lo consigna.

Si se admite que teoría y crítica se revelan como variaciones de una autobiografía de la que el escritor o el filósofo no pueden prescindir -aunque lo pretendan, con más razón, la biografía se revelará como autobiografía. A pesar de la pródiga erudición prudentemente documentada, de los privilegios de tantos implícitos compartidos, es en esos términos también que conviene enterarse de la información de esta biografía monumental. Pocos críticos se han ocupado de un autor como Emir se ha ocupado de Borges; que Borges lo haya ocupado no debería extrañar, de modo que Emir no podía referirse a su vida literaria sin aludir a la suya.

Asociada a las abstracciones y disciplinas de la investigación, a los procedimientos metodológicos que suelen dividir y separar para conocer, la teoría vuelve a reunirse con la invención o con la visión que le dio origen. Así entendida, la teoría de la crítica y las prácticas que la aplican recuperan en el método el origen, la emoción que la obstinación en ceñirse a doctrinas y sistemas había vedado. A esta altura, cuando ya han sido impugnadas las verdades del conocimiento absoluto, cuando ya no se duda sobre la escasa validez de las grandes convicciones ideológicas que la historia del siglo fue oscureciendo y hasta se rechazan con una desaprensión igualmente excesiva, cuando las consecuencias de las catástrofes siguen revelando estragos, pero se dan por finalizadas las soluciones de dogmas y las exageraciones de un optimismo positivista harto de métodos y teorías, la sobriedad de la escritura crítica con la que Emir no cedió a las fulguraciones de jergas oportunas, asegura la vigencia de un pensamiento que se articula desprovisto de tecnicismos de trasnochada actualidad, deleitando y enseñando a la par.

En la nota de contratapa de Las formas de la memoria, Ulacia señala "En un momento en que nuestra crítica literaria, en los años cincuenta, se empeñaba en ver la literatura a través del prisma de la 'realidad social', Rodríguez Monegal tuvo el coraje de verla dentro del universo mismo del lenguaje, sin menospreciar en su lectura la realidad que cada obra reflejaba." Ni indiferente ni prescindente, su abstención con respecto a corrientes doctrinarias o teóricas se explica por escrúpulos relativos a la desconfianza hacia las grandes verdades válidas a corto plazo, otra coincidencia con Borges, o con el narrador de Pierre Menard, quienes consideran que "Una doctrina filosófica es al principio una descripción verosímil del universo; giran los años y es un capítulo -cuando no un párrafo o un nombre- de la historia de la filosofía. En la literatura, esa caducidad final es aún más notoria". En la misma entrevista de Montevideo que ya se había mencionado, en un tono coloquial que contrasta con la gravedad de las circunstancias o la seriedad de sus reflexiones, decía Emir:

Me han acusado de formalista, de estructuralista; pero yo soy simplemente un lector. En los años sesenta si no utilizabas a Lúkacs te mataban. A mí me mataron varias veces, pero sobreviví, como sobreviví a la estilística, al existencialismo, al estructuralismo y estoy sobreviviendo al desconstruccionismo.

Ya se sabe que no hay sujeto sin objeto, un planteo "Hors sujet"- fuera de tema - que la filosofía entiende de varias maneras. El francés, además del tema, deja al sujeto fuera, un sujeto que sale para ser o conocer su objeto y, precisamente, Levinas denomina "necesidad de crítica" a esa fuerza que lo mueve fuera de sí. Las magias arqueológicas de las ruinas circulares no solo exhuman a un hombre soñado que sueña a otro hombre, o lo piensa, sino que acceden a esa salida, engañosa, que depara la existencia, otra salida que no deja de ser epistemológica. Cuando Emir analiza las dificultades inherentes a la labor selectiva realizada por un crítico participante, no solo porque ha sido actor en los acontecimientos que reseña, previene:

Todo observador participa en la situación observada, la modifica por su presencia, es afectado por ella. Pero si el observador lo sabe, si es escrupuloso en sus observaciones, si fiscaliza con datos ajenos los propios, si también se observa observar, puede sortear las trampas más obvias del subjetivismo.

