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De la amistad y otras coincidencias:
Adolfo Bioy Casares en el Uruguay
Editado con Isidra Solari. Salto:
Centro Cultural Internacional de Salto, 1993.
Foto de cubierta: Daniel Behar
Capítulo [8] "La invención
de un mundo real"
Capítulo
[12] "Uruguay en Adolfo Bioy Casares"
Capítulo [8] "La invención
de un mundo real". p. 73-94.
Las revistas populares
han divulgado, con perdurable exceso, la zoología y
la topografía de Tlön; yo pienso que sus tigres
transparentes y sus torres de sangre no merecen, tal vez,
la continua atención de todos los hombres.
Jorge Luis Borges: Ficciones
-¿... si yo le dijera
que están registrados todos sus actos y palabras?
Adolfo Bioy Casares: La invención de Morel
Apostaría a que
la naturaleza, cada día, desde que el mundo es mundo,
está creando millares de sistemas solares, simplemente
calcados sobre el nuestro, sobre las cosas y las personas.
Sé que agotaría todas las probabilidades sin
omitir ninguna. Cuando hubiera jugado todas sus cartas, entonces
volvería a lanzarle la cuestión del infinito,
y la obligaría a que prosiguiera, es decir a que reprodujera
dobles sin fin. No se trata de que yo justifique mi teoría
diciendo que, por tratarse de productos tan bellos, sería
una lástima no multiplicarlos hasta la saturación.
Al contrario, me parece malsano y bárbaro envenenar
el espacio con un montón de países fétidos.
Louis-Auguste Blanqui. La eternidad a través de los
astros
Volvería a recordar la historia de dos estatuas que
en un principio estaban juntas. Las había encontrado
un escritor uruguayo, Enrique Amorim, en uno de esos corralones
donde se acumulan tesoros en desechos procedentes de la demolición
de casas y quintas. Era un hermoso par de figuras femeninas.
Amorim le regaló una a Silvina Ocampo, la mujer de
Adolfo Bioy Casares, quien la colocó, en su casa de
Buenos Aires, frente a un espejo donde todavía se refleja.
Amorim se quedó con la otra estatua y la emplazó
en el jardín de "Las Nubes", al lado de una
fuente. Cuando acompañaba a Bioy Casares que entraba
por primera vez a "Las Nubes", alguien se nos acercó
para entregarle a Bioy una carta de Esther Haedo de Amorim
en la que, al darle la bienvenida, le llamaba la atención
sobre una estatua de terracota que vería en el jardín
de su casa, al borde de esa fuente. Bioy recordaba el episodio,
y reconoció inmediatamente la estatua que hacía
juego con la suya y que ve tantas veces, duplicada, sobre
la chimenea. La sorpresa aumentó el encuentro más
allá de lo previsto y dio lugar a otro reencuentro,
más remoto, más simbólico. En el Banquete,
Platón habla de símbolos, de híbridos,
de andróginos, de la fractura y fragmentación
en dos partes de una obra, de la búsqueda y atracción
constantes de las fracciones complementarias dispersas, del
reconocimiento -gracias a una pieza de terracota quebrada-
de lazos de solidaridad anteriores, de la amistad que restituye
la unidad de los fragmentos. Toda celebración procura
coincidencias que no son casualidad y da lugar a muchas más
que se multiplican por pura coincidencia.

Buenos Aires. Detalle del apartamento
de los Bioy en la Calle Posadas.
Setiembre de 1990.
Foto: Mariano Roca
Hace justo cincuenta años Borges publicaba un cuento
sobre la existencia de mundos paralelos que, por contacto
o por costumbre, terminan penetrando el mundo real, desintegrándolo.
Se denomina "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius"
como el tríptico título del cuento. De la misma
manera que suele registrarse la realidad, la existencia de
esos mundos también aparecía documentada en
bibliografías suficientemente completas, manuales,
atlas, versiones literales, representaciones minuciosas que
copiaban esa realidad distinta hasta su desvanecimiento.
En la misma fecha, hace cincuenta años, Adolfo Bioy
Casares publicaba La invención de Morel, la
novela donde se inventa una máquina que produce formas
mecánicas de inmortalidad, una imitación perfecta
como se ha calificado la novela que la revela. El narrador
describe un proyecto que, según explica el propio Morel
trataría de "dar perpetua realidad a (su) fantasía
sentimental", registrando todos los objetos, personas
y acciones por medio de imágenes tan reales que coinciden
hasta confundirse con aquello que representan.
Es tal la coincidencia que se podría pensar en una
invención que no inventa: conserva. Y es esa conservación
-contraria a la invención- que aspira a la permanencia,
la que fundamenta el principio de una estética de la
desaparición, varias veces contradictoria. Iniciada
por medios técnicos destinados a evitar la desaparición,
paradójicamente, no hacen más que extenderla.
Son varias las contradicciones: una desaparición por
multiplicación, por una parte -seria la primera contradicción;
otra, en tanto que conservación mecánica aspira
a una conservación total, exacta que, por exacta, revoca.
La representación pierde así la dualidad que
es su naturaleza. Al confundir representación y objeto
representado, ya no representa, deja de ser lo que es, es
otra cosa, algo que, a su vez, puede ser representado o, simplemente,
no ser.
La escritura narrativa contribuye a revelar esa condición
paradójica de los inventos mecánicos. Sin embargo,
no era demasiado diferente la conservación que había
intentado la escritura en el pasado y a pesar de que con ella
se inicio la historia, la historia no siempre ha sabido dispensar
los datos de esa invención cuyas primeras instancias
se disipan entre reyes, dioses y mitos. Desde entonces, antes
de que una célebre tradición literaria los perpetuara,
las leyendas más antiguas imaginaron en una misma gesta
las armas y las letras; con el tiempo, la progresiva invención
de los instrumentos técnicos de registro y conservación,
mecánicos, electrónicos, cada vez más
eficaces, no atenúa la polémica que sigue entablando
discrepancias propias de una edad de plomo.
