Capítulo
[12] "Uruguay en Adolfo Bioy Casares"
Capítulo
[12] "Uruguay en Adolfo Bioy Casares" p. 131-144.
El Presidente de la Academia
Nacional de Letras acaba de destacar el privilegio de la
presencia de "Bioy Casares en el Uruguay". Siguiendo
con el orden programado, yo me referiré brevemente
a la presencia del Uruguay en Bioy Casares.
Esta inversión de
términos en el título era una posibilidad
previsible. El título ha sido adecuado a las circunstancias
y, como ocurre con casi todos los títulos, en este
caso también apuesta a la sorpresa de lo conocido.
Ya se sabe que es parte de la retórica de los títulos
adoptar otros títulos, adaptarlos, invertirlos, inscribirlos
por ese procedimiento de conservación y alteración
dentro de un conocimiento compartido y de esa manera, llamar
la atención por algo que está precediendo
y por algo que está sucediendo, es decir, significa
que sucede varias veces: algo viene después y, al
mismo tiempo, algo está ocurriendo.
Más interesante que una referencia
geográfica o patriótica -que no cabe- me parece
necesario reconocer el aire casi publicitario de esta fórmula
reversible que los retóricos denominan "quiasmo"
y definen como la "ordenación cruzada de dos
secuencias paralelas donde la segunda invierte a la primera".
Para atenuar -o para acentuar- la rareza del término,
habría que apuntar que no solo pertenece a catálogos
retóricos ya que se utiliza el mismo término
en medicina para designar un fenómeno de entrecruzamiento
ocular de las fibras ópticas y también se
denomina "quiasmo" el entrecruzamiento, en forma
de equis, de las estructuras cromosomáticas durante
la primera división celular. En efecto, los entrecruzamientos
en quiasmo se registran dentro de varias disciplinas y especies.
Precisamente, de todo eso se trata en este
caso: del Uruguay, de títulos, de frases hechas y
de entrecruzamientos de diversa especie. Palabras cruzadas
en un juego diferente, médicos siniestros y sus extraños
experimentos que cruzan especies biológicas o genéticas;
también de cruces de ríos por barcos o sin
barcos.

Coloquio de Salto, Junio
de 1990.
Foto: Daniel Behar.
Son numerosos los escritos de Bioy Casares
en los que nuestro país aparece varias veces mencionado.
Por otra parte, desde que oigo a Bioy, sé que tampoco
escatima esas menciones fuera de la ficción literaria;
pero, a pesar de las excesivas expresiones de afecto que
prodiga a Montevideo, a Salto, al Uruguay, tan afectuosas
que solo la sinceridad de la cortesía de Bioy las
hace verosímiles, sospecho que -en cuanto a literatura
se refiere- su generosidad no se origina en esa admiración
por un país, un paisaje, una historia, un mito, algo
así como la que inspira el consabido "Ver Nápoles
y después morir", y no me molesta repetir la
trivialidad del estereotipo porque da entrada al menos famoso
"Devenir immortel, ... et puis mourir".(1)
Con un Premio Cervantes a la vista, la paradoja
de la inmortalidad puesta a término se atenúa,
la gracia de esa ocurrencia, no. Ficción literaria
de por medio, no es difícil conciliar los extremos
de contradicción. Por varias razones. La primera
razón -y si fuera convincente, me bastaría
con una- consistiría en que para algunos narradores
y personajes de Bioy, este país, no es solo el Uruguay
o, desde Buenos Aires y con alguna nostalgia, "la Banda
Oriental", sino que es "La otra Banda". Ahora,
es aquí y ahora; desde Buenos Aires, desde allí,
desde la obra de Bioy, es "más allá",
pero un "más allá" próximo,
casi accesible, el "Más Allá" al
alcance de todos quienes se propongan a alcanzarlo.
En "Planes para una fuga al Carmelo"
(2) (1986), Bioy no nombra el departamento de Colonia ni
una sola vez, en cambio para designarlo dice varias veces:
"la otra Banda". Leo algunos ejemplos:
¿Alguien duda de que
a cierta edad recibirá la visita del médico?
¿No es esa una manera de matar? Por razones terapéuticas,
desde luego. Una manera de matar a toda la población.