Who's Writing This? es el título vertiginoso bajo el cual se incluyen diversas anotaciones sobre el autor como sujeto, el yo-aquí-ahora presente en los autorretratos narrativos . El libro es reciente y empieza, desde la solapa, atribuyendo el comienzo de esa aventura narcisista a la lectura de "Borges y yo", una fórmula que induce tanto a una duplicación del autor en sus personajes como a una fuga del autor por un hueco pronominal, un blanco personal para que acierte el lector, el crítico, la figura -el rostro- del otro o de uno, regulada por el pronombre que resume la unidad inicial del conocimiento. Según cuenta Emir, Borges e Ibarra se divertían inventando el "identismo", una nueva escuela francesa -otra más- donde la comparación de los objetos se establecía, infalible, con ellos mismos , adelantándose irónicamente a algunas estrategias o fatalidades filosóficas denunciadas tiempo después y tan fácilmente asimiladas como desechadas.

Adelantado de su obra, lector, crítico, personaje, biógrafo, amigo de Borges, juez y testigo de sus parricidas, son tantos los acuerdos de lealtad que se celebran entre Emir y su autor que, más que las coincidencias, son las diferencias las que deberían explicarse. En el capítulo dedicado a "El nacimiento de 'Borges'", aunque no lo dice, recordaría, como ya lo había observado en Quiroga, que "Borges, como de costumbre, llega a la conclusión de que las diferencias entre él y Lugones eran menos importantes que las semejanzas. Mediante uno de esos pases de magia magistrales que eran los suyos, finalmente Lugones y él se convertían en uno" , una conversión que se repite, en épocas consecutivas, con diferentes nombres en quien lo afirma.

Es la prestidigitación poética de esa visión paradójicamente borgiana que alegoriza Julio Cortázar en "axolotl" , el conocido cuento que narra la identificación por la mirada admirada del narrador, la metamorfosis de observador en observado, una transferencia de identidades que el espécimen latinoamericano emblematiza bajo la rúbrica en náhuatl, una lengua autóctona y extranjera a la vez: el ejemplar se transporta, el nombre no se traduce, la metáfora es doble, la transformación no es solo retórica.

"La figura del padre, ya se sabe, es la figura del bien (agathon). El logos representa (...) al padre que es el jefe, el capital, el bien. Pater en griego quiere decir todo eso al mismo tiempo. " Derrida reconoce que es muy difícil respetar esa acumulación de sentidos en una traducción. También Emir se vale de una forma idiomática extranjera para apropiarse idiomáticamente de una identidad ajena y, sin más trámite, quedarse afiliado al padre que anheló ("Father's sense of irony..."), o a la madre que procuraba ("In contrast to Mother's attitude..." o "Mother's devotion to the books that both Father and Georgie had loved so much."), insiste hasta el final. En inglés, la atribución puede prescindir del posesivo (su/mi) y no se compromete demasiado. En español, suprimirlo es adoptar a esos padres como quien adopta a un hijo, al escritor, a un hermano.

Semejante a Quiroga, un escritor adoptaba a otro escritor como padre, semejante a Neruda "huérfano de su madre, por un golpe del destino, adhiere a una segunda madre que borrará en la conciencia el recuerdo de la primera, sin sustituirla del todo" , ese desplazamiento hacia "Una primera persona" poética a la que estudia, con ese título, en un capítulo en El viajero inmóvil. Emir dedica el libro a Magdalena a través de unos versos de Louis Aragon en un epígrafe que no traduce. Afectos de filialidad semejante, su genio biográfico hace suyos a los padres fundadores de la literatura continental. Un par de años más tarde dedica intensamente "A mis padres", el espléndido El otro Andrés Bello, reivindicando la vigorosa alteridad que revela, según afirma desde el principio, al "primer aventurero hispanoamericano que asoma al Nuevo Mundo de la Europa romántica, el primer viajero nuestro en las tierras inéditas de la Revolución industrial, el primer cronista de la maravilla de una humanidad llena de sueños de progreso, de civilización, de grandeza" -a quien ve "increíblemente vivo y lozano, librando una batalla desigual por la cultura hispanoamericana", a partir de "su aventura intelectual, su vida literaria, su experiencia ya secular y siempre nueva".