Especialmente, en esta época, cuando todo se registra
con tanta facilidad por medio de archivos que, ocupando la
mayor parte del tiempo, ocupan escaso o ningún lugar,
el dilema de la desaparición de lo registrado alarma
más. Ahora la falta es por exceso; la técnica,
por exacta, falla. Frente a la eficacia ambigua del registro,
el recuerdo, mecanizado, se pierde. La memoria pasa por pasión,
como se dice en otras lenguas: by heart, par coeur,
o no pasa. Por eso, si bien empieza por conservar, el registro
tecnológico pronto desanima. Superproduciendo imágenes,
cada vez más fieles, las máquinas superan la
percepción y suprimen tanto la presencia anterior como
presente, solo "Las copias sobreviven, incorruptibles"
dice el narrador de La invención de Morel. Lo
mismo ocurre en Tlön donde "ya en las memorias
un pasado ficticio ocupa el sitio de otro, del que nada sabemos
con certidumbre -ni siquiera que es falso".
La dinastía de Morel es copiosa en inventores y descubridores.
Como el nombre del personaje es propio, da entrada a varios
ajenos; como no tiene significado, habilita varias referencias.
Aunque no interesa ahora intentar abarcarlos, hay antecedentes
que no corresponde ignorar: con distinta ortografía,
un nombre similar designa a "Maurelle" quien
descubre en 1781 las "Ellice Islands". (A
pesar de que en nota al pie el imprudente editor desmiente
datos del narrador, este deja constancia de su sospecha: cree
que la Isla en la que se ha refugiado se llama Vilings y pertenece
al archipiélago de Las Ellice.") Citado varias
veces por Borges y por Bioy, el Dr. Moreau, personaje de la
novela de H. G. Wells, dueño y señor de la Isla,
es un antecedente de Morel, tal vez demasiado evidente, que
forma parte de esa saga de médicos dedicados a una
genética abusiva, una práctica severa, disciplinaria,
que las narraciones de Bioy frecuentan.
La asociación con el otro Welles es casi inevitable.
Por la misma razón, desde la radio, entre veras y bromas,
luego de transmitir "La Cumparsita", Orson
Welles se hizo famoso difundiendo otros textos del primer
Wells. En 1938, la conocida locución radiofónica
que realiza el domingo 30/10/1938, entre las 20 y las 21 hs,
desde la Columbia Broadcasting System, de Nueva York, adapta
The War of the Worlds (1898) y la convierte en una
falsa alarma que anunció la inminencia de una invasión
verdadera, más de una. Sintomática de las violencias
que ocurrirían en otras tierras, anticipó la
invasión germánica que presumimos vencida y
fue simultánea de una invasión mediática
irreversible insidiosamente vencedora. Ese episodio radial
anticipó el éxito de Citizen Kane, el
film que en 1940, resume la epopeya de un magnate de la prensa
que, desde el cine, supo atacarla exaltándola.
Otra vez y en los mismos años, la eficacia de los
medios de comunicación y los asedios totalitarios estrechan
filas propiciando una destrucción común: la
memoria cuestionada por la inflación de las imágenes,
formas del desencanto de una modernidad que, habiendo cifrado
primero la definición de sus estructuras en las diferencias
y contrariando a Saussure, conformó la prioridad de
la escritura en la différance, -la diferancia de Jacques
Derrida homofónica en francés resulta algo estridente
en español- no ha podido resolver el diferendo reformulado
por Jean-Francois Lyotard y ahí queda. Sigue planteado
el dilema del siglo: la catástrofe que pretendió
ser la "solución final" precipitó
el fin de soluciones y esperanzas.
A pesar del registro, los recuerdos se confunden; coincidencias
de tiempos, de lugares, de temas y de temores asimilan la
percepción, la imaginación o la memoria, anexándolas.
El narrador de La invención de Morel, enamorado
de Faustine, compromete su pasión al someterla a la
inmortalidad de las imágenes mecánicas; las
ultimas líneas del cuento de Borges prevén una
profanación a la que la imprenta o la prensa no son
ajenas. Las últimas palabras del cuento dicen: "Entonces
desaparecerán del planeta el inglés y el francés
y el mero español. El mundo será Tlön.
Yo no hago caso, yo sigo revisando en los quietos días
del hotel de Adrogué una indecisa traducción
quevediana (que no pienso dar a la imprenta) del Urn Burial
de Browne."
Como las ceremonias, como el teatro, las narraciones y los
juegos, las celebraciones subrayan y suspenden las coincidencias,
relevan tiempo y espacio en una acción doble, que supera
y deroga a la vez. Son coincidencias contradictorias que las
narraciones de Borges y de Bioy multiplican, y que los recuerdos
de hoy, evocados desde Salto, no parecen omitir.
Primeras coincidencias
Ya constituye un lugar común de la crítica
aludir a una tercera entidad denominada "Biorges",
la superposición fundida en una fotografía comúnmente
atribuida a Gisèle Freund (1) y que Emir Rodríguez
Monegal se encargó de denominar y divulgar (2). Esa
concurrencia de nombres propios, que son sus propios nombres,
es más transparente pero no menos auténtica
que los seudónimos con que los dos autores firmaban
las obras realizadas en colaboración. H. Bustos Domecq
y B. Suarez Lynch son los verdaderos nombres falsos con que
ambos escritores confirmaron la existencia de esa especie
de híbrido biográfico y literario que asume
la identidad de otro individuo en una combinación genial.
Así dan nombre a una confabulación literal y
distinta, la fábula donde autores, narradores, personajes
y lectores, por la palabra, introducen la ficción y
más allá de sus límites verbales, la
desbordan: no es tan ajena la hybris a los híbridos,
aunque no es la etimología sino la proximidad literaria
la que en esta oportunidad avala el estatuto del híbrido
(3): una cruza de especies, por un lado; por otro, una ibris,
por la violación de límites que la exaltación
provoca, una desmesura que la justicia divina intentaría
corregir pero que, desde la antigüedad, habilita la ficción.
Por una nota al pie de un cuento: "Salto Oriental,
1940", al cabo de medio siglo nos encontramos en
el Salto Oriental, celebrándolo; un encuentro que el
autor de Tlön -en complicidad amistosa con otros autores-
ya habría previsto.