- A toda, no. Están
los que se escapan a la otra Banda.
En ese mismo cuento, donde se habla de profesores
muy queridos, de universidades que se han convertido en
oficinas de expendios de patentes, se sospecha que alguien
en "la otra Banda descubre la manera de frenar la vejez".
Poco después los uruguayos descubrieron
el modo de suprimir la muerte.
- Lo que nuestro patriotismo recibió
como una patada.
Más adelante, en el mismo cuento,
constataciones más realistas logran conformar la
resignación a la inevitabilidad previsible:
- Pero ni los propios uruguayos
lograron detener el envejecimiento.
- Menos mal...
Cuando ya está por cruzar el río,
en otro pasaje, la esperanza o el suspenso se mantienen
en términos similares:
- Alrededor de los dos países del Río
de la Plata, se formaron dos bloques aparentemente irreconciliables,
que hoy se reparten el mundo. Los enemigos nos llaman jóvenes
fascistas y, para nosotros, ellos son moribundos que no
acaban de morir. En el Uruguay la porción de viejos
aumenta.
- ¿Qué arreglaron?
- El cruce al Carmelo.
- ¿En el Uruguay? preguntó Hernández
para ganar tiempo,
- Evidentemente, contestó Leonor. - Un lanchero nos
espera en el Tigre, para llevarnos a la otra Banda.
En otro cuento del mismo libro (Historias
desaforadas (3) ), "Máscaras venecianas",
el narrador de Bioy vuelve a radicar en estas tierras algunas
de las constantes temáticas de su imaginación:
la perseverancia científica de médicos extraños
que traman experimentos abusivos entre la vida y la muerte,
el fervor con el que los partidarios de las ciencias biológicas
hacen posible la multiplicación de seres o, por procedimientos
similares, los hacen desaparecer.
El motivo de la carta era
pedirle que asistiera a las próximas Jornadas de
Biología en Montevideo.
Siempre consideró que
esos congresos y jornadas internacionales eran inútiles.
No conozco persona más reacia a la figuración.
Una semana en el Uruguay,
con vos. ¡Qué divertido! - Hizo una pausa y
agregó: - Sobre todo si no hubiera Jornadas. (...)
(Creí notar un velado reproche por no haberla acompañado
a Montevideo, le recordé el diagnóstico.)
(...) en otras ciudades suele haber dobles de las personas
que conocemos.
Llegaron de París noticias
de que Daniela se había volcado íntegramente
en sus trabajos y experimentos biológicos.
Se trata de un personaje que trabaja con
"hijos carbónicos,
clones o dobles", "por nada la cambiaría
con la original. Es idéntica pero a su lado vivo
en paz."
"-¿Se considera aprendiz e brujo?
- Como cualquier investigador que realmente contribuye al
progreso de la ciencia."
A veces otras alternativas narrativas moderan,
por referencias históricas conocidas, las aspiraciones
a esta especie de eternidad doméstica. Se argumentan
de este modo, salvaciones más apremiantes pero, como
resultan consecutivas a persecuciones políticas o
policiales recientes, las adversidades vividas hace más
o menos años, el cruce de fronteras recupera cierta
familiaridad. Son cuentos fantásticos normalizados
por datos que registra la crónica y, a pesar de no
abandonar experimentos genéticos, los diversos inventos
contra el envejecimiento o la multiplicación de dobles
siempre jóvenes, narradores y personajes entrevén,
a corta distancia, el Uruguay como un refugio, la dirección
de fuga hacia formas de seguridad más inmediata,
rescates casi caseros:
- Lo que no entiendo es cómo
aquí, por este simple túnel, Punta del Este
y el Tigre quedan tan cerca.
En la misma página repite varias veces:
" la otra Banda". Por ejemplo:
- ¿Inventos, como la
persona que el señor tiene en la otra Banda? (...)
