Visión y división de una misma mirada : sobre una poética de la escritura en las imágenes de Joaquín Torres García

Ahora hay que hacer la pintura sin nombre.
Joaquín Torres García
Mística de la pintura (1)

Sobre todo, no empezar definiendo.
Tomás Maldonado
"Actualidad y porvenir del arte concreto" (2)

"Lo indefinible consiste en hacer invisible la definición."
R. Rasas Pét
"Madigrafías" (3)

¿Arte abstracto? ¿conceptual? ¿concreto? ¿no figurativo? ¿no objetivo? ¿arte constructivo? ¿universalismo constructivo? ¿arte Madí? ¿"un art autre"? (4) ¿otros? Dadas la extensión y disparidad de las posiciones estéticas a las que alude, esta serie de interrogantes plantearía no solo una "cuestión del nombre" sino debatiría el criterio de una taxonomía paradójica según la cual la clasificación reúne y ordena por desemejanza en lugar de hacerlo por similitud. "Ser diferente es así lo más valioso".(5) De ahí que empezar por recordar la pluralidad denominativa no solo implica incurrir en las trivialidades de la enumeración sino reconocer, desde el principio, la intención de legitimar la variedad como libertad. Una reivindicación compartida que se defiende con fervor ya que se resiste contra las imposiciones convencionales de la representación, cuando representar supone imitar una realidad que la conforma. Una misma convicción por liberarse del mimetismo naturalista y por adherir a una poética que se propone la intransitividad como trascendencia consolida la voluntad de emancipación que todos proclaman:

(...) precisar más estas consideraciones equivaldría a correr el riesgo de desvirtuar la esencia antidogmática de este arte. Conviene tener presente, en consecuencia, que el arte concreto no es un dogma, sino un método, el mejor método, para lograr un arte real y desmitificado. (6)

Desde hace tiempo, tales variedades comprendidas cubren un espectro difuso que se extiende hacia prácticas y postulados tan diversos como la serie de los nombres que los designan. Para justificar esa difusión, podría conjeturarse que ninguna obra se sustrae a los procedimientos de la abstracción. Más allá de las oposiciones entre un pensamiento que procede por abstracciones o por imágenes, por sus semejanzas visibles o coincidencias más secretas, sería tan inconcebible dejar de abstraer como dejar de pensar. Por otra parte, si la propia definición de arte es tan elusiva como para hacer de esta elusión su definición contradictoria, esa nomenclatura insinuaría una indefinición y, como tal, una noción sin límites, convalidando la índole dispersa o la disolución de una trama lógica que se escurre en varias direcciones. Una vez más, habría que preguntarse cómo contraer a términos aquello que los términos no abarcan o cómo acceder a fines que tampoco terminan.

Lo que yo quiero expresar por el término arte constructivo, abarca todo el arte. Todo verdadero arte es constructivo.
Lo que yo quiero expresar por el término arte abstracto, abarca todo el arte. Todo verdadero arte es abstracto. (...) Por esto, decir pintor o constructor tendría que ser lo mismo. Pero este es el constructor plástico: después hay un constructor músico, el constructor poeta, el constructor arquitecto, y el constructor escultor. Y todos estos artistas constructores entonces están en lo abstracto. (7)

Pocos años después de las declaraciones de Torres García, es Tomás Maldonado quien se pronuncia en los siguientes términos:

Hay que comprender de una vez por todas -aun cuando la opinión más ampliamente difundida sostenga lo contrario- que este arte no es abstracto sino concreto. Decimos que no es abstracto porque no busca reflejar ilusoriamente la naturaleza sobre una superficie, procedimiento específicamente abstracto; decimos, en cambio, que es concreto porque se propone la invención de una belleza objetiva a través de elementos igualmente objetivos.(8)

Se trata de una misma posición; sin embargo, los términos son contradictorios, contradictorias también las formas en que ambos autores los aplican. En principio, ambos se refieren, por medio de términos opuestos, a nociones indistintas; parecen coincidir en revelar, con semejante contundencia, las ambigüedades de una corriente artística que avala la antítesis, confiriendo a las palabras -además de una función denominativa y del enfrentamiento de términos que supone- la posibilidad de especulación respecto a una realidad cuestionada desde el lenguaje, dando cuenta de la crisis referencial que aún hoy se prolonga en relativismos lábiles. Sus especulaciones ponen en evidencia que las teorías sobre un ámbito intertextual, que impugna o excluye la referencia, no son privativas de la literatura, ni de la historia ni de la filosofía. De ahí, entre otras razones menos circunstanciales, el interés de estos artistas por una pintura abstracta, por las concreciones que se oponen a una realidad discutible ya que no solo ocurren entre palabras, entre códigos y leyes, entre imágenes e ideas, entre unidades y estructuras:

Agotado el poder de novedad y, por ende, el valor estético de la Obra Figurativa, ha correspondido al llamado Arte Abstracto o, mejor aún, Arte Concreto, librar desde principios de siglo la batalla por la invención.(9)

Además de esa variedad, la denominación plural del mismo movimiento artístico sugiere una relación -si no conflictiva- inusual con la palabra. Aunque no puede sorprender que, contra una tradición que opone la imagen visual al discurso, estos pintores asuman la palabra como uno de los materiales válidos, uno más, para elaborar en su práctica pictórica. En consecuencia, no es extraño que proclamaran manifiestos, promovieran polémicas; eran épocas que todavía sabían de disputas, pronunciamientos y consignas. "Hace veinte años pululaban los manifiestos" decía Borges en 1938 (10), pero tampoco escasearon ni en esos años ni varios años después: "Madí surgía a la luz con el ímpetu vitalista y en cierta medida insólito de sus manifiestos, declaraciones, volantes, apostillas, en las que se abogaba contra la representación (...)".(11)

Más allá de las irrupciones de una literatura transgresiva que se proponía abarcar la totalidad de lo visual y lo poético, inventando "una ficción traspasada por lo real (...)"(12), la estetización de la palabra, la jerarquización del discurso polémico, no comportan, en la mayor parte de los artistas de entonces, una suficiente disposición literaria ni un interés visible por participar en los cenáculos poéticos que, a su vez, se mantienen discretamente a distancia de las actividades artísticas.(13) Es extraño. Editaron revistas donde fundamentaban sus teorías y prácticas artísticas, escribieron notas críticas en los catálogos de sus exposiciones, publicaron poesías pero, a pesar de estas actividades, no eran ni suficientes ni frecuentes las afinidades con los círculos literarios. Sin embargo, habría que considerar a Edgar Bayley, Maldonado él también como su hermano Tomás, un ensayista de carácter, un poeta que inventó el "invencionismo", dos veces inventor, de quien el año pasado se publicara un volumen importante de Obras (14) con poemas y textos de diferente género, dos décadas después de un premio tardío a su poesía y a su dirección y colaboración de revistas.(15) Su pronunciamiento poético: "no expresión, no representación, ningún significado"(16) estrecha versos en los que una pala puede coincidir, en parte, con una palabra, con pocas palabras, acercándose al "cuerpo del silencio". (17) "En común" con las preocupaciones estéticas de los artistas visuales que le fueron contemporáneos a partir de la segunda posguerra, su quehacer poético tiende a liberar sentidos inadvertidos que subvierten la expectativa semántica en busca de una lógica distinta. Su obra corrobora la afirmación de que fueron poetas, en su mayoría, quienes promovieron los movimientos artísticos del siglo XX .