Antes que en el laboratorio, las especies biológicas
diferentes se cruzaron en la imaginación donde sueños
y mitos combinan y transforman entes, partes y medidas en
híbridos sorprendentes. Nunca fue solo gótica
la quimera que contrae en un mismo sueño partes de
león, de dragón y de cabra; ni sería
privativo de nuestro continente esa creencia indígena
-el nagualismo (4)- en un animal que se identifica con un
individuo y ya no se le separa. A pesar de las distancias,
coinciden las derivas fabulosas de una misma imaginación
en fuga, refugios abiertos contra la rigidez de especies y
géneros, que reemprenden -cada vez- la búsqueda
mítica de una unidad anterior presintiendo las instancias
de metamorfosis siempre latentes. En el libro de Noemí
Ulla, Bioy recuerda que según "Stendhal, desgraciadamente,
tenemos una forma que nos hace creer que somos de la misma
especie, pero las personas son como animales, a veces somos
diversos animales, uno es un loro, otro un perro."
(5)
La confusión de especies diversas que el híbrido
suele consumar resalta, al mismo tiempo, las coincidencias
y diferencias que guardan dos individuos notablemente distinguidos,
notoriamente distintos. Advirtiendo las afinidades entre ambos
escritores, ya que de híbridos se trata, una primera
oposición marcaría la preferencia de Bioy por
los híbridos y la resistencia de Borges a manifestarlos
en sus ficciones. Salvo las referencias al minotauro, los
híbridos -que no frecuentan la invención de
Borges- han requerido los desvelos de su inventario.(6) En
cambio, esas transgresiones de la fauna por la fabulación
constituyen una constante del bestiario de Bioy (Plan de
evasión (1945), Dormir al sol (1973), Diario
de la guerra del cerdo (1969), quien no evita experiencias
zooantropomórficas en tierras aisladas, ni médicos
y maquinas, ni hospitales y misterios.
Sin embargo, "La secta del fénix" un cuento
de Borges que recuerda un animal fabuloso, mostraría
otro ejemplar narrativo emblemático de mutaciones fantásticas
remotas. Además, no paso por alto que, a partir de
este cuento, se insinúa ambiguamente otra diferencia
que suele oponer a ambos autores. Si las Historias de amor
no solo titulan un libro de Bioy sino son materia de aventuras
narrativas y personales, Borges las omite o, por lo menos,
las observa en secreto de la misma manera que ritualizan sus
ceremonias, los hombres que forman parte de esa secta sagrada,
perpetuándola. Sin costar las menciones sentimentales
en la obra de Bioy, esas alusiones al amor y a las mujeres
constituirían, sin duda, las citas más numerosas
en un índice donde las referencias literarias se ordenaran
temáticamente, un índice que ya se ha hecho.
(7)
Varias citas en una cita
Por varias razones, más que a Bioy Casares, habría
que atribuir al propio Borges la memorable sentencia que aparece
al principio de "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius"
y que constituye el principio del cuento, tanto la iniciación
como su origen y fundamento: "no de los heresiarcas
de Uqbar había declarado que los espejos y la cópula
son abominables, porque multiplican el número de los
hombres." Ni la paternidad ni los espejos son abominables
para Bioy que suele recordar complacido el espejo de tres
lunas instalado en el cuarto de vestir donde, como si fuera
inmortal, se repetía al infinito la imagen de su madre,
Marta, Marta, como su hija.
Pero de la misma manera que el héroe de La invención
de Morel se desliza entre dos imágenes, se hace
imagen, sale de la vida para entrar en la ficción (8),
Bioy Casares, en tanto que personaje de este celebrado cuento,
invocando esa cita, da lugar -un espacio que es un origen-
al cuento. Y eso hubiera sido suficiente. El cuento empieza
así con una cita apócrifa, que es solo probable,
dudosa. En la ficción, Borges se la atribuye a Bioy
pero, fuera del cuento, Bioy no la reivindica como propia.
Sin embargo, y a pesar de era doble "desautorización",
el narrador de La invención de Morel dice "El
hombre y la cópula no soportan largas intensidades"
y, modulando en pocas palabras una idea similar, no la misma.
Por una cita se hace patente -un fuero de invención-
la invención de un mundo real: aunque no sea
legítima, aunque no valga como repetición vale
como cita porque, en efecto, provoca el encuentro con el personaje
en persona. Seguramente no sea esta la primera intrusión
del mundo fantástico en el mundo real pero, en efecto,
la cita convoca la reunión, sirve de mot-de-passe
o de pass-word, precipita un encuentro cómplice
más allá de los límites del texto, un
pasaje casi clandestino, salvoconducto y coartada con que
el narrador de Tlön cita a sus pares y a otros que no
lo son.
La cita literal o alterada pretexta un comienzo y una intriga,
vale como contraseña para entrar y salir del texto
sin anular el pacto de ficción que habrán sellado
ambos narradores, entre si o cada uno de ellos por su cuento,
también con sus lectores sigilosos, desde era territorialidad
inventada o descubierta, entre seres de distintas regiones,
planos y planetas.
Durante la noche que da tiempo al cuento, el narrador descubre
-"ese descubrimiento es inevitable"- que
los espejos tienen alga monstruoso pero, por otra parte, el
espejo normaliza el fenómeno de la inversión.(10)
Son varias las inversiones significadas: un objeto, dado vuelta,
por un lado, se invierte, pero por otro lado, invierte porque
multiplica. Invertir papeles, géneros biológicos,
gramaticales o literarios, cambiar un nombre por otro, es
siempre una inversión en tanto especula y aumenta.
Por esa -o esta- preposición por, las figuras como
las cantidades (figures en ingl.), se invierten y multiplican.
El narrador de Tlön afirma que "... mientras dormimos
aquí, estamos despiertos en otro lado y que así
cada hombre es dos hombres." La razón simétrica
tentaría a reducir proporcionalmente esa dualidad a
una, la unidad que el cuento propicia. Se diría así
que si uno tiene derecho a ser dos, más derecho, pero
al revés, tienen dos a ser uno. Cito el cuento::
"es todopoderosa la idea de un sujeto
único. Es raro que los libros estén firmados.