- El viaje a la otra Banda, para ver a una mujer, es cuento
viejo. (...) - Te olvidás que el gobierno ha prohibido
los viajes al Uruguay. Quizá podríamos ir
al Tigre y hablar con un lanchero, de esos que pasan a emigrados,
o con un contrabandista. (4)
Perteneciente al mismo libro (El héroe
de las mujeres) pero en otro cuento ("El jardín
de los sueños", 1977), un diálogo reitera
la atribución de refugio que nos interesa:
- ¿Y si me asilo en
la embajada? ¿ O en la uruguaya que está más
cerca?. (5)
En otro libro: (Historias de amor) describe
unos
escalones de piedra. ¡Cuántos
amigos los bajaron, parece ayer, para encontrar una lancha
y huir al Uruguay (...) convino (con Angélica y Ricardo)
que los cruzaría al Uruguay en la noche del primero
de octubre. ("Paradigma") (...) el patrón
de la Liebre informó a Ricardo de que no podía
cruzarlos a la otra Banda.
o más adelante, en el mismo cuento
los confundió con
la propuesta de cruzarlos al Uruguay inmediatamente (6)
La abundancia de referencias no es exhaustiva
pero parece suficiente.
Todavía citaré un cuento más,
"La trama celeste" (7) (1948), porque presenta
un grado fantástico intermedio entre esos tránsitos
de fronteras que los abusos históricos hacen verosímiles
y las utópicas crónicas de inmortalidad multiplican.
Se trata de uno de los cuentos más maravillosos,
que parece actualizar alguno de esos mitos que los estudiosos
podrían definir como derivaciones de "la matière
celtique", aventuras y leyendas de guerreros que todavía
nos encantan con el viaje de un héroe a un país
brumoso, donde la luz y los amores se filtran en ciclos
de reyes y fantasmas.
Se trata de los peligros y planes de fuga
"del Capitán Ireneo Morris, detenido en un Hospital
Militar". La segunda parte de ese plan se refiere a
"la fuga de Morris al Uruguay".
A pesar de la gravedad de las sospechas militares,
de las acusaciones de fuga o de traición que se ciernen
sobre Morris luego del accidente que sufrió en un
avión de prueba, internado en un hospital, detenido
por el ejército argentino bajo sospecha de traición
(argentino contra argentinos) o de espionaje (uruguayo contra
argentinos), Morris primero insiste en reivindicar su identidad
argentina:
- Soy probador de aeroplanos.
- ¿Con base en Montevideo? - preguntó sarcásticamete
uno de los oficiales. Creen que ha venido de algún
país hermano.
Morris le juró como argentino que era argentino,
que no era espía.
Pero sus acusadores no re-conocen ni su identidad,
ni su nombre, ni su ocupación ni su vinculación
con el ejército. Entre los riesgos de fusilamiento
y de expatriación, Morris acepta hacerse pasar por
uruguayo:
Para ver qué sucedía,
le dijo al oficial: - Confieso que soy uruguayo.
Explicó: - Me consolaba pensando que para mí
un uruguayo no es un extranjero.
Refiriéndose a gestas similares -de
fuga y de refugio- que ocurrieron en el pasado, algunas
de las alusiones históricas que se formulan en el
cuento contribuyen a acreditar narrativamente por automatismos
referenciales, esos juegos de verosimilitud en un contexto
fantástico, un género que, para sorprender
cuenta con la inadvertencia de lo cotidiano. De manera que,
en lugar de disminuir la dimensión sobrenatural de
este "Más Allá", la familiaridad
de lo previsible la avala y aumenta con circunstancias vividas
o conocidas, habilitando el deslizamiento de una realidad
inesperada, un sobresalto por más próximo
más inquietante.
De la misma manera que esas referencias conocidas,
sostienen un realismo incómodo, las observaciones
del narrador parodian las convenciones por medio de epigramas,
frases hechas pero inesperadas, estereotipos de un lenguaje
coloquial descolocado. A cada paso, este desajuste abre
grietas por donde se dispara cualquier sospecha de humorismo
realista y por donde penetran más misterios que miserias.
Ni se advierten los pases mágicos que acercan mundos
vigilantes a mundos soñados. Lo conocido, lo previsible,
lo trivial, coincide con las perturbaciones fantasmagóricas
de una extrañeza casi normal. Son cruces que legitiman
la naturaleza híbrida de una realidad dudosa hasta
donde se llega cruzando una fuente clara (como en esas leyendas)
o un río más o menos turbio (como el nuestro):
así las cabras se vuelven quimeras, las yeguas pesadillas
nocturnas, las Dianas perras, los relojes cucos, los hombres,
unos bichos raros, la invasión de los medios, miedos.