Simétricamente, presenta esta investigación descomunal encabezándola por un breve epígrafe en francés de Marcel Proust y la sucinta descripción de una pintura de René Magritte, de la que se evade, desahogándose desde el principio, como quien necesita aliviarse de una pesadilla. Su insistencia en analizar las variantes literarias de una paternidad obsesiva, de filiaciones frustradas, de trágicos lazos que la sangre o la letra ciñen o dispersan: Quiroga, Reyes, Neruda, Lezama Lima, Rulfo, Donoso, Fuentes, García Márquez, Borges -nombres de una lista que queda abierta- no disimula la inequívoca ansiedad de tramar, por la abstracción y fundamentación más rigurosas, su entrañable incorporación a los desafueros de un mito que normalice y redima la propia peripecia. Aunque desmesurada, la recurrencia de la hipótesis llega a abrazar la imaginación de toda Iberoamérica en su literatura.

Si el siglo ha visto pulular Edipos que, en curas y análisis ubicuos, se deshacían de sus padres para cumplir con un esquema que, positivista, taxativo, así lo preconizaba, la adhesión de Emir se fundiría además en la especie trágica antagónica que, como Hamlet, pretende encarnar dramáticamente, por la representación de una comedia, por la repetición del nombre, el espectro o, por lo menos, reparar la injusticia de una muerte que, dubitativa o no, siempre fue hermana del sueño.

Investigador en archivos y bibliotecas, revisa los documentos, registra los datos pero, conociéndolos, sabe prescindir de ellos: "no los poseo ni me interesa poseerlos realmente" le confiesa a Haroldo de Campos en una entrevista publicada en San Pablo , para sentirse libre de interpretar sin certezas oficiales ni indiscreciones policiales que provoquen la ruidosa frivolidad del escándalo mundano, del que la literatura suele prescindir.

Como Borges, Emir deplora la confidencia y observa un pacto de discreción que ambos habrían establecido tácitamente. De ahí que, escribiendo su biografía, encuentre en el "Autobiographical Essay" de Borges el precedente que debería tomar en cuenta: "(...) Mientras que él tuvo que desdoblar en dos personas diferentes la escritura sobre sí mismo (narrador y protagonista), mi tarea era más simple: Solo tenía que crear la perspectiva de una tercera persona literaria (el lector)."

Si a partir de preceptos formalistas varios, los estudiosos se esmeraron en distinguir las diferencias entre autor, narrador, personaje, lector, crítico e investigador erudito, Borges se esmeró en confundir esas diferencias bajo especie de escritura, de ahí que diferentes teorías, sobre "lo biográfico", las más recientes, indaguen en las especulaciones y espejismos de sus textos. Emir los prolonga incluyéndolos en una categoría literaria, sin apartarse de los datos que le proporcionan las publicaciones, datos leídos que fueron los que despertaron la curiosidad del investigador, acercando su lectura a la obra a fin de hacer de la aproximación crítica, una nueva crítica -en francés o en inglés, el instrumento necesario para la interpretación .

En las dualidades literarias de su texto la ficción pasa a ser la prueba de lo real. "C'est le faux qui fait vivre le vrai " y esta verdad de un poeta reitera la revelación que, desde las Escrituras más sagradas, reconoce una verdad que está en el cuento; esa verdad llega incluso a ser el cuento mismo . El tránsito de un medio fantástico a un medio real, la labilidad de sus límites, los deslizamientos de uno en otro, forman parte natural del artificio literario y de una existencia que no extingue el sueño en la vigilia real.

Procurando la mayor fidelidad al registro municipal y doméstico, alguna escuela crítica, superada hace tiempo, solía reunir en álbumes esmerados las imágenes que reproducían la casa del escritor, con o sin él, fotos de sus lugares habituales, de sus objetos preferidos, fotos de fotos comentadas brevemente. Se les denominaba "Interiores de escritores".
A pesar del nombre, esa reconstrucción no accede a las interioridades que la biografía, por literaria, revela: Emir recuerda el jardín de la casa que Borges recuerda citando versos de Cuaderno San Martín. Sus experiencias, desde la infancia, pasan por las lecturas que el escritor no olvidaba. Borges vivió leyendo y, por hacerlo, no dejó de vivir. En el primer capítulo, Emir no presenta a la familia, presenta "El museo familiar" a fin de introducirla en el universo imaginario: los parientes y sus relaciones textuales, una colección de libros, de objetos antiguos y tradiciones, el lugar sin lugar y sin tiempo que esa institución habilita para la exhibición de las obras, estableciendo la distancia, el "transporte" que, en el museo, constituye una metáfora literal y espacial.