Torres García publicó libros, dio conferencias -centenares-, las publicó; extendió en Montevideo, a partir de 1934, la práctica editorial que había afirmado en París, en 1930, cuando fundara con Michel Seuphor la revista CERCLE ET CARRE, afianzando por medio de publicaciones -un uso que habían impuesto los artistas europeos- la defensa de sus pinturas por la fundamentación intelectual de sus escritos. No obstante, a pesar de las publicaciones y presupuestos compartidos, es endeble y discontinuo el nexo tendido desde las artes visuales hacia la literatura y otro tanto ocurre en sentido contrario.

Un umbral entre visual y verbal

Si bien el discurso permanece exterior a la composición plástica, se consolida una vez más, la indisociable conjunción de lo verbal y lo visual en el interior del objeto artístico, un procedimiento estético que anima la imaginación del arte abstracto, del arte. La alianza entre pintura y poesía no es reciente; es tan antigua como la relación entre imagen y palabra, aunque su fusión recién haya encontrado en los medios de comunicación contemporáneos y en las prácticas informáticas el relieve inusual que, por familiaridad y abuso, paradójicamente se inadvierte. En el arte abstracto, la palabra está doblemente presente, dice y se ve. Tanto en Torres García como en quienes fueron sus discípulos y recogieron en sus obras las prédicas del Maestro se observa la preferencia por hacer visibles las palabras. Augusto Torres, Horacio Torres, Gonzalo Fonseca, José Gurvich, Julio Alpuy, Francisco Matto, Manuel Otero, Manuel Pailós, Héctor Ragni,(18) intercalan, entre las imágenes, signos que se vuelven íconos, combinan las palabras con otros íconos que proceden de un mismo inventario visual, huellas de una invención verbal que reticula el tránsito entre grafismos diferentes, entre dos medios que se asimilan en una misma visión, sin dejar de decir. Si bien suenan destempladas las voces de "Poésure et Peintrie",(19) estas gárgolas léxicas consienten y exhiben el entrecruzamiento de "Poésie"y "Peinture", no más que un hápax -o dos- que designa la disposición de una estética cruzada , un híbrido que no solo se remonta a la invención de Mallarmé y al deseo de decir el espacio, como quien dice el silencio.

Las palabras en pintura son clave de una opción plástica por una sustancia simbólica que, configurando su cartografía emblemática (AMERICA, SUR, URUGUAY, MONTEVIDEO), contrasta con la categorización de universales (UNIVERSO, ETERNIDAD, HOMBRE, ALMA, RAZON, ESTRUCTURA, LEY, REGLA) a partir de la escritura (THOT,(20) la invocación al dios egipcio que, según los mitos, creó las letras). Más cerca de la señal que del signo, aunque signifiquen, indican. Marca de un gesto más que un enunciado, la palabra sola, aislada, señala y apela, prescinde del contexto en el espacio del cuadro que deviene lugar de pasaje, un límite y una simbolización de ese límite. La precisión de las inscripciones intenta franquear el umbral que podría distanciarlas, atenuando las oposiciones entre ver/leer, mostrar/decir (to show/to tell), como otro acceso a la plenitud de la Unidad.

El pasado no escatima ejemplos de una afinidad que se procura y se remite, como a un proverbio, a las clásicas variaciones de ut pictura poesis: las ondulaciones de los versículos sagrados de las filacterias, las soluciones paradojalmente icónicas que, aún en las culturas que repudian la imitación figurativa, brindan los alfabetos -los alefatos-, replicando las sinuosidades de una escritura sagrada que no queda sometida a la interdicción de las imágenes. Esta avanzada caligráfica contra la mimesis, el rechazo rotundo del mundo de las cosas, podrían ser trámites anacrónicos de una abstracción "avant la lettre". En fin, una vez más, cuentan "Les mots dans la peinture", como diría Michel Butor (21), quien no descarta de este planteo verbal los títulos de los cuadros -tan válidos como para que los surrealistas los hayan requerido de los poetas o como para que el cuadro de pintura abstracta contribuyera a precipitar propiedades lingüísticas. Ni la caligrafía de los títulos de Paul Klee excluye la lectura en la mirada, ni la lectura se apea en la contemplación. Aunque se diferencie, el estatuto verbal le resulta familiar a la mirada, visión o división, en ambos casos, los trazos están a la vista.

En la exposición, en la contemplación, en el análisis, importa la figuración de los nombres del autor, la mención de las fechas -aun cuando tampoco hayan sido los propios artistas quienes enunciaran estos datos; más aún, es necesario superar la atracción de la escritura en la pintura a fin de evitar los automatismos de esa suerte de "reflejo de lector" en la mirada. El homo legens -el hombre que lee- no posterga la visión por la lectura pero cede a la ansiedad por entender, presente hasta en la fascinación del observador. En distinta medida, con objetivos diferentes, pero como contrapartida a esa fuga de la mirada hacia la escritura, se verifica una situación opuesta y similar cuando el texto recurre a la ilustración de las imágenes, a la "iluminación" de códices y de libros que atraen, a manera de emblemas, la atención del lector. El expediente cambia: una metamorfosis de figuras en letras que las describen o de escritura que deviene esas figuras a las que la escritura refiere, crea una magia de imágenes anticipando las técnicas más recientes de la infografía, revelando el placer de hacer: "Ce que je sais, et ce que je fais par moi-même".(22) Al final de una página escrita por Torres García, en uno de esos libros que arma con ocres ásperos adelantando la severidad de papeles que la actualidad recicla, donde escribe o dibuja, como hendiendo la página, símbolos desiguales, letras irregulares, en mayúsculas enormes, la sílaba HOM -que se continúa al dorso en un dibujo constructivo- reúne los signos de su heráldica estructural encabezada por la sílaba final: BRE - UNIVER - S0. (23)

Las palabras visibles en la pintura tradicional y las imágenes en los textos ilustrados, la incorporación de fragmentos escritos, de periódicos, de libros, de partituras, de avisos, de textos de diversa procedencia, conformaron una coherencia por yuxtaposición que el cubismo ya había razonado. Otros recursos de aproximación entre las imágenes y las palabras se registran en las críticas a las obras y corrientes de las que más de un poeta, y Baudelaire en particular, diera escritos ejemplares; sus poemas, sus ensayos críticos no escatiman la exaltación poética a artistas y pintores.(24) Las referencias literarias a cuadros, los ejercicios de ekfrasis -ese arte de ver y decir lo que se ve- que no son ajenos a la poesía ni a la literatura en una contextualización que distingue sus mejores páginas: la descripción de pinturas, de obras visuales, son temas que, desde la Antigüedad, no se diferencian de otros asuntos literarios, constituyéndose, incluso, en el aspecto central del universo poético.(25)