Así son frecuentes las metamorfosis de los sentidos,
la mutación del dolor en sinfonías (Plan de
evasión (8) ) o en producciones no tradicionales
de la energía, como en "Otra esperanza".
(9)
(Como no me propuse hacer un inventario de
ficciones que hacen referencia al Uruguay, tampoco mencionaré
las coincidencias con Julio Cortázar. Hablar del
Hotel Cervantes cuando se celebra un Premio Cervantes, a
pesar de la proximidad de ese establecimiento, me parece
fuera de lugar).
En cambio, me interesa llamar la atención
sobre uno de los cuentos más fabulosos, de esas obras
que según Platón en el "Cratilo",
exhiben la virtud de enseñar, por el nombre, la sintaxis
más profunda, esa donde se articula la esencia del
lenguaje y de la imaginación.
Es en una de sus Historias de amor donde
el fenómeno de los cruces geográficos (entre
Buenos Aires y Montevideo), fluviales ( en ríos turbios
y turbulentos), teatrales (de personajes y espectadores),
musicales (entre sinfonía y ópera), o verbales
(entre idiomas distintos), cruzan sus espacios y especies
en una mención zoológica que, desde el título:
"Ad porcos" (1967) ironiza sobre híbridos
que Bioy ha experimentado, en la letra, dentro del marco
monstruoso de una bioylogía tan extraña como
las palabras que uno inventa. Sigue sobresaltando la variedad
y vitalidad de su bestiario a pesar de que semejantes injertos
-cruzas de animales y animales o de animales y hombres-
tuvieron lugar, mucho antes de que se ensayaran en modernos
laboratorios, en los mitos más remotos (pegasos,
esfinges, quimeras, sirenas, centauros, minotauros, un catálogo
de seres sobrenaturales que no se agota en esta lista).
No se trata de someter a las violencias del
inventario la diversidad y frecuencia de cruzas de un muestrario
monstruoso ni, tratándose de "Ad porcos",
de registrar las frecuencias literarias del cerdo, que la
imaginación de Bioy no evita. Conviene recordar,
sin embargo, uno de los ejemplos más conocidos de
este bestiario ejemplar: Diario de la guerra del cerdo.
(10)
En su "Autocronología" (11)
Bioy recuerda la prevención de Borges: "Cambiale
el título. ¿Cómo vas a tener para siempre,
en la tapa, un chancho?". Asociado a tantos sinónimos
o insultos (chancho, cochino, puerco, suino, cerdo, marrano),
interesa que en esta narración, "Ad porcos ",
Bioy vuelve a cambiar el nombre pero como este cambio y
vuelta, lo remite al latín, volvemos también
al tema de los híbridos. Me parece oportuno recordar
entonces que "hybrida" en latín (empleada
por Plinio) designaba la cruza de una cerda y de un jabalí.
La novela se denomina Diario de la guerra del cerdo. En
varios pasajes, en cambio, habla de "la guerra al cerdo".
El cambio de preposición da que pensar.
Es curioso como las etimologías que
si no son la verdad, toda la verdad de las palabras, bien
pueden ser su origen, confirman desde el principio, fábulas
y quimeras que la imaginación del escritor recupera,
como otras verdades que se pierden en la vaguedad de los
orígenes, historias de palabras que son "semimitos"
o mitos en los que el hombre cree o crea a medias.
Volviendo a "Ad porcos" y al Uruguay,
el narrador que está a punto de volver a Buenos Aires
oye
- Malas noticias. Parece que
el gobierno va a impedir los viajes al Uruguay. Grotesco.
Todo lo que quiera. Constitucionalmente imposible. Por lo
tanto, verosímil. (...) la sola idea de que me vedaran
las visitas a Montevideo me infundió una viva ansiedad
por diferir la partida.
El lector uruguayo de "Ad porcos"
queda sorprendido por la precisión de las referencias
que un escritor argentino hace a un Montevideo que nos queda
a la vuelta de la esquina: El restorán "El Águila",
la Ciudad Vieja, la Pasiva, la Plaza Independencia, Pocitos,
Carrasco y, sobre todo, el teatro Solís adonde el
narrador personaje, confundido o indiferente, sin distinguir
entre La condenación de Fausto de Berlioz y la ópera
Fausto de Gounot, como por "encanto" seduce a
Perla y realiza, una vez más, el sacrificio de Margarita.