      De la misma manera que, al preguntarle sobre la relación con su madre, Borges solía desplazar la curiosidad del interlocutor hacia las influencias de su padre, Emir desplaza sus atentas impresiones personales y afinidades compartidas, a textos publicados por Borges, a los que puede acceder todo lector, sin arrogarse los privilegios de la amistad a fin de preservarla como tal. Casi secreta, la crítica de Emir descubre verdades de Borges, mientras que él mismo se deja llevar por sus ficciones que habitan los mitos y sustentan, en sigilo, desde el principio, tanto la narración como el pensamiento. Sus especulaciones lúcidas, alucinantes, sellaron un pacto de secretos y descubrimientos recíprocos. Por eso ni la otra muerte ni la misma muerte suspenden el estremecimiento del misterio que es condición de la escritura.

Lisa Block de Behar
Montevideo, 1996 - 2003


Emir Rodríguez Monegal (ERM)."Introducción". Jorge Luis Borges: FICCIONARIO. Una antología de sus textos. Edición, introducción, prólogos y notas por Emir Rodríguez Monegal. Fondo de Cultura Económica. México, 1985.
José Enrique Rodó. Obras Completas. Editadas con introducción, prólogos y notas por Emir Rodríguez Monegal. Aguilar. Madrid 1954, 2a. edición 1967. P.125.
ERM. "Nacionalismo y literatura.Un programa a posteriori". MARCHA No.629. Montevideo. 2/7/52. Ps.15-16.
ERM. Las formas de la memoria. I Los Magos. Vuelta. México, 1989. Con prólogo de Haroldo de Campos: "Palabras para una ausencia de palabras".
Maurice Blanchot.L'espace littéraire. Gallimard. Paris, 1955. P.110.
Horacio Quiroga. CUENTOS. Selección y prólogo por Emir Rodríguez Monegal. Cronología por Alberto F. Oreggioni. Biblioteca Ayacucho. Caracas, 1981.
ERM. "Joyce Cary: vitalidad y disciplina". MARCHA No.857. Montevideo, 5/4/57. P.23.
Umberto Eco. "La abducción en Uqbar". Semanario JAQUE. Montevideo, 9/11/84.
Homenaje a Emir Rodríguez Monegal. "Conversaciones con Emir al salir del cine." Coordinación de L.B.de Behar. Ministerio de Educación y Cultura. Montevideo, 1987. El libro recoge las comunicaciones presentadas en el Homenaje organizado por John Dwyer en Americas Society. Nueva York, 1o. de mayo de 1986.
Jorge Luis Borges. Ficciones. Ed.Sur. Buenos Aires, 1944.
The Artist as a Critic. Critical Writings of Oscar Wilde. Edited by Richard Ellmann. The Univesity of Chicago Press. Chicago, 1969.
Son las palabras con las que termina su conferencia "Borges/de Man/ Derrida/ Bloom: la desconstrucción avant et après la lettre", escrita y dictada en Montevideo. Biblioteca Nacional, 5 de noviembre de 1985. Publicada en Diseminario, la desconstrucción: otro descubrimiento de América. Coordinación L.B.de Behar.Ed. xyz. Montevideo, 1987.
Haroldo de Campos. "Palabras para una ausencia de palabras". Publicado en el Homenaje a Emir Rodríguez Monegal. Op.cit.128.
El término es de Haroldo de Campos. Dio título al libro que recogió los trabajos de esos encuentros. Diseminario.... Op. cit..
Manuel Ulacia. "El otro Emir". VUELTA 121. México, diciembre 1986. P.66.
Haroldo de Campos. "Palabras para una ausencia de palabras." En Homenaje a ERM. Op.Cit.
Juan Carlos Onetti. Obras completas. Prólogo de Emir Rodríguez Monegal. Ed. Aguilar. Madrid, 1979.
ERM. Literatura uruguaya del medio siglo. ALFA. Montevideo, 1966.