No existe el concepto de plagio: se ha establecido que todas
las obras son obra de un solo autor, que es intemporal y es
anónimo. La crítica suele inventar autores:
elige dos obras disímiles -el Tao Te King y las 1001
Noches, digamos-, las atribuye a un mismo escritor y luego
determina con probidad la psicología de ese interesante
homme des lettres..."
Lo dice Borges con esas palabras y lo cita Gerard Genette
para fundamentar "La utopía literaria"
y de eso se trata.
La imaginación del monstruo
Es cierto que en la primera acepción del Diccionario
de la Real Academia Española, la palabra monstruo figura
así: "Una producción contra el orden regular
de la naturaleza". Ahora bien, no solo por su condición
de híbrido es monstruosa la producción de la
imagen en el espejo, no solo porque la multiplica, sino porque
la muestra (del latín monstrare, da muestras y monstruos
en español). La monstruosidad, suele ser motivo de
sueños, dramas y cuentos. De modo que es la propia
monstración la inenarrable porque mostrar que es "hacer
ver", es, sobre todo, "no contar". Desde la
antigüedad, contar y mostrar aparecen como acciones contrarias,
enfrentadas por dos recursos imitativos antagónicos,
la diégesis y la mimesis que, desde entonces rivalizan.
Como otros antagonismos que inician tantos cosmos, para empezar
este cuento, ambos recursos, se oponen contrarios y a la par:
"Debo a la conjunción de un espejo y una enciclopedia
el descubrimiento de Uqbar."
La confabulación, entonces, empieza por la reunión
de ese par de objetos, un par diferente que representa emblemáticamente,
una imagen y una palabra; el espejo, expone, arriesga; al
no mostrar, el libro esconde. Ambas son imitaciones o reproducciones
ambivalentes: presentan una ausencia, es decir: re-presentan,
pero por hacerlo, presentan otra cosa. Mostrada, descrita
y contada -como la figura en un espejo, como un artículo
en una enciclopedia, una reflexión hace aparecer la
imagen y otra reflexión, la desvanece.
Cada representación atenta a lo que representa o atenta
contra lo que representa: la dualidad -imagen o palabra- se
contrae en una unidad sospechosa que se encuentra en el origen
de la fractura antropológica, de la quiebra que el
símbolo -simbolon- aplicado a otras designaciones,
no pierde. Es cierto que ya en griego el término significaba
signo, señal, marca, emblema, insignia, y otros
significados afines, pero la circulación corriente
de estos sentidos no llegaba a revocar en el pasado los restos
de un juego de piezas combinadas, los pedazos quebrados de
una unidad compartida, que verificaba el reconocimiento recíproco
de quienes recordaban, con esa prueba, una amistad anterior.
Dice el narrador de "Tlön,Uqbar, Orbis Tertius":
:
Bioy Casares había cenado conmigo
esa noche y nos demoró una vasta polémica sobre
la ejecución de una novela en primera persona, cuyo
narrador omitiera o desfigurara los hechos o incurriera en
diversas contradicciones, que permitieran a unos pocos lectores
-a muy pocos lectores- la adivinación de una realidad
atroz o banal.
Según E. Rodríguez Monegal (11), muchos críticos
consideran que si el narrador de Tlön, en lugar de decir
"novela", hubiera dicho "cuento", ese
pasaje remitiría a "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius",
es decir, al propio cuento. Pero ni siquiera sería
necesaria esa mesura narratológica ya que no es esa
la única pista de autorreferencialidad que relata la
ficción en la misma ficción; en el cuento hay
otros pliegues de entrerrealidad que doblan la ficción
(12), (la aumentan o la dividen) insinuando desde ese mundo
imaginario las ambigüedades que son comunes tanto a la
historia fantástica como a otra historia que no es
más real.
¿Quiénes inventaron Tlön?" No habría
que reducir ese universo de ficción a una mera versión
de la Tierra -La Terre est très terre à terre,
decía Jules Laforgue- sino observar la invención
de un país a partir de la cita amistosa de otro escritor,
una vida que sólo a veces figura en una enciclopedia
inconstante. Como el mundo, una región, un planeta,
un poeta, empiezan a existir por una cita y concluyen -una
finalidad que también es un fin- bajo especie de enciclopedia.
Pero tomando en consideración esa advertencia, tampoco
habría que descartar, entonces, que la novela, narrada
en primera persona, a la que se refiere Borges, fuera asimismo
La invención de Morel. La fecha de la publicación
del cuento coincide con la de la novela de Bioy: 1940, ya
se dijo. También en esta novela no extensa, el narrador
cuenta en primera persona, omite datos, desfigura los hechos
y se contradice. La realidad que se entrevé en esta
nouvelle -ni cuento ni novela- no es menos atroz ni
banal. Pero tampoco esas coincidencias me parecen suficientes
ni prudentes y, sobre todo, no quisiera incurrir en el mismo
error que anota, con insistencia, al pie, el indiscreto editor
del diario de Morel. Para salvar el desliz filológico,
identificaría esa novela del cuento, no con una sino,
por lo menos, con dos narraciones: "Tlön, Uqbar,
Orbis Tertius" y La invención de Morel.
Una dualidad que ambas obras ilustran y legitiman. más
todavía, tal vez ni hubiera que distinguirlas: "Palpé
el bolsillo: saqué el libro; los comparé: no
eran dos ejemplares del mismo libro, sino dos veces el mismo
ejemplar."(13)
Tanto en la novela como en el cuento, el expediente de la
duplicación es inevitable:
:
Tengo un dato, que puede servir a los lectores
de este informe para conocer la fecha de la segunda aparición
de los intrusos: las dos lunas y los dos soles se vieron al
día siguiente. Podría tratarse de una aparición
local; sin embargo me parece más probable que sea un
fenómeno de espejismo, hecho con luna o con sol (...)
Pero imagino que las dos lunas y los dos soles no tienen mucho
interés; han de haber llegado a todas partes, o por
el cielo o en informaciones más doctas y completas.
No los registro por atribuirles valor de poesía o de
curiosidad, sino para que mis lectores, que reciben diarios
y tienen cumpleaños, daten estas páginas.