Tampoco los Faustos y sus variaciones escasean
en la imaginación de Bioy: en "El relojero de
Fausto" (12), "Las vísperas de Fausto"
(13) (1949) o en Faustine, en La invención de Morel
quien, como Delphine Seyrig, sigue viviendo bajo especie
de imágenes -su sub specie aeternitatis- como vivieron
siempre, o esos Faustos de Müller y de Lessing que
sigue hojeando Paulina en el cuento. Su fe fáustica
actualiza las veleidades del hombre occidental, la voluntad
ambivalente de un siglo XX que, desde mucho antes, no resiste
las tentaciones de la técnica y la acción,
del poder y el conocimiento, la nostalgia de re-tener la
juventud en el afán de postergar la muerte no repara
en los "sacrificios del pacto". Es una de sus
faltas, o dos: la falta de reparos.
Cuando Julio Cortázar (14) desea ser
Bioy y declara efusivamente su admiración por Adolfo
Bioy Casares, como escritor y como persona, confiesa su
propia incapacidad por mostrar un personaje tan de cerca
y, al mismo tiempo, confiesa ignorar cómo hace Bioy
para guardar la mayor distancia, todo el desasimiento que
distinguen al narrador de sus personajes.
En "Ad porcos", las vulgaridades
del narrador contrastan con la delicadeza de la espectadora
del Solís que, significativamente, se llama Perla.
Pero, a pesar de su grosería, no pasa por alto la
curiosidad semántica de un nombre propio que significa:
Para quien se crea refinado,
el humorismo que estriba en nombres acaso peque de basto.
En cuanto a mí, que una muchacha blanquísima
se llamara Perla me pareció el colmo. Admito además
que en el instante de recibir la información me estremecí
a ojos vistas. Hoy encuentro todo eso un poco increíble.
Perla es Perla, naturalmente, y para designarla cualquier
otro nombre resultaría ridículo.
En este cuento genial -los ingenios del lugar
nos protejan- el narrador parece enamorarse, a su manera,
de esa misteriosa Perla que conoce en el Solís, quien
"No solo estaba vestida de blanco, era blanca. Una
piel pálida, demasiado pálida" y que
"además de blanca era muy linda". Con todo,
no es tan torpe, este personaje que es capaz de apreciar
el candor de esa belleza, de descifrar en los nombres una
suerte de afinidad entre significado y significante, y atisbar
así la perfección mítica más
profunda, la que funda el lenguaje poético o el lenguaje,
simplemente. (15) Ya es algo. Sin embargo, no siente escrúpulos
en referir, desde la grosería hasta el agotamiento
a quien lo oyera o no, los detalles de sus amores con Perla
en Montevideo:
Tuve tema para todo el viaje,
incluido el trámite en la aduana. (...) un sordo
encono (...) me soltó la lengua y me llevó,
sin un momento de vacilación, a inmolar a Perla,
a desnudarla (¡figuradamente hablando!) y a exhibirla
ante terceros, mientras allá en el fuero interno
una vocecita me repetía las palabras: falta de lealtad.
Si hace años Proust ya no hubiera
entrevisto una poética de los nombres propios, si
hace pocos años, algún teórico no hubiera
tratado de fundamentarla, habría que formular, con
la dedicación más rigurosa, una poética
de los nombres propios en las narraciones en Bioy y el punto
de partida podría ser este cuento y este lugar.
El triste personaje que es narrador de este
cuento va al Teatro Solís por error, por desgano,
por quedarse en Montevideo sin saber qué hacer, confundido
entre Fausto y Mefistófeles, se encuentra con Perla.
Ella "recuerda a la perfección las palabras
correspondientes a la partitura de Margarita". (16)
"En mis sueños lo he visto"
repiten tanto Perla en la pieza del hotel como Margarita
en la escena.
De la misma manera que en griego y en latín,
en español clásico, también "margarita"
quiere decir "perla", antes de significar "flor",
esa flor tan común y complicada. Si bien sorprende
la asimilación de perlas y flores, la relación
se ha difundido bastante desde que en el Evangelio (Cap.