Juan Carlos Onetti. Op.cit. P.13.
Carlos Real de Azúa. Antología del ensayo uruguayo contemporáneo. Tomo II. Publicaciones de la Universidad de la República. Montevideo, 1964. P.553.
Ibidem. P.2.
J. E. Rodó. En José Enrique Rodó. Obras Completas. Op.cit.
ERM. Sexo y poesía en el 900. Editorial Alfa. Montevideo, 1969.
ERM. "Le fantôme de Lautréamont". REVISTA IBEROAMERICANA. No.84-85. Universidad de Pittsburgh.Julio-diciembre de 1973.
"Memorias apócrifas de Moore". MARCHA. No.534. Montevideo, 7/7/1950. Ps.14.
ERM. "Mi primer Onetti". En Homenaje a Emir Rodríguez Monegal. Op.cit.
Juan Carlos Onetti. El astillero. Compañía General Fabril Editora. Buenos Aires, 1961.
Juan Carlos Onetti. Op.cit. p.10.
ERM. "El ejercicio de un estilo narrativo". MARCHA No. 851. Montevideo, 15/2/57.
ERM. El juicio de los parricidas. Ed. Deucalión. Buenos Aires, 1956. P.48.
ERM. El arte de narrar. Monte Avila. Caracas, 1968.
R.Barthes. La chambre claire. Ed.de l'Étoile, Gallimard, Seuil. Paris, 1980. P.126
Juan Carlos Onetti. Op.Cit..
Michel Foucault. "Qu-est-ce qu'un auteur?" Bulletin de la société française de philosophie. Paris, 1969.
ERM y H. Alsina Thevenet. Ingmar Bergman, un dramaturgo cinematográfico. Renacimiento. Montevideo, 1964.
ERM. Vínculo de sangre. Alfa. Montevideo, 1968. P.7 y 8.
Ibidem P.128.
Fructuoso Rivera, primer Presidente constitucional de la República Oriental del Uruguay, había sido designado por sus enemigos, entre ellos Juan Manuel de Rosas, con los motes de "Padrejón" o "pardejón". No es extraña la recurrencia a ambas voces ya que se registra con frecuencia la trasposición de esa consonante en el hablar de la gente de campo. La piel parda, tal vez curtida del general e inclinaciones paternales varias favorecían indistintamente ambas designaciones. Agradezco a Arturo Rodríguez Peixoto la información sobre el apelativo "pardejón" que se atribuía al General Rivera también con intención denigratoria.
Ibidem. Ps.139-140.
ERM. "En las huellas de Horacio Quiroga: Enrique Espinoza en su Babel (1921-1951)".MARCHA No.731. Montevideo, 6/8/54. Ps.14 y 15.
Diseminario. Op.cit..
J.L.Borges. "Paul Groussac". Discusión. Gleizer. Buenos Aires, 1932.
Moshé Idel. "Du langage talismanique dans la mystique juive." Diogène. No.170. Paris, avril-juin 1995.
Djelal Kadir. Carta personal. 19/8/95.
ERM. Prólogo de Horacio Quiroga. Cuentos. Op.cit.
Roland Barthes. Le plaisir du texte. Seuil. Paris, 1973.
C. Real de Azúa. Op. Cit. P.552.
ERM. "Presentación" de MUNDO NUEVO. REVISTA DE AMÉRICA LATINA. No.1. París. Julio de 1966.
Luz Rodríguez-Carranza. "Emir Rodríguez Monegal o la construcción de un mundo (nuevo) posible." REVISTA IBEROAMERICANA Nos.160-161. Universidad de Pittsburgh. Julio-diciembre 1992. P.905.
En la Nota No.5 de ese mismo artículo, Rodríguez-Carranza proporciona los datos de la correspondencia mantenida entre MUNDO NUEVO y CASA DE LAS AMERICAS, publicada en MARCHA No.1295. Montevideo, 11/3/66. Menciona los artículos de Angel Rama, Ambrosio Fornet y Mario Vargas Llosa sobre el tema.
ERM. Prólogo a José Enrique Rodó. Obras Completas. Op. Cit.P.54.
Ibid.58. Emir transcribe el retrato de Rodó por Rafael Alberto Arrieta.
ERM. MUNDO NUEVO. No.25. París, julio de 1968.
Alfred Mac Adam. "The Boom: A Retrospective". Review Nº 33, Nueva York, 1983.