Una duplicación que el narrador, aun con las rectificaciones
del editor, había confirmado:
"Estamos viviendo las primeras noches
con dos lunas. Pero ya se vieron dos soles. Lo cuenta Cicerón
en De Natura Deorum:
Tum sole quod ut e patre audivi Tuditano
et Aquilio consulibus evenerat.
"No creo haber citado mal". dice el narrador. Es
aquí donde figura la nota del Editor que dice al pie:
"Se equivoca. Omite la palabra más importante:
geminato (de geminatus, geminado, duplicado, repetido, reiterado)"
(14)
Tanto en los textos de Bioy como en el cuento de Tlön,
donde una de las escuelas llega a negar el tiempo, otra, a
afirmar la bilocalización, omiten aludir a mundos y
palabras por pares. Semejantes a las multiplicaciones universales
que abundan en diversos pasajes de Louis-Auguste Blanqui,
ambos autores coinciden en elaborar el estatuto retórico,
biológico o cósmico de la geminación.
Como el visionario francés, no descartan la existencia
de otros universos, diversos, "multiversos"
(15)
¡Centenares de millones que repiten
las tonterías y crímenes de la humanidad! Y
también hay millares de millones que repiten nuestras
fantasías individuales. ¡Cada uno de nuestros
humores, sean buenos o malos, tendrían a su disposición
una colección de globos particulares! Todos los entrecruzamientos
del cielo estarían repletos de nuestras contrafiguras!
Podría seguir comparando, distribuyendo coincidencias
y asignando responsabilidades individuales a dos autores-lectores
que defienden dualidades propias y compartidas, desde sus
principios de ficción, no solo por una colaboración
de años, de fechas y temas sino por las ambigüedades
y recursos de la imaginación y el pensamiento, recursos
que marcan un procedimiento y un retorno, la vuelta que remite
a trámites anteriores, a libros que se requieren repetidos
o contradictorios, para completarse dentro de una economía
de compensaciones aplicada por esa mecánica de sosias,
como la que entreveía Blanqui:
... permanecen alejados y desconocidos de
manera que no hay posibilidad de que sus advertencias puedan
ponernos en guardia 'a fin de ahorrarnos torpezas y dolores.'
Todos los grandes acontecimientos de nuestro globo tienen
su contrapartida, sobre todo cuando la fatalidad ha participado
en ellos. Quizás los ingleses han perdido muchas veces
la batalla de Waterloo en otros globos donde sus adversarios
no han cometido la misma tontería de Grouchy. No faltaba
mucho. En compensación, en otro globo, no siempre Bonaparte
logra una victoria en Marengo, que nos parece una casualidad.
Borges y Bioy entrecruzan papeles distintos. Son varios los
pases: Bioy le dedica su novela a Borges, Borges le hace el
prólogo, Borges instala a Bioy como personaje de su
cuento y, para mejor, le atribuye, una cita elusiva, que inventa
o descubre en ediciones inconstantes de libros que aparecen
y desaparecen sin dejar rastro, como figuras en un espejo.
Pero esa cita misma, sea de quien sea, sea con quien sea,
ya es todo un encuentro donde se concilian imaginación
y pensamiento.
Un mismo principio contradictorio, la reproducción
en el espejo o en la especie, es un origen extraño
porque inicia algo que ya existe; algo que ya había
empezado antes del comienzo, comprometiendo la imaginación
y la especie, o la imaginación de la especie. La reproducción
no se origina por la imagen en el espejo, antes bien, es en
la mente donde espacios y tiempos se confunden. Por la reproducción
textual como por la reproducción sexual, las especies
-que habían comenzado antes- aseguran su continuidad.
La cuestión de la reproducción es constante
en los escritos de Borges y Bioy. Tal vez todo empezó
con la transcripción de textos que, según Rodríguez
Monegal, ambos recopilaron en los años 30 y publicaron
posteriormente, en una sección de los Anales de Buenos
Aires bajo el título "Museo", con
el seudónimo de B. Lynch Davis. Además de ser
una sección curiosa, de dar título a un texto,
el museo aparece como un espacio de frecuencia en la
obra de Bioy y "Museo" es el término
con el que Borges da entrada a uno de sus textos más
breves y más significativos ("Del rigor en las
ciencias" en Historia de la infamia, 1936, El
Hacedor, 1960). También aquí se autoriza un
nombre apócrifo, en realidad, dos nombres: "Suárez
Miranda". Según Borges, esa combinación
impresiona más, da mayor verosimilitud al autor y a
la crónica sobre las descripciones cartográficas
que coincidían tan puntualmente con la geografía
del Imperio que el Mapa, como el Imperio, quedó expuesto
a las inclemencias del sol y de los inviernos. Por perfecta,
la reproducción se expone a las vicisitudes del original
y deja de ser su doble.
Tanto el museo como la biblioteca constituyen espacios o
instituciones que reúnen y a la vez distancian reliquias
procedentes de otros espacios; metáforas del desplazamiento,
metáforas del transporte, son metáfora de metáfora,
movimientos de la imaginación que se radican en un
no lugar fuera del tiempo, se asilan o aíslan en la
discontinuidad del museo, un sitio paralelo, utópico,
distante de las circunstancias que, paradójicamente,
reserva la historia: reservas de la imaginación al
margen de la historia.
Tratándose de transportes, copias, reproducciones,
metáforas, símbolos que son fracturas, museos
aislados o imaginarios, es imposible olvidar que en esos mismos
años Walter Benjamin elaboraba uno de los ensayos más
citados de los últimos años, cuyo título
se ha traducido como "La obra de arte en la época
de su reproducción mecánica" (Berlín,
1936).
Por caminos distintos, tanto W. Benjamin, como Borges, como
Bioy, especulan, desde puntos distantes, sobre originales,
reproducciones y copias, sobre la fijación en el museo,
previamente transportadas o, en el movimiento que es el cine.
La nouvelle de Bioy y el cuento de Borges se publican en 1940;
en 1940, W. Benjamin, amenazado por la gestapo, por la policía
francesa o por la policía española, se suicida.