VII, Vers. VI). Dice Mateo que dice Jesús: "No
arrojéis vuestras perlas ante los chanchos, podrían
pisotearlas con sus patas y volverse contra vosotros para
desgarraros". El evangelio se refiere a la deslealtad
de quienes traicionan, por pura deslealtad, la pureza de
las palabras. El proverbio bíblico se amonedó
"en echar margaritas a los chanchos o a los puercos"
y no se aparta demasiado del sentido anterior: "Dirigir
la palabra o la generosidad o la delicadeza a quien no sabe
apreciarlas" dice el Diccionario de la Real Academia
Española. En el mismo pasaje, en francés se
habla de cerdos pero no de margaritas sino de perlas. Creo
que, en español, en este cuento prodigioso, la traducción
interna que hace Bioy (una intraducción), es una
de las figuras retóricas más originales, tal
vez la más original. Por eso, precisamente, no debería
localizarla pero, si tuviera que radicar su origen en algún
lugar, me gustaría ubicarla entre el Río de
la Plata y los Pirineos, entre Montevideo y el Béarn,
cerca de Pau o de Tarbes, ahí donde le gusta a Bioy
pasar largas temporadas, recordando a sus ancestros y poetas.
Desde el principio se hacía referencia
a cruces y cruzas, a los médicos de Bioy que alargan
la vida, cruzan especies, a la tentación del conocimiento,
a pactos diabólicos, a cerdos, a híbridos
y puros, a frases hechas, a orillas distintas de mundos
casi iguales, de figuras en quiasmo, de palabras cruzadas,
en más de un idioma. Los lectores de Bioy viven preocupados
por estos entrecruzamientos, también sus personajes.
Cito a uno de ellos que dice:
con la satisfacción
de colocar un epigrama:
-Après vous.
La verdad es que esta gente
no sabe que para el criollo una frase en otro idioma siempre
tiene algo de cómico." (17)
"Encrucijada" es el título
del cuento y por ahí, por Bioy, por el Uruguay y
después de Ud., y habíamos empezado.
(1) Quienes solían
ir al cine, recordarán una secuencia de A bout
de souffle (Sin aliento), donde Jean-Luc Godard
muestra a un grupo de periodistas que abruman con sus entrevistas
al escritor de apellido rumano -suena como "Ionesco"-
que acaba de llegar a París. Cuando, entre tantas
preguntas, Jean Seberg le repite la suya: "-Señor,
¿Cuál es su mayor aspiración?",
el escritor le contesta: "Devenir immortel, ...
et puis mourir."
(2) Bioy Casares - Historias desaforadas. Ed. Emecé,
Buenos Aires, 1986.
(3) Ibidem.
(4) Bioy Casares - "De la forma del mundo",
El héroe de las mujeres. Ed. Emecé, Buenos
Aires, 1978.
(5) Idem, 119.
(6) Bioy Casares - "Paradigma", Historias
de amor, Ed. Alianza/Emecé, Madrid, 1981.
(7) Bioy Casares - La trama celeste y otros relatos.
CEDAL, Buenos Aires, 1987.
(8) Bioy Casares - Plan de evasión. Ed. Emecé,
Buenos Aires, 1945.
(9) Bioy Casares - "Otra esperanza", El
héroe de las mujeres. Op. Cit.
(10) Bioy Casares - Diario de la guerra del cerdo.
Ed. Emecé, Buenos Aires, 1969, el film La guerra
del cerdo de Leopoldo Torre Nilsson es de 1975.
(11) Review. Nueva York, 1975.
(12) Bioy Casares - Historias desaforadas. Op. Cit.
(13) Bioy Casares - Historias prodigiosas. Obregón,
México, 1956.
(14) Julio Cortázar. "Diario de un cuento",
Deshoras. Bs.As., 1984.
(15) Roland Barthes. "Une idée de recherche".
P.162, 163 y 164. In Recherche de Proust. Éd. du
Seuil, Paris, 1980.
(16) Bioy Casares - "Ad porcos", Historias
de amor. Op. Cit, 166.
(17) El cuento es una de las primeras Historias de amor,
Op. cit. 1972 y su título es "Encrucijada",
9.