FICTION. Vol.5 No.1. The City College of New York, Dept. of English. Nueva York, 1976.
Entrevista a Jacques Derrida por Mariano Grondona en "La hora exacta", emisión de Canal 9. Buenos Aires, 30/12/95.
Dictada el 22 de octubre de 1985, en Buenos Aires, fue publicada en Diseminario. Op. Cit..
Por ejemplo, Luz Rodríguez-Carranza apunta el precedente de Darío y Rodó que, con la misma ilustración, invoca Emir en "La utopía modernista". REVISTA IBEROAMERICANA. Op.Cit.
Richard Morse. "Recuerdo a Emir como mentor, colega, amigo." Homenaje a Emir Rodríguez Monegal. Op. cit. P.81.
ERM. "Jorge Luis Borges y la literatura fantástica". NUMERO. Año 1, No.5. Montevideo, noviembre-diciembre de 1949. P.450.
Oscar Wilde. The Artist as a Critic. Op.cit.. P. 236.
M. Ulacia. "El otro Emir". Op.Cit. P.904.
Guillermo Cabrera Infante. "Cuando Emir estaba vivo". Homenaje a Emir Rodríguez Monegal. Op.cit. P.43.
ERM. "Sobre 'La literatura fantástica'. Disertó ayer Jorge Luis
Borges". Diario EL PAIS. Montevideo, 3/9/49.
O. Wilde. Ibidem. P. 404.
ERM."Introducción" de Literatura uruguaya del medio siglo. Op.cit., P. 43.
J.L. Borges. "Un lector". Elogio de la sombra. Emecé. Buenos Aires, 1969.
Emir Rodríguez Monegal. Jorge Luis Borges. A Literary Biography. Dutton. New York, 1978. P.408
Enrico Mario Santí. "Borges y Emir". En Homenaje a Emir Rodríguez Monegal. Op.Cit.P.23.
J.L. Borges. "Historia del guerrero y de la cautiva". El Aleph. Losada. Buenos Aires, 1949.
J.L. Borges. "El milagro secreto". Op.cit.
Alberto Zum Felde. Proceso histórico del Uruguay. Arca. Montevideo, 1984. P. 245.
Alberto Zum Felde. Ibidem.
L.B.de Behar. "Sobre las estrategias de la representación." AL margen de Borges. Siglo XXI. México-Buenos Aires, 1987.
M. Blanchot. L'écriture du désastre. Gallimard. Paris, 1980. Ps. 34-37.
José Enrique Rodó. Obras Completas. Op.cit.
Juan Carlos Onetti. Op. Cit..
ERM. El viajero inmóvil. Introducción a Pablo Neruda. Losada. Buenos Aires, 1966.
ERM. El otro Andrés Bello. Monte Avila.Caracas, 1969.
F. Nietzsche: Ecce Homo."Cómo se llega a ser lo que se es". Escrita en 1888, publicada en 1908.
Alexander Coleman: "El otro Emir en el otro Andrés Bello", en Homenaje a Emir Rodríguez Monegal.Op.Cit.
J.L. Borges. "Las ruinas circulares". Ficciones. Op.cit.
ERM. "El Memorial de Isla Negra". MUNDO NUEVO. No.1 París, julio de 1965. P.70.
ERM. "La novela como autobiografía Total". REVISTA DE LA UNAM, reseña sobre La Habana para un infante difunto de Guillermo Cabrera Infante. (Seix Barral. Barcelona, 1979)
ERM. Jorge Luis Borges. Biographie littéraire. Gallimard. Paris, 1983. P. 14.
ERM. "Borges: la traza de la novela". PLURAL 49. México, octubre de 1975.
C. Real de Azúa. El impulso y su freno. Ed.Banda Oriental. Montevideo, 1964.P.75.
ERM. Las formas de la memoria. Op.Cit. P.18.
Emir transcribe el diálogo extravagante que mantiene Horacio Quiroga con Enrique Gómez Carrillo en el café Cyrano de París. ERM. El desterrado. Ed. Losada. Buenos Aires, 1968. P.43, donde retoma, con variaciones, algunos capítulos de su libro Genio y figura de Horacio Quiroga, Eudeba. Biblioteca de América. Buenos Aires, 1967.
J. L. Borges. "Poema conjetural". El otro, el mismo. Emecé. Buenos Aires, 1964.
J.L.Borges. Final de "La otra muerte". El Aleph. Losada. Buenos Aires, 1949.