El nazismo que avanza en los mismos años, aparece tramado
en sus escritos, el tema de la reproducción técnica,
de la reproducción perfecta, también. "Hace
diez años bastaba cualquier simetría con apariencia
de orden -el materialismo dialéctico, el antisemitismo,
el nazismo- para embelesar a los hombres." Tanto
el cuento de Borges como la novela de Bioy no son ajenos a
la tragedia de un siglo que no logró evitar el avance
de los totalitarismos, el problema obsesivo de un Trauerspiel,
un duelo en escena para el que la memoria no basta y la reproducción
mecánica remata en un juego mortal. En la novela, Morel
explica su invento que asegura la inmortalidad pero por medio
de una muerte anticipada. Un pacto fáustico, pero al
revés: el narrador se enamora de Faustine, un Fausto
hecho mujer, pero sobre todo un Fausto falso:
"Faustine" se pronuncia fausse en
francés, "falsa" como las figuras
que simula la invención de Morel.
La memoria entre el recuerdo y el registro
Tlön empezó a ocupar la Tierra y la destrucción
que no acabaron los totalitarismos del siglo, se extiende
en sitios que los medios masivos, aun sin proponérselo
conquistaron. En Hitler, un film de Alemania, ni un
nombre ni un dictador: un film, H. J. Syberberg presenta un
film que muestra la con-versión del acontecimiento
en imagen, de la verdad en cine, descubriendo la versión
mediática que reduce y fragmenta el mundo en pedazos,
ocupado por fotos, films, radios, diarios, videos, grabaciones
que, al hacer referencia, la deshacen. De ocurrencia extraña,
este Hitler de Syberberg es un film que concibe la historia
como un film: Hitler la dirige, la interpreta, sobreactúa
a muerte. La diferencia entre el hombre y el medio, ya no
se divisa: ni se divide ni si distingue.
El mundo y sus totalitarismos ya están ahí,
en ese año ya habían comenzado a extenderse.
"El mundo será Tlön", sigue diciendo
el narrador. Como el cosmos, Tlön es un planeta ordenado,
un todo articulado, coherente. Deletreo las mayúsculas
sucesivas del título, como puntos cardinales en un
atlas antiguo: T.U.O.T. que es TOUT, en francés, pero
en sentido inverso, todo, al revés, como la imagen
en el espejo, como le monde renversé, invertido
y arruinado por la máquina que inventó Morel,
que reproduce la vida fijándola: una invención
de eternidad convoca la muerte, la conserva. Ya se ha hablado
del mundo invertido de Tlön y de la necesidad de que
cada texto se completara con su contrario. Según Bioy,
el "idioma primitivo" que es el de Tlön
se parece a la panlengua que inventó Xul Solar,
y en su cuento, Borges traduce a ese neocreol su ejemplo.
Maniático de los panjuegos, Xul Solar consideraba que
La invención de Morel era uno de los panlibros,
un libro total.
Como Borges, como Bioy, Walter Benjamin identifica la eficiencia
mecánica de los medios, la tentación mediática
con la tentación totalitaria. "La pérdida
del aura" -la fórmula es de W. Benjamin- que
(en)marcaba la individualidad de la obra de arte alerta sobre
la pérdida individual, la masificación de los
campos, el suicidio de Benjamin. En lugar de una persona,
su imagen; en lugar de la obra, su reproducción; la
tentación mecánica compromete la memoria y la
inmortalidad: a la vez que se aseguran, se impugnan. Anteriores,
ni el Dr. Caligari, ni Mefisto, ni Moreau ni Morel ni los
doctores Fausto, terminan con Hitler.(16)
Estetizada, la actividad política, por medio de imágenes
multiplicadas por fotos y cine, remeda una vida contrahecha:
contrefaire es imitar en francés. Por medio
de copias que imitan el original, el original doblado, queda
contrahecho; las copias lo depredan y la pérdida de
esa originalidad que distingue tanto al individuo como su
origen, son causa de fragmentación y totalitarismos.
Un presente, por representado, ausente; pasado por imágenes,
pasado.
En La invención de Morel ya se denuncian las
mayores preocupaciones de hoy: la sustitución del recuerdo
por el registro, la verdad como versión, la asimilación
de ficción por la historia, la imposibilidad del testimonio,
porque tolera tanto la memoria como la profanación.
Toute la mémoire du monde (1956) es un film
de Alain Resnais que describe la "Biblioteca Nacional"
de París en un debate interminable entre la memoria
y el olvido. (17) Ahí, en la BN, como le dicen los
franceses, se oye a un lector-editor musitar por teléfono
palabras casi inidentificables; una entre las que se reconocen
es Tlön.
Del mismo año, Nuit et bruillard (1956) de
Alain Resnais acumula desechos de Auschwitz, ultrajes documentarios
de la humanidad en restos. El mismo Resnais dirigió,
L'Année passé à Marienbad (1961),
(18) un film que revisa las ilusiones de la memoria, donde
las figuras se debaten entre sombras y espejos, intentando
distinguir las fluctuaciones y ambivalencias de las emociones
y la percepción. Como las figuras que acecha el narrador
de La invención de Morel, rondan espectros que
recorren las habitaciones y jardines de un palacio o de un
teatro, de un museo o un cerebro, una proyección fantasmal
que no precisa decidir si fue en Los Teques o en Marienbad.
(19) En 1953, Robbe-Grillet -autor del libreto- había
publicado una larga reseña de la nouvelle de Bioy,
donde analizaba el argumento, resumía el prólogo
de Borges y admitía la seducción de concebir
un "passé ...modifiable".
Marcados por la fragmentación de las fotografías,
por las copias fieles que el cine corta o monta, Benjamin,
Borges, Bioy, observan las afinidades a través de universos
insondables que se rozan y cruzan en una intersección
histórica donde una Enciclopedia pudo anticipar una
revolución y los films, noticiarios o fantásticos,
en lugar de reproducir la historia, la producen, la doblan
o la inician.