A pesar de la restricción territorial al Río de la Plata, de la (presumible) identidad de los hombres de esta región de América de la que hablaba Borges en relación a la identidad literaria común,(26) a pesar de esa procedencia semejante y arraigada, de las precisas dos décadas que restringen la atención a una época acotada, desde 1933 a 1953, sería difícil verificar una presunta uniformidad regional en materia artística. Ante esta diversidad, se podría argumentar la reclamación de Torres García: "sin que el artista se libere de lo circundante inmediato, para entrar en la universalidad de todo, no hay verdadero arte".(27) En su caso, esa determinación cuenta, en varios sentidos dirigidos por una misma voluntad de inteligencia casi teológica o predicación pastoral, en busca de una esencia cierta que alienta acción y dicción en el arte abstracto.

La idea en la imagen: los riesgos de una aventura universalista

La asimilación de nombres y números a la sustancia artística forma parte del afán de universalidad que procura, en las palabras y en las regularidades de una geometría trascendente, un repertorio de universales y de iconos simples, se diría entre emblemáticos y esquemáticos, aptos para abstraer en las variadas particularidades de la experiencia sensible la uniformidad elemental. Palabras, rectángulos, cuadrados, círculos, triángulos, un hombre pequeño, una mujer igual, un sol, una luna, un pez, un barco, un reloj, una balanza, un martillo, un ancla, una flecha, exhuman los símbolos primarios del hombre universal al que el pintor diagrama por medio de inscripciones rústicas, casi rupestres, en una yuxtaposición de palabra y figura que si bien no se propone ilustrar, tampoco completa, ni impugna, ni confirma, a veces redunda. Aunque procure la búsqueda de una archi-inscripción, la repetición arriesga que se imponga, en lugar del arquetipo, un estereotipo más.

Enmarcados en pequeños rectángulos de medidas distintas, esas ilustraciones recuerdan tanto la composición fragmentada de los vitrales como anticipan la colección de iconos informáticos que balizan la actualidad, transidiomáticos, mundializados, ubicuos, normalizando la circulación de un mundo guiado y en movimiento. El cuadro, una tabla (tableau?), un tablero, como las piezas de juegos que el pintor construye, distribuyen un espacio lúdico: las figuras se repiten como si fueran piezas móviles que pasan de un cuadro a otro, también las palabras. No parece forzado asociarlos con la preocupación por la palabra, por el número, por su figuración -el número es figure, en inglés, de la misma manera que número y nombre cruzan voces y significados, como espadas en español y francés- por la escritura, en la reflexión o en la realización. Son recursos que determinan las bases formales de una estética visual, los incorpora como parte de la materialidad a elaborar por un arte total sin soslayar lo verbal.

En una sentencia de su "Aforística figurativa", decía Bergamín de Picasso: "Antes del cubismo, en el cubismo y después del cubismo, Picasso es pintor puro: inventor formal; constructor abstracto; arquitecto poético; creador absoluto".(28) Desde Kandinsky -que descubre el misterio de su propio cuadro al destematizarlo con la intención de ver solo formas y colores-; desde Klee -que afirma penetrar, por medio de formas simples, una interioridad inaccesible-; o desde Malevich -que contrae su imaginación a un cuadrado negro, o a un cuadrado blanco sobre blanco, es decir, a una forma geométrica básica, un color que no es un color o que reúne todos los colores, arriesgando su pintura hasta los límites, abandonando el sujeto a un mundo sin objeto(s)-, la pintura se libera de lo accidental, buscando a través de la abstracción geométrica de Mondrian, el arquetipo, lo permanente, lo universal.

Desde Torres García, y su prédica casi religiosa, a Esteban Lisa y el silencio del pintor,(29) los procedimientos de apropiación abstracta muestran, o no, un mundo que se sustrae a los accidentes del espacio por un tiempo que trasciende a la ilusión de un más allá próximo. También Arden Quin, Gyula Kosice, al inventar el arte Madí y los desafueros verbales que propiciaba, propugnan esta nueva elección de artistas, determinados irreversiblemente a derogar de una buena vez la figura y repudiar cualquier forma de imitación que hiciera de la realidad modelo. En distinta medida y latitudes distantes, unos primero, otros poco después, inventan procedimientos que revelan diversidades impugnando la validez de la representación. Torres García se propone transformar la figura y, sin llegar a la desfiguración, la altera según los parámetros de una geometría que, en su desasimiento casi misional, aparta las figuras de su situación, de sus eventualidades. Un apostolado austero soslaya lo accidental a fin de rescatar de la memoria trazas de totalidad.

La presencia total del Hombre tiene que aparecernos manifestando el misterioso equilibrio que hay en tal idea, pero no por descripción ni por representación, y como debe darlo el arte, simbólicamente. (...) en el plano naturalista es imposible llegar a la universalidad. (30)

A semejanza de otros procesos culturales, los signos empiezan por ser iconos que se desmimetizan gradualmente de la realidad, que han perdido la carga analógica que los degrada si no en caricatura, en visiones superfluas de lo particular. Desde las grandes culturas, las más remotas, hasta las muestras que predominaron en el "siglo de las dos equis",(31) no deja de ser una constante de esta forma artística la vocación de pureza y despojamiento, la tendencia hacia la abstracción geométrica y la necesidad de concretarla. Estos artistas también aspiraban a "humanizar lo geométrico geometrizando lo humano"; por eso inventan procedimientos que rechazan severamente la alusión a la realidad sensible, deploran el simulacro de reproducciones que desorientan la necesaria disposición hacia lo universal, haciendo prevalecer el apartamiento de todo mimetismo que, por aspirar a duplicar lo ya existente, se limita a redundar.

La recurrencia de la imaginación creativa, la atracción de los extremos culturales, confiere a las primeras manifestaciones artísticas, primordiales o primitivas, coincidencias con las etapas avanzadas, aquellas en las que (aprendidos los métodos, consabidas las fórmulas) cuenta el deseo del artista de alcanzar una originalidad personal que, en algunos casos, lo remite al principio mítico donde logra entrever la originalidad por el origen:

Una obra de arte, como tantas veces lo he dicho, viene determinada por su base; y su base es el artista. Y entonces, haga este lo que haga, adopte la teoría que quiera, siempre estará en la armonía, siempre será obra viva, la suya, siempre será obra ajustada y lógica, y siempre será original. (32)

Coherente y sustancial, la valoración del origen fundamenta su doctrina de "universalismo constructivo" que se opone a las distintas corrientes europeas y a sus transgresiones: "Todo eso ya pasó. La voz de América nos llama", declara Torres denostando ahora el impresionismo, a Cézanne, también al cubismo, al "sobrerrealismo", al neoplasticismo o al naturalismo fotográfico. Desde la carátula del voluminoso Universalismo constructivo, luce la inscripción Contribución a la unificación del arte y la cultura de América, anunciando desde el subtítulo la reivindicación de su condición americana, la urgencia por resolver "el problema del Arte de América",(33) la exploración de un arte que considera inédito. Apremia la reflexión sobre "¿qué hemos hecho; qué estamos haciendo; de dónde venimos; adónde vamos; qué somos; en qué tiempo estamos?",(34) diferenciando, en estos planteos, la nación -que atiende la política del estado-, de la tierra -que atiende lo cósmico en vista del encuentro obstinado con las culturas más antiguas del continente.