ERM. Las raíces de Horacio Quiroga. Cooperativa ASIR. Montevideo, 1961. P.11.
ERM. El desterrado. Op.cit. 289.
En 1949 se publica póstumamente, con introducción y notas de ERM.Instituto Nacional de Investigaciones y Archivos Literarios de Montevideo. Reedición ampliada en NUMERO. Montevideo, 1950.
ERM. "Oportunidad y riesgos de una nueva interpretación de Horacio Quiroga". MARCHA. Montevideo, 15/4/55.
El desterrado. Op.cit. 288.
Harold Bloom. La ansiedad de influencia. Monte Avila. Caracas, 1974. Presumo que fue Emir quien intermedió entre su colega de Yale y su amigo Benito Milla, antes dueño de la editorial Alfa en Montevideo, para que se publicara este libro, que tiene como punto de partida el famoso ensayo de Borges "Kafka y sus precursores".
EMR. "Alfonso Reyes: las máscaras trágicas". VUELTA No.67. México, Junio de 1982. P.17
J.L.Borges. "Nathaniel Hawthorne". Otras inquisiciones. Buenos Aires. Sur. Buenos Aires, 1952.
La cita es de Ezequiel Martínez Estrada. ERM. Las raíces de Horacio Quiroga. Op.Cit. P. 161.
Alfonso Reyes. La experiencia literaria. Losada. Buenos Aires, 1961.
Maurice Blanchot. L'amitié. Gallimard. Paris, 1971. La cita de Georges Bataille aparece en epígrafe.
ERM: "Alfonso Reyes en mi recuerdo". VUELTA 44. México, 1980.
ERM: "Alfonso Reyes, crítico y erudito". MARCHA 439. Montevideo, 20/8/48.
ERM. El otro Andrés Bello. Op.Cit.P.69.
Ibidem.
Ibidem. 451.
ERM. "General Introduction". The Borzoi Anthology of Latin-American Literature - from the Time of Columbus to the Twentieth Century. Selected and Edited with Introductions by Emir Rodriguez Monegal With the Assistance of Thomas Colchie. Alfred A. Knopf. New York, 1977.
A. Coleman. Op.cit. P.111.
ERM. El otro Andrés Bello. Op. cit. P.107.
ERM. Jorge Luis Borges. FICCIONARIO. Op.cit.
J.L.Borges "Sobre el 'Vathek' de William Beckford". Otras inquisiciones. Op.cit.
ERM. Jorge Luis Borges. A Literary Biography. Dutton. New York, 1978 y las traducciones editadas en francés (Gallimard. Paris, 1983), en italiano (Feltrinelli. Milan, 1982), en español (Fondo de Cultura Económica. México, 1987). Borges par lui-même (Seuil. Paris, 1970) y la traducción publicada en español (Barcelona. Laia, 1983). Borges: hacia una interpretación (Guadarrama, Madrid, 1976). Jorge Luis Borges: Ficcionario. Una antología de sus textos (Fondo de Cultura Económica. México, 1981). Mário de Andrade/Borges. Perspectiva. San Pablo, 1978. Borges: uma poética da leitura. Perspectiva. San Pablo, 1980.
J.L.Borges. "Borges y Emir". Diseminario. Op. Cit. P.117
Ruben Cotelo. JAQUE. Año III. No.101. Montevideo, 21/11/95.
Arturo Rodríguez Peixoto. Mensaje elecrónico del 24/5/03.
Alfred MacAdam. "The Boom: A Retrospective". Op.cit.
ERM. "Prólogo" a José Enrique Rodó. Obras Completas. Op. cit. P.125.
Severo Sarduy. "Ultima postal para Emir". Homenaje a Emir Rodríguez Monegal. Op.cit.
El original de la carta que Manuel Puig dirige a ERM desde Buenos Aires, 6 de febrero de 1969, figura en la copiosa correspondencia conservada y clasificada en la Firestone Library de Princeton University. Manuscripts and Rare Book Library.
ERM. "Hacia una literatura americana". Una nota relativa a Estudios sobre literaturas hispanoamericanas.
R. Cotelo. JAQUE. Año III. No.101. Montevideo, 21/11/85.
C. Real de Azúa. Op. Cit. Antología del ensayo. Op.cit.P.551.