Esas versiones mecánicas multiplican mundos que no
son paralelos solo porque inciden unos en otros, imitándose
y modificándose recíprocamente; sus archivos
guardan documentaciones que no acreditan más que una
ficción austera, donde los trámites de la identidad
se reducen a un registro civil o policial, una cédula
o una celda -es la misma palabra- el cuadrado de papel archivado
en un prontuario asimila su etimología al cuadrado
de cemento, retiene a un recluso, en una prisión como
la que encierra a Louis-Auguste Blanqui la mayor parte de
su vida y desde la que inventa galaxias y revoluciones astrales
a históricas, semejantes a las que descubren, desde
distintas utopías, pero en los mismos años,
W. Benjamin, Borges (20) y Bioy.(21)
Llama la atención que entre ficciones y reflexiones,
los tres citen profusamente las ocurrencias de Blanqui y sus
divagaciones celestes. Por ejemplo, en una carta dirigida
a Max Horkheimer (1938) desde París, Benjamin refería
la conmoción de haber descubierto las fantasmagorías
astronómicas de Blanqui. En el escaso tiempo que le
queda hasta 1940, Benjamin no omitirá la lucidez de
las especulaciones que prodiga el mesianismo revelador de
L'eternité à travers les astres.
De la misma manera que don Isidro Parodi resuelve los enigmas
policiales desde el interior de una celda, impresiona que,
desde su prisión, Blanqui siga siendo el conspirador
porfiado que no cesa de fundar, como los tlonistas, sociedades
secretas en mundos diversos y de tramar, desde su encierro,
planes de insurrección que no ofuscan las monotonías
de una revolución que es una revuelta, una vuelta al
principio, una apocatástasis que al volver, al volver
a volver, por restituir, inaugura.
Entre las muchedumbres aturdidas por la vanidad del progreso
que recorren los Pasajes de París, Benjamin advierte
la seducción que se vale de copias para destruir origen
y originalidad, imitaciones dispersadas en mundos repetidos
que no podrán evitar el desastre porque lo precipitan.
Impresionan esos últimos gestos de un dandy triste,
que vaga descreído del progreso recogiendo, al pasar
y al descuido, esas flores del mal, fantasmagorías
de "L'Univers qui se répète sans fin
et piaffe sur place", conjeturas irónicas
de una eternidad en la que cada instante de la historia se
repetirá un número infinito de veces:
Ce que j'écris en ce moment dans un
cachot du fort Taureau, je l'ai écrit et je l'écrirai
pendant l'éternité, sur une table, avec une
plume, sous des habits, dans des circonstances toutes semblables.
Ainsi de chacun." (Blanqui: Instructions pour une prise
d'armes)... (23)
Si antes de aludir a un espectáculo sobrenatural,
fantasmagoría, la palabra designa, en el siglo XIX,
"el arte de hacer ver fantasmas por medio de ilusiones
ópticas en una sala oscura", el mundo dominado
por sus fantasmagorías es el mundo de la modernidad.
Así vagan las figuras en movimiento que mueren eternamente
por la invención de Morel.
Tampoco resulta infrecuente, desde hace cien años,
la duplicación de objetos perdidos en las regiones
de Tlön. Los hrönir, esos objetos secundarios,
son como las fotografías, copias y citas que acosan
a Benjamin y a una Europa fascinada, fascista, al borde de
la catástrofe.
Benjamin no se resignaba a una época en la que se
había borrado tan fácilmente el nombre de Blanqui.
Sin embargo, ante la catástrofe del siglo, Benjamin,
Borges, Bioy, advierten las provocaciones -también
en el sentido de profecías- de una voz que había
sacudido el siglo XIX. Sus visiones cosmológicas anticiparon
la singularidad imposible de una civilización electrónica
que se limita a "repetir novedades", que
se replica vagamente, indiferente, subespecie mediática
hasta la saturación y el agotamiento. Como decía
Blanqui, "Es melancólica, en el fondo, esta
eternidad del hombre a través de los astros."
Lisa Block de Behar
(1) Hace algunos años, en Buenos
Aires, cuando hice referencia a la conocida fotografía
de Gisèle Freund, Adolfo Bioy Casares tuvo a bien corregirme
aclarando que esa fotografía había sido realizada
por Silvina Ocampo: "Silvina, mi mujer, nos hizo una
fotografía superpuesta a nosotros, a Borges y a mí,
y a Gisèle le gustó." Grabación
inédita de la conversación mantenida el 3 de
diciembre de 1989.
(2) E. Rodríguez Monegal. Borgès.
Seuil: "Ecrivains de toujours". Paris, 1970.
P. 178
(3) Lat hybrida, -ae.- bâtard,
de sang mélangé. Se dit des animaux et des hommes
(...) (la graphie) a sans doute été influencée
par un faux rapprochement littéraire avec ibris
(A. Ernout et A. Meillet, Dictionnaire Etymologique de
la Langue Latine. Paris, 1932 Reed. l979)
4) nagual- Méj- Brujo, hechicero.
Hond. y Nicar. Animal que una persona tiene de compañero
inseparable. naguatlato- adj. Dícese del indio mejicano
que sabía hablar la lengua nahua y servía de
intérprete entre españoles e indígenas.
(5) Noemí Ulla. Aventuras de la
imaginación: de la vida y los libros de Adolfo Bioy
Casares. Corregidor Bs. As., 1990.
(6) Jorge Luis Borges. El libro de los
seres imaginarios, 1967.
(7) Daniel Martínez: ABC de Adolfo
Bioy Casares, Bs. As. 1989.
(8) "mais si Don Quichotte existe,
c'est Cervantes, et nous ses lecteurs qui n'existons plus
guère, ou qui n'avons plus d'autre moyen d'existence
que de nous glisser entre deux pages du Livre et de nous faire
littérature -comme le héros de L'invention de
Morel se glisse entre deux images, se fait image, sort de
la vie pour entrer dans la fiction. C'est qu'à la Littérature,
ce monstre insatiable, on ne peut rien accorder sans tout
lui abandonner: "èut-être l'histoire universelle
n'est-elle que l'histoire de quelques métaphores".
Gérard Genette termina citando a Borges en "L'utopie
littéraire" Figures. París, 1966.
(9) A. Bioy Casares. La invención
de Morel. Emecé Editores en Alianza Editorial.
Madrid, 1972. P. 67.