¿Y todo eso era el arte de esa pequeña república sudamericana? (...)
-La existencia de este arte que aquí usted ve -dijo- se debe a la presencia de dos hechos de distinto orden y naturaleza, sin los cuales no podría explicarse. El primero, que es de orden histórico, sería el culto hélice practicado desde edades remotas en las tierras de América, y que subsiste. Algo de la resonancia de otros tiempos es percibida aún hoy, y así, consciente e inconscientemente, todos los sudamericanos la sentimos. El SOL, Inti, como le llamaron en tiempos prehistóricos; el padre común de los pueblos de aquel hemisferio, es el dios mayor de nuestra teogonía. Centro de nuestro sistema, regulador del orden, fuente de vida, creador de la belleza, él es símbolo de nuestra existencia, al describir su aparente curva entre la aurora y el ocaso. (35)

De la misma manera que había adherido a las avanzadas europeas, vuelve a adoptar un imaginario remoto, precolombino esta vez, tan exótico al Río de la Plata como la visión anterior. INTI, INDOAMERICA, PACHA MAMA, palabras o talismanes que introduce a manera de contraseñas fundacionales relativas a un pretérito intemporal al que Torres García consagra su devoción laica intentando alcanzar una armonía que supere la hora de ahora y el espacio de aquí. Ese catálogo es una nueva opción. Depone sus convicciones anteriores para exhibir estos ritos y ritmos arcaicos en un flamante escudo de armas. A partir de estas nuevas divisas viejas, de las reverencias a una arqueología diferente, Europa parece quedar, más que atrás, subsumida. Dice pesarle, tanto la fugacidad de fulguraciones falsas como el atraso de un continente que tampoco supo atender, en su momento, las corrientes europeas, aun cuando -al decirlo- ya las sabía superadas. A propósito de la propensión sincrética que integra numerosos y diversos elementos en su concepción, experimenta la necesidad de una recuperación que, desde el Río de la Plata, se aproxima más a la necesidad de inventar un pasado que, indoamericano, se siente tan ajeno como distante. Si bien esta invención puede entenderse como uno de los rasgos sobresalientes de la inteligencia latinoamericana, que padece esporádicamente el malestar de genealogías dispersas, también puede observarse como un ritual que, por impuesto o impostado, no siempre se comparte.

Una invención desmedida

En cambio, un camino opuesto pero con un propósito continental semejante tienta a otros artistas de la región, contemporáneos, a incurrir en extravagancias, en provocaciones excéntricas que se hacen más notorias por la insolencia de palabras inventadas. "Arte Concreto - Invención", primero, "Invencionismo" después, con mayor frecuencia "Madí".(36) El término, desconcertante desde un principio, designaba en todos los casos un movimiento artístico típicamente rioplatense y todavía se sigue prestando a especulaciones semánticas formuladas con fundamento vacilante. Se ha argumentado una alteración -poco probable- de Madrid (Madrí, Madí), o el conjetural anagrama que combina letras del nombre propio del artista: M de su primer nombre, A y D del segundo, I del último o -si de conjeturas neológicas se trata- podría ser una derivación loca (mad) en inglés o el inesperado acrónimo de materialismo dialéctico (37) o, tal vez, otra articulación del sin sentido. Para Nelson Di Maggio, Madí "Será el detonador de la modernidad uruguaya, hasta el momento difusa y errática ".(38)

"Cada página del Madinemsor es una sorpresa y una alegría",(39) comenta el autor de una columna anónima, al recibir la revista "Nemsor No. 0 del Movimiento Madi Universal", donde asimila Arte Madi a Nemsorismo definidos (si cabe la palabra) como "la organización de elementos propios de cada arte en su continuo". Si de definiciones se trata, también "nemsor" es registrado por el cronista: "como una patentización del tiempo estético en el espacio", quien aclara hacia el final "que las simplificaciones del arte moderno no son adecuadas a mentes complejas y torturadas como la nuestra." Bromas aparte o a la orden, se trata de burlar los límites del propio idioma, recurriendo al sin sentido, a la excentricidad gratuita, a voces homofónicas de otro idioma o a la precariedad de nuevas nomenclaturas, léxicos abstrusos, combinaciones impronunciables, trasponiendo distribuciones fonológicas o significados de una semántica delirante: "Para el madismo, la invención es un 'método' interno, superable, y la creación una totalidad incambiable. Madí, por lo tanto, INVENTA Y CREA" como dice Kosice quien, en el "Diccionario portátil Madí" aventura una serie de voces estrafalarias, ordenadas alfabéticamente, que descartan la posibilidad de cualquier criterio lógico: entre otras, "Eche-Echel, Harpir, Llihst, Llojeño, Nacichud, Rodyi, Sadña, Wior-Eil, Yerbrell, Zasz. A veces, un nombre conocido: "Kosice: léase a b c d ¿qué?" (40) o, con inesperada coherencia, el nombre de otro de los integrantes de Madí: "Rothfuss: ¿por qué las banderas son cuadrilongas?". Ni cabe alegar la posible sensualidad de la imagen ni la inteligibilidad de la palabra inverosímil; son autores que inventan términos, definiciones, seudónimos cruzados, sus propios nombres propios son inventados. (41)

Parte imagen parte idea, las formas devienen símbolos de la aventura del traslado, del desplazamiento, convirtiendo este movimiento en su metáfora literal. Sin embargo, a mediados de siglo, en las décadas que lo fracturaron, con la valoración de esa condición cruzada, los artistas se arrogaban los heroísmos de la vanguardia -como tal fugaz- tanto como la misión de una cruzada contra nacionalismos aberrantes. Los pronunciamientos y obras Madí manifestaron una lógica poética, desechando las parcialidades de cualquier doctrina, confiada como tal a argumentaciones taxativas de un discurso racional. Sin tropiezos, la pintura circula entre palabras y las palabras en pintura, de ahí que, años más tarde y a propósito de J. Kosuth, de sus realizaciones e investigaciones conceptuales tan próximas a la semiología y a la lingüística, Roland Barthes, que se deleitaba en hacer montajes entre texto e imagen, dijera que el arte deviene conversador, bavard, una locuacidad cuyos excesos contrarrestarían la carencia del erotismo que reclama. (42)

Los anima una energía desbordante: "Descolgar todos los cuadros",(43) traspasar los límites de la obra aboliendo sus bordes regulares, alterando su contorno, quebrando y recortando el marco, transgrediendo el espacio reservado a la pintura para inaugurar o invadir el espacio exterior; no separar la obra de su desmesura: "Madí ha inventado el marco recortado e irregular, rompiendo para siempre con el Tabú del Cuadro". Se anunciaba en noviembre de 1946, la tercera exposición Madista de pintura, escultura, música, dibujo, literatura. Fueron, entre otros, Kosice, Arden Quin, Rhod Rothfuss, Edgar Bayley, con el apoyo inicial de Torres García, quienes fundaron en esos años la revista ARTURO, cuyo único número uno aparece con una carátula diseñada por Tomás Maldonado. Considerada la publicación "angular de la ideología modernista de las vanguardias argentinas",(44) fue en su entorno que se fundó la "Asociación Arte Concreto Invención" (45) y Madí.

Como los metafísicos de Tlön, de quienes contaba el narrador de Borges que habían inventado esa región imaginaria, estos artistas tampoco buscan la verdad, ni siquiera la verosimilitud: "buscan el asombro". Entre sus recursos más transitados, la irrupción de neologismos ininteligibles, su fisonomía léxica extravagante, la difícil teratología, los hacía adecuados a una prédica incomprensible, a los misterios que cifran una clausura críptica: "¿Quiénes inventaron a Tlön?". El enigma sobre el que se pregunta el narrador de "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius" es doble, por lo menos:

Surgió la luna sobre el río se dice hlör u fang axaxaxas mlö o sea en su orden: hacia arriba (upward) detrás duradero-fluir luneció. (Xul Solar traduce con brevedad: upa tras perfluyue lunó. Upward, behind the onstreaming it mooned). (46)

Cuando la precisión mecánica se hace cargo de la realidad y la replica, cuando esta reniega de sí misma en copias minuciosas con las que se confunde, es previsible que adviniera una fuga de la sensibilidad hacia formas que no pueden ser expuestas ni sometidas al cuestionamiento comparativo de la analogía. La desaparición de los límites comporta la desaparición de la representación, una revuelta más fuerte que la constante querella de las imágenes, una disputa que no se dirime por la perfección de tecnologías que progresan rivalizando contra la realidad, desplazándola. "El 'cuadro' ya no debe existir" ("PRO MADI"). ¿Por qué el marco o la pintura encuadrada? Los marcos subrayan límites, oponen la realidad a la ficción, marcan una diferencia que estos artistas refutan. Vestigios de "A lo sumo una industria de carpintería atrasada", que se demora tanto en unir zonas como en escindirlas, los constituye en el blanco favorito de invectivas y denuestos.

Anunciadas en las obras de quienes se debaten contra los estereotipos que conforman la realidad tanto como la cuestionan, estas fricciones dieron lugar a nuevas convenciones, tanto para destruir las que prevalecían como para destruirse. De ahí la necesidad de elevar una obra que no esté expuesta a los arbitrios de la historia -seculares y temporales- y lograr, mediante la intuición, aproximarse a la Unidad, a una Totalidad más allá de lo inteligible y material. Vislumbrar lo eterno y universal ya que, en profundidad, esa constante es la realidad de las cosas o sus fantasmas.

Una pintura urbana

Compartidas las circunstancias, el Río de la Plata, las capitales sobre sus orillas, una cronología común de las décadas que articulan la mitad del siglo, las perspectivas adoptadas contraerían la reflexión a un espacio limitado y a un período que no parece excesivo. Se habló del Uruguay como de un "país de cercanías" (47) y esa proximidad obligada no lo enfrenta a las dimensiones, tantas veces mayores, de la Argentina, ni las moderaciones de Montevideo, a las energías cosmopolitas que multiplica Buenos Aires.

Ambas ciudades, otras menos visibles, "los valores de la ciudad",(48) en todos los casos, constituyen el topos donde se radica esta creación manifestada en pintura, en escultura, en bajorrelieves, en arquitectura. Según Torres García, la arquitectura ha mantenido las artes plásticas reunidas, en una urbanización que entiende decisiva para la ética de recato, de trazos nítidos y raptos emotivos contenidos por la "urbanidad". No importa cómo se llame: la ciudad es el sitio, en tanto tema recurrente y camino del que la obra parte y al que regresa. Se habla de paisaje ciudadano como se hablaría del ciudadano de un país y, a pesar de que la ciudad no monopoliza la condición cívica, la identidad cívica la alude. Una reliquia de la polis que excluye del estatuto a gran parte del país -que es ciudadano pero no urbano. En el libro Una ciudad sin nombre,(49) Torres García anima sus inquietudes filosóficas por medio de una especie de narración alternada con ilustraciones. Las resume en una breve "Advertencia" donde, al final, declara: "No se ha querido pintar aquí, otra cosa, que la inacabable lucha entre el Hombre y el individuo, y que está en la misma esencialidad del Cosmos". Si bien el tono doctrinario no es ajeno a los tópicos de tantos textos y discursos, contrasta el énfasis grandilocuente de esas palabras con la presentación artesanal del libro, un curioso volumen elaborado a partir de las destrezas incomunes de una artesanía que aplica a la realización gráfica: caracteres manuscritos de cuerpo irregular, escrituras dispares con errores ortográficos frecuentes, dibujadas más que escritas en páginas sin numerar, fragmentos de dibujos, figuras incompletas, pequeños iconos, monumentos en boceto, personas indiferenciadas, fachadas de edificios, llaves simbólicas, fragmentos de paisajes portuarios, letras en anuncios, carteles de indicación. "Mil productos de la industria, en caja, botes, paquetes; y letras aún, y más letras, y números. ORGANIZACION, MAQUINISMO. Telégrafo, teléfono, abreviación, reloj, botón eléctrico, indicadores, cifras y letras". Blasones de la ciudad moderna, de una batería urbana que no distingue a una capital en particular pero tampoco la confunde, salvo que la torre del Palacio Salvo emblematice las pretensiones de cualquier ciudad y no solo del centro de Montevideo.

(...) lo que ha de darnos cada artista, es, justamente, lo inédito suyo; lo que él mismo desconoce; lo que emerge (como tantas veces he dicho) de las profundidades de su ser; lo innombrable, puesto que es algo que es todo espíritu. De ahí, entonces, lo que antes dije: una pintura sin nombre. (50)

La ciudad está presente en el pensamiento de estos artistas y su imaginario está presente en la ciudad, en sus ciudadanos, de modo casi paradojal. Quienes se propusieron eludir toda imitación de su entorno, suelen ser imitados: sus materiales, colores, motivos, símbolos, hoy forman parte de una visión nacional natural, conforman un paisaje urbano, en la indumentaria, en la decoración, fachadas, carteles, una creación amonedada, ahora de circulación -literal- entre nosotros. Más allá de la anécdota, la coincidencia no es azarosa: acaba de emitirse un billete de cinco pesos con el retrato de Torres García de un lado y una reproducción bastante burda de uno de sus constructivos al reverso del papel moneda. Censurada, inevitable, la imitación se registra con posterioridad, una representación a contra pelo, a pesar de todos los alegatos y vituperios en su contra, consecutiva a la consagración de la obra, a partir de su revelación y acogimiento por las preferencias colectivas.

Las líneas rectangulares que representan esquemáticamente tanto los edificios más altos como las casas, las aristas de las construcciones, el reflejo de los dintornos distorsionados en los cristales, muestran una ilusión de ciudad como en "trompe l'œil". La geométrica realidad urbana predispone una estética constructiva, justifica la impresión que la regularidad de las calles de Nueva York, la reticulación interminable de las ventanas, provocaban en Mondrian. La preferencia por un espectro cromático básico, por una referencia tectónica visible, devuelven su geología primaria a la imagen de la ciudad sin atenuar esa tendencia urbana.

¡Qué visión más extraordinaria, ese descomunal puerto! Esto es una realidad cubista-futurista; geometría, rojo, negro, aire, humo, cables, letras, chimeneas, sirenas, banderas, señales y el gigante transatlántico estático, firme como una isla. Mil lenguas diversas, en letras; brea, alquitrán, mil chimeneas humeando.(51)

Son artistas que, como Esteban Lisa en su Paisaje urbano, comparten una preocupación por las líneas de un orbe que se fragmenta en su dinámica, se desdibuja en el entrecruzamiento de planos que desarticulan la yuxtaposición de los elementos urbanos, traspuestos a la abstracción de un tiempo simultáneo en una visión caleidoscópica.(52)

El constructivismo aparece como una razón ciudadana, pero sin reverencias a la técnica ni al progreso mecánico, sino como un humanismo más. Más cerca de la artesanía que de la mecánica, más cerca de la manualidad que del gran arte, el hombre introduce en la realidad los objetos construidos por su destreza, estratificándola, extendiéndola hacia nuevas dimensiones. La tierra, sus colores, las líneas de su horizonte están presentes en sus medidas y proporciones, filtrada por una dilucidación que necesariamente segmenta las variaciones inasibles de una continuidad rehuyendo la sistematización, a través de modelos variables, de esquemas relativamente flexibles, de una cuadrícula más o menos irregular.

Una libertad ordenada

Sin libertad no hay arte. Quiero decir, que sin que el artista se libere de lo circundante inmediato, para entrar en la universalidad de todo, no hay verdadero arte.(53)

Por un lado, la aplicación estricta de reglas, por otro, la exaltación de la libertad. Torres García no fue indiferente a la reacción que su facundia y predicamento produjeron en un medio sometido a los resabios de una cultura naturalista y a un "desorden que la época romántica transformó en enloquecida clave de su Estética".(54) La devoción de los fieles, las ambigüedades del discurso verbal, sus contradicciones, el pintoresquismo de los iconos, debilitan la conclusión.

Pero ya no se trata de dirimir las polémicas que suscitaron en su momento las muestras del arte abstracto ni de revertir la respuesta adversa del público que indujo a Juan del Prete a apartarse de su convicción para volver a un naturalismo en el que difícilmente creería.(55) Una negación diferente frente a causas semejantes ocurría con Esteban Lisa, "creador marginal y secreto",(56) quien prefiere refugiarse en la discreción y el retiro. Aunque su aislamiento se ha atribuido al "canibalismo de la cultura argentina", a la expectativa mística de una revelación,(57) responde al propio ejercicio de una autocrítica severa pero también a la voluntad de privilegiar el acto de creación por sobre sus consecuencias,(58) al anhelo de mantener los principios de una concepción filosófico-científica fundamentada en reflexiones a partir de numerosas lecturas filosóficas y estéticas que abarcan desde Platón a Heisenberg.(59) Su breve libro Kant - Einstein y Picasso. La Filosofía y las "Cuatro Dimensiones" en la Ciencia Estética Moderna (60) resume la relación filosófica en la que concentró la mayor atención de su estética y determinó su hacer intelectual y artístico.

En Montevideo, en el círculo mítico creado por el semanario MARCHA, a partir de 1945, se reunían jóvenes pensadores, políticos, críticos de arte y literatura. Fundado por Carlos Quijano a mediados de 1939, el periódico y las adyacencias editoriales, literarias y culturales concentraron las figuras que distinguieron durante tres décadas, con el mayor poder e influencia, la reflexión uruguaya, definiendo las orientaciones intelectuales y el horizonte imaginario del país:

Una de las características más notorias del equipo que irrumpe en MARCHA hacia 1945 es la comunidad intelectual. Aunque hay grandes diferencias de intereses y hasta de especializaciones (...) hay un sentido comunitario en la tarea periodística de este primer grupo de la generación del 45, un respeto por la obra crítica objetiva, una desconfianza de los presupuestos emocionales de la creación, una reserva frente a las palabras y los sentimientos mayúsculos, una reticencia a creerse escritores. Se usa mucho entonces la palabra cronista para definir los límites de una actividad voluntariamente asumida en el nivel periodístico y sin falsos oropeles. (61)

A pesar de que podría presumirse la existencia de vínculos firmes entre el espacio artístico y literario, son pocos los testimonios o los escritos que los avalen. Otro tanto, y en los mismos años, ocurría en la otra orilla del Río de la Plata:

Hacia 1945 aparece una nueva generación en la literatura argentina. Esta generación no resulta visible de inmediato ni tiene (como la que hacia la misma fecha se perfila en el Uruguay) una fisonomía editorial propia. La literatura argentina mayor, la que dirigen los hombres de la generación de 1925, los llamados martinfierristas, apenas si advierte, con simpatía condescendiente o con cierto bieneducado fastidio, la aparición de los primeros adelantos del grupo.(62)

Son varias las revistas que se publican en los mismos años en la Argentina, afines a las que recogen las inquietudes artísticas de entonces, compartiendo con frecuencia colaboradores y temas: VER Y ESTIMAR, CONTEMPORANEA, CICLO, BOLETIN 2, NUEVA VISION.(63)

Aunque estrictamente contemporáneos, un recorrido paralelo mantenía, sin embargo, a distancia escritores y artistas; salvo algunas aproximaciones rapsódicas, las incidencias se producen sin mayor irradiación ni consecuencia.(64) En este sentido, se habría presumido auspicioso que, en el primer número de la segunda época de Entregas de la Licorne, se dedicara un artículo, no demasiado extenso, al "Taller Torres García". Sin embargo, por la importancia que reserva su directora, Susana Soca, a las bellas artes de la época en el mundo, sorprende que el autor de ese texto (quien, por otra parte, es el director responsable de REMOVEDOR, la revista del Taller Torres García), no le dispensara una mayor profundización.(65) Un texto de Francisco Espínola que publica la conferencia pronunciada como homenaje a Torres García, con posterioridad a su muerte, sería la única colaboración literaria importante en REMOVEDOR (66) del que aparecieron veintiocho números durante varios años (de 1945 a 1950 y un único número en 1953).

Por otra parte, Juan Carlos Onetti, o "Periquito el Aguador", el seudónimo con que firmaba sus colaboraciones en MARCHA desde su fundación hasta 1941, había dedicado una nota a "La Asociación de Arte Constructivo" y, en particular, a la conferencia número 500 pronunciada por Torres García en Montevideo. Dada la resonancia discontinua que en los medios literarios se dispensa a la labor del artista y a pesar de que, en este caso, ese escritor asume las funciones de periodista, vale la pena transcribir el fragmento donde hace referencia a la resistencia que profesa en su contra el ambiente de entonces:

Esta conferencia, además del valor educativo de todas las que dijera Torres García en estos últimos seis años, tiene un interés particular. Se trata de la historia de una experiencia y, naturalmente, de un desencanto. Este folleto de apenas cuarenta páginas merece ser guardado cuidadosamente. Algún día constituirá un documento definitivo acerca de la seriedad de la cultura nacional de estos años. Desgraciadamente, para entonces, la tierra se habrá quedado sin nosotros. Pero tenemos la ilusión de que habrá en el señalado futuro mucha gente que pueda divertirse un rato enterándose de la aventura de Torres García con la flor y nata de la intelectualidad y el arte uruguayos, en el período 1936-1940.
Porque para ese entonces no habrá motivo de indignación y la tristeza que pueda contagiar el honroso fracaso del pintor compatriota se habrá atenuado en mucho. Después de todo, pase lo que pase, Torres García tiene un destino para cumplir; y la tontería ambiente no es, si se piensa, más que un elemento que ayuda a la realización de aquel destino. (67)

Al final del siglo ya a nadie se le ocurriría interpretar el exceso de libertad que se arroga el artista como la consecuencia de una decadencia que anunciaba desde la destrucción hasta la desaparición del arte. En cuanto a las manifestaciones rioplatenses de esta modalidad artística, la adhesión a las reglas, a un orden establecido, la equivocidad de una actitud que, a primera vista , consagra la libertad como la contrae a una regulación normativa, contribuyó a que la abstracción se identificara con una búsqueda de arquetipos que legitimó, por clásica, las exageraciones de los movimientos vanguardistas. Si "Cosmos is Beauty", como había dicho el poeta, su belleza no es solo tautológica ya que kosmos alude al buen orden que rige el universo. Son esas reglas las que debe descubrir -o inventar- el artista a fin de alejar su obra de la realidad aparente y de esas imitaciones que se apartan varios grados de la Verdad. Una aspiración platónica que ni Torres García ni Esteban Lisa desecharían.

El naturalismo repudia toda ordenación. Quiere solo tener en cuenta la representación de las cosas como símiles o reflejos de la realidad, y después de esto la expresión sentimental, poética o dramática, dada en la simulación de un escenario lo más verista posible, sea de un paisaje o de un episodio cualquiera. Diríase que por querer permanecer en el orden natural repudia el orden estético. Esas obras, pues, carecen de ordenamiento en el plano en que debieran estar ordenadas. (68)

El orden, las reglas, las medidas, la mesura, la expresión contenida por leyes que la sustentan. Por medio de las normas, el artista trata de establecer una Regla Universal de Arte a fin de evadirse de la contingencia que altera circunstancialmente sus afanes de absoluto, consagrándola como el mejor instrumento para alcanzar la autenticidad. Recurre a reglas para realizar sus obras y, en sus escritos y dibujos, la dimensión "metarregular" es recurrente. La sobriedad plana de la regla, la abreviatura cabalística de una erre mayúscula que redunda sobre el rectángulo o a un lado del motivo que, fugazmente contradictoria, la representa. Muy próxima a la erre de "RAZON" adquiere un carácter emblemático que, a la vez, la confirma y desinstrumentaliza: el cuadriculado de sus cuadros, de sus dibujos, de las construcciones que, en diferentes materiales, se ampara en esas reglas. Reglas que quedan en blanco, que limitan casas, casilleros, consecuencia de una imaginación lapidaria que impone un orden, el suyo, a un mundo que no disimula su propensión a la diversidad y a la confusión.

Fue así la suya una aspiración -en cierto modo de linaje comtiano- de alojar entre las mallas de una formulación intelectual al hombre, sus obras y el mundo entero. Torres concibe un universo orgánico, intelegible, ordenado por la Regla, medible por el Número, distribuido por la Proporción y la Estructura, regido por la Norma, movido por el Ritmo. Estas nociones son algo más en él que esquemas ideales, hipótesis de trabajo o conceptos instrumentales: responden a la naturaleza misma del Cosmos y hacen que todos -y especialmente los esenciales- Universo, Regla, Número, Estructura, se identifiquen. (69)

"Hay que servir a la regla".(70) Hasta los más esclarecidos de sus contemporáneos inadvirtieron la afinidad entre la profundidad, el fondo, la esencia y la simplificación, la contrariedad entre una mención que por tal deja de ser universal y la concesión particular que aplasta y reduce ya que lo que no se puede decir se debe callar. Invocado, el silencio necesario se aproxima más al sello que al sigilo, aunque en un principio fueran lo mismo. Al condescender a la "representación" de los arquetipos, el discurso aun esquelético consiente una retórica que, por austera, no es menos retórica. Si bien la tentativa era eludir la irrelevancia de lo transitorio o desoír los ruidos del tiempo que es la historia, se profesaba -era la época- una fe ordenada, de creencias y credulidades en doctrinas varias, de divisiones y divisas, aspectos de las ceremonias del culto, próximos a los peligros de la ritualización, a los ecos corales de adeptos que la escualidez a la que se aspiraba no eludía. En uno de los dibujos del Universalismo Constructivo, ese trazado donde vuelve a oponer el "HOMBRE UNIVERSAL" al "HOMBRE INDIVIDUAL", inscribe debajo del recuadro que dice CONSTRUCCION, "ARTE ES SABER CONSTRUIR CON REGLAS". Aparece alguna S escrita especularmente, orden incompleto, pero equivalente a LA TOTALIDAD que le interesa abarcar desde el espacio místico que le facilita una geometría trascendente, universal, apartándolo de polarizaciones binarias, de las oposiciones positivistas de una prédica que entiende la noción de estructura de modo superficial: "Se hablaba de estructura, pero ¡qué vago era el concepto de eso!",(71) sin desconocer que se definía como la idea fundamental. Aunque en algunas obras la inscripción de la regla no se viera ni como palabra ni letra ni emblema, sus propiedades simbólicas no están ausentes; semejante a la índole implícita del código que, cuanto más afianzado, menos se advierte. A propósito de ese estatuto implícito de una regulación idealizada, interesa citar el pasaje que transcribe Esther de Cáceres. Aspirando a una ascesis compartida, a una comunión vivida místicamente, "con espíritu religioso, que quiere decir universal",(72) Torres García diseña la portada del libro de poemas de Esther de Cáceres: Cruz y Extasis de la Pasión.(73)

Quizás a veces nos hemos encerrado demasiado dentro de los límites de la abstracción total: es decir que hemos rechazado toda relación con el mundo formal: o mejor, que hemos dejado de prestar atención a las formas del mundo real, físico. Las imágenes de las cosas y sus conjuntos han sido excluidos a veces de nuestras obras, como disciplina creo que esto ha sido beneficioso. Y hasta creo que el continuar así no sería en perjuicio de nuestro Arte. Pero no todos los temperamentos son iguales y puede que haya entre nosotros quien sienta la necesidad de introducir en sus obras elementos de la realidad. Yo diré: tanto mejor. Porque esto jamás puede significar el abandono de la regla. Pues el que una forma sea plástica, no consiste en que lo sea con relación a una forma real o a una forma inventada, siempre que esté dentro del plano geométrico y que pueda entrar por esta razón en función con otras formas dentro de ese plano en que no sea, pues, una forma imitativa.(74)

Por otra parte, al desmarcarse de las ataduras figurativas que determinan icónicamente la representación como tal, las distintas manifestaciones multiplican una resolución que no puede ser unívoca. Esta apertura que favorece los accesos hacia la multiplicidad, habilitando las versiones ilimitadas de una visión dividida por la particularidad de los acontecimientos, tampoco convalida las obras que responden epigonalmente a otras que las precedieron. El artista debe "salvaguardarse tanto como se pueda, a fin de que escape a las sugerencias o contagios de otros artistas".(75) Ahora bien, ¿por qué es menos naturalista la representación de una palabra que "figura"? Escrita con mayúsculas en la tabla de sus elementos, la imagen de la palabra, inconfundible, inteligible, no reniega de un mimetismo más.

La arbitrariedad del signo invalidaría una analogía que no soportan ni los sonidos ni las letras que los representan. De ahí que, Esther de Cáceres, quien observa desde la literatura, los trámites favorables de la geometrización en tanto procura extraer las articulaciones esenciales de la contingencia, tampoco adhiera a las variantes de un cubismo que, si bien recurría a la geometría, descomponía la complejidad de los objetos, reduciéndolos a un repertorio insólito que soslaya su unidad intrínseca y "su verdad profunda, sustancial":

En un conjunto cubista, el objeto desaparece. Mutilado, pierde su unidad y esencialidad, pues el objeto como tal no existe ya... Y es que el pintor cubista mira solo a lo subjetivo. No percibe el mundo objetivamente. Logra, pues, un valor estético, pero ha cortado absolutamente con el mundo.(76)

En el mismo artículo que se citaba más arriba, después de formular una crítica aún más severa contra la intransigencia de un público cuya incomprensión asimila a la de Adolfo Hitler, Onetti se pronuncia a favor de pintores que se apartan de la figuración telúrica, de los tópicos establecidos, de los trámites de una literatura transitada que el escritor deplora.

(...) la obra de Torres García y su personalidad actúan ya de manera invisible, entre nosotros. Y más tarde o más temprano servirá de punto de arranque para una pintura sin sentimentalismo, sin literatura, sin ranchitos de paja y de terrón, sin querubines rubios, sin madres amorosas y de robustos pechos. Una pintura, simplemente." (77)

Cuando se acerca el fin

Ni el cubismo, que opuso a la vista del objeto el espejo roto de un mundo interior igualmente fracturado, reflejando la figuración que el siglo hizo trizas, reuniendo en el espacio de la tela sus fragmentos antes que la historia terminara por dispersarlos; ni las inconstancias de realismos tan cambiantes e incontrolables como la espontaneidad de los sueños; ni las represiones menos oníricas -aunque igualmente siniestras- que hicieron de otros realismos sus sistemas.

Reafirmados por la certeza de sus declaraciones, estos artistas de arte abstracto, apostaron a la escasez de una realidad que oculta su profundidad en las apariencias o se desvanece en pantallas. Una verdad universal cada vez más elusiva que, capturada fugazmente por las precisiones fidedignas de la exactitud tecnológica, resulta menos verosímil. Aunque por distintas razones ellos sospecharan de la perduración de la historia, o avizoraran los huecos por donde se deslizaron las ilusiones en tragedias, o los pliegues ideológicos que, discontinuamente decorosos, las disimulaban; o declararan la incidencia fatal de esas fracturas sobre la poesía; o insinuaran sus quebrantos sobre la teoría, las doctrinas, los regímenes, las extensiones territoriales, sus jurisdicciones, ya entreveían las acechanzas de una estética de la desaparición que los acontecimientos del siglo precipitaron. Sin ignorar las consecuencias de las aniquilaciones que asolaron otras latitudes, desde la irradiación austral de este hemisferio, sus obras intentaron sortear fronteras, derogándolas; cuestionar las palabras fijándolas en imágenes; refutar las definiciones, su vigencia, por la invención. Se propusieron estetizar un pensamiento que, apartándose de los acosos insistentes de la figuración, la desafió, auspiciando la revisión ilimitada de una imaginación abierta.

Traducido al inglés, este texto fue publicado en Abstract Art from the Río de la Plata. Buenos Aires and Montevideo, 1933-1953. The Americas Society. New York, September 11, 2001.


1 Asociación de Arte Constructivo. Mística de la pintura. Taller Torres - García. Montevideo, 1947. P.9
2 Tomás Maldonado. "Actualidad y porvenir del arte concreto." Revista NUEVA VISIÓN. No.1. Buenos Aires, Diciembre, 1951.
3 Además de ser atribuido a Gyula Kosice, el seudónimo R. Rasas Pét ha sido reivindicado por más de un artista del Grupo de Arte Madí. Arte Madí. Ediciones de Arte Gaglianone. Buenos Aires, 1983. P. 113
4 En 1952 tuvo lugar en París una exposición que, con este título, presentaba obras tanto figurativas como abstractas a la par.
5 Edgar Bayley. "La batalla por la invención. Manifiesto" . In INVENCION 2. Buenos Aires, 1945.
6 T. Maldonado. Op.cit.
7 J. Torres García. Mística de la pintura. Op. cit.. P.7
8 T. Maldonado. Op.Cit. P.27
9 E. Bayley. "La batalla por la invención" Manifiesto. Op. cit.
10 J.L. Borges. "Un caudaloso manifiesto de Breton". Buenos Aires. EL HOGAR, 2 de diciembre de 1938. Una mención lateral a Diego Rivera en esta reseña y otra igualmente breve dedicada a "Dos libros sobre pintura española" del mismo año, ambas relativas a escritores y escritos.
11 Gyula Kosice. Arte Madí. Ediciones de Arte Gaglianone. Buenos Aires, 1983. P. 14
12 Ibidem.
13 Según una entrevista sobre estos temas que requerí a Nelson Di Maggio, fueron años en los que, en el Río de la Plata, los pintores leían poco o no daban cuenta