Según Haroldo de Campos se trataba de un grupo de poetas neoparnasianos que dominaba en el panorama literario brasileño en esos años y que se rebelaban contra los "Modernistas de la Semana del 22".
Al iniciar el prefacio de El juicio de los parricidas señalaba Emir: "Hacia 1945 aparece una nueva generación en la literatura argentina. Esta generación no resulta visible de inmediato ni tiene (como la que hacia la misma fecha se perfila en el Uruguay) una fisonomía editorial propia."
ERM. El juicio de los parricidas. Op.Cit.P.90.
José Enrique Rodó. El mirador de Próspero. Montevideo, 1913.
Richard Morse. El espejo de Próspero. Un estudio de la dialéctica del nuevo mundo. Siglo XXI. México, 1984.
John Dwyer. Es el título que presenta la comunicación realizada en el libro de Homenaje a Emir Rodríguez Monegal. Op.cit.
ERM "Las metamorfosis de Calibán". VUELTA No.25. México, diciembre de 1978.
Ibidem. P.26.
M. Ulacia. "El otro Emir". Op.cit.. P.66.
João Guimarães Rosa. Primeras historias. Seix Barral. Barcelona, 1971.
ERM. Mário de Andrade/Borges, Un diálogo dos Anos 20. Ed. Perspectiva. São Pablo, 1978.
REVISTA IBEROAMERICANA Nos.98-99. Dirigida por Alfredo Roggiano. Universidad de Pittsburgh. enero-junio de 1977.
ERM. Narradores de esta América. Ed. Alfa. Montevideo, s/f.
ERM. Noticia secretas y públicas de América. Ed. Tusquets. Barcelona, 1984.
Octavio Paz y Haroldo de Campos. Transblanco (em torno a Blanco de Octavio Paz). Ed. Guanabara. Río de Janeiro, 1986. ERM promovió la realización de esta edición y la prologó.
A. Mac Adam. The Boom. Op.cit.
ERM. Las formas de la memoria. P.159.
M. Blanchot. L'amitié. Op.cit. P.15
ERM. REVISTA IBEROAMERICANA. "Carnaval/antropofagia/parodia. Nos. 108-109. Universidad de Pittsburgh. Julio-diciembre 1979. P.408.
ERM. Jorge Luis Borges.A Literary Biography. Op.cit. P. 239
Hector Bianciotti. "Borges, le nouvel Homère". Paris. LE NOUVEL OBSERVATEUR. 14/10/83.
"I latino-americani" intervista di Maria Bonatti a Emir Rodríguez Monegal. alfabeta. no. 56. Milán, enero de 1984.
ERM."Enrique Espinoza en su Babel (1921-1951)". MARCHA 731. Montevideo, 6/8/54, P.15.
J.L. Borges. "Valéry como símbolo." Otras inquisiciones. Op.cit.
J.L. Borges "La forma de la espada". Ficciones. Op.cit.
Ruben Cotelo. "Emir Rodríguez Monegal: el olvido es una forma de la memoria." JAQUE. Año II, Núm.99. Montevideo, 7/11/85.
Emmanuel Levinas. Hors sujet. Fata Morgana. Francia, 1987.
ERM. Literatura uruguaya del medio siglo. Op.cit.. P.10.
Daniel Halpern. Who's Writing This. Notations on the Authorial I with Self-Portraits.The Eco Pres. New Jersey,1994.
ERM: Jorge Luis Borges, a Literary Biography. Op.cit. P.240.
ERM. Ibidem, 439.
Julio Cortázar. Final de juego. Sudamericana. Buenos Aires, 1964.
Jacques Derrida. En La dissémination. Seuil. Paris, 1972. P.91.
ERM. "Una primera persona" en El viajero inmóvil. Introducción a Pablo Neruda. Losada. Buenos Aires, 1966.
Revista da Associação Brasileira de Tradutores. Facultad Iberoamericana de Letras.
Alfredo A. Roggiano. "Emir Rodríguez Monegal o el crítico necesario." En Homenaje a Emir Rodríguez Monegal. Op. cit. P.97.
Paul Valéry. "Autres Rhumbs" TEL QUEL. Gallimard. Paris, l971. P.154.
Edmond Jabès. Le parcours. Gallimard. Paris, 1985. P.30.

 

 


imprimir

pág. 6/6

pág. 6/6