(10) Barthes denominaba enantiología
(fr. enantiotrope 1956. gr. enantios "opposé",
et - morphe "forme" Chim. Qui existe sous
deux formes physiques différentes) la disciplina
necesaria para estudiar la compleja transformación
que invierte las imágenes en el espejo.
(11) E. Rodríguez Monegal: Borges,
A Literary Biography. Dutton. N. Y, 1978.
(12) "... una semana de trabajo con
la pala y el pico no logró exhumar otro hrön que
una rueda herrumbrada, de fecha posterior al experimento."
De "Tlön,..." De la misma manera, la "Postdata
del 47 ya aparece en la primera edición del cuento.
SUR Nº 68 de 1940." En relación con la publicación
posterior (la. ed. español. Emecé, 1944)), figura
con una modificación que interesa en el mismo sentido:
"Reproduzco el artículo anterior tal como apareció
en el número 68 de SUR -tapas verde jade, mayo de 1940-
sin otra escisión que algunas metáforas y que
una especie de resumen burlón que ahora resulta frívolo.
Han ocurrido tantas cosas desde esa fecha... me limitaré
a recordarlas". Por supuesto que esa referencia a la
revista Sur es una autorreferencia ya que aparece publicada
en la misma revista a la que hace referencia. También
la referencia al resumen burlón es un referente de
la propia posdata donde esa mención está inscrita.
(13) A. Bioy Casares. Op. cit. P.
76.
(14) Ibid. P. 63.
(15) "L'universo di Blanqui, come
si è visto, si pluraliza in multiversum".
Fabrizio Desideri en el Prólogo de L'eternitá
a traverso gli astri de Louis-Auguste Blanqui. Ed. Theoria
s.r.l. Roma, 1983. P.20.
(16) En Plan de evasión (1945)
Bioy atribuye a sus personajes nombres de colaboracionistas
franceses durante la ocupación nazi. La trama tiende
lazos hacia otras épocas pero se orienta en la misma
dirección:"- Mi nombre es Bordenave. Me llaman
Dreyfus porque dicen que siempre hablo del capitán
Dreyfus. - Nuestra literatura lo imita. - ¿Verdad?
Dreyfus abrió mucho los ojos y sonrió extrañamente-.
Si usted quiere ver un pequeño museo del capitán..."
Adolfo Bioy Casares. Plan de evasión. Ed. Emecé
Bs. As. 1945. Pgs 48 y 49.
(17) E. Cozarinski: Borges y el cine.
París, 1974. La presencia de Borges impregna todo el
film: los autores han señalado con delicadeza, en una
escena donde el protagonista, empleado en una editorial, dicta
por teléfono algunas correcciones de pruebas que pertenecen
inconfundiblemente a un texto de, o sobre Borges: allí
aparecen palabras como Tlön, o el el nombre de
Evaristo Carriego, no menos ficticio para Europa, como
observó Emir Rodríguez Monegal en su prólogo
a la edición francesa del Evaristo Carriego,
Paris, Seuil, 1969 -que Herbert Quain o Pierre Ménard.
(18) E. Cozarinskv Op. Cit. 90: En una entrevista
con Alain Resnais y Robbe-Grillet, este último cuenta
que tras una exhibición privada del film, recibió
una llamada de Claude Ollier, quien le dijo: "Mais c'est
L'Invention de Morel; como Resnais no conoce el libro,
los entrevistadores le refieren aquellos aspectos que asocian
con el film y el director concluye en que hay un "rapport
... frappant".
(19) Tuvo tanto éxito que se dice
que durante un año o más, en New York se usaban
sombreros a la Marienbad. Dictionnaire des films. G.
Sadoul.
(20) Cuando lo relaciona con "Básteme
declarar que Bioy renueva literariamente un concepto que San
Agustín y Orígenes refutaron, que Louis Auguste
Blanqui razonó y que dijo con música memorable
Dante Gabriel Rossetti:-I have been before, -But when or how
I cannot tell ...."
(21) Hace 50 años El universo concentracionario
que describe David Rousset (Les Éditions de Minuit.
Document. Paris, 1946), o los centros de información
con que los nazis designaban a los crematorios (Michel Deguy
"Une Oeuvre après Auschwitz" in Au sujet
de SHOAH, el film de Claude Lanzmann. Berlin. Paris, 1990.
P. 42) "banalidad del mal", un cliché desprovisto
de significación para un hecho tan atroz que es inconcebible.
Desde febrero de 1941 hasta que las tropas alemanas se retiraron
de Francia, Je suis partout fue el semanario político
y literario más importante de los colaboracionistas
franceses (Pierre-Marie Dioudonnat: Je suis partout: 1930-1944.
La table ronde. Paris, 1973). En "Planes para
una fuga a Carmelo", aparece el Uruguay "como
un lugar muy agradable donde se ha suprimido la muerte"
(La observación es de Noemí Ulla) "pero
el invento de los médicos proporciona juventud a la
gente pero la matan para que no haya enfermos; por eso son
un poco fascistas. Y nos atribuyo el fascismo, derecho que
me parece tenemos ganado." N. Ulla. Op. Cit.
22) "No es infrecuente, en las regiones
más antiguas de Tlön, la duplicación de
objetos perdidos. Dos personas buscan un lápiz: la
primera lo encuentra, y no dice nada; la segunda encuentra
un segundo lápiz no menos real, pero más ajustado
a su expectativa. Esos objetos secundarios se llaman hrönir
y son, aunque de forma desairada, un poco más largos.
Hasta hace poco los hrönir fueron hijos casuales de la
distracción y el olvido. Parece mentira que su metódica
producción cuente apenas cien años, pero así
lo declara el Onceno Tomo." Jorge Luis Borges. Tlön,...
P. 439
23) Con posterioridad a la publicación
de este artículo se publicaron algunos capítulos
de L'éternité par les astres. Hypothèse
astronomique en PLEINE MARGE. Jacqueline-Chénieux
Gendron, editor. No.22. Paris, France. 1995; así como
una edición completa, en Seuil-Fleuron, Paris-Genève,
1997. Una traducción al español, fue publicada,
por primera vez, por Siglo XXI, México, 2000.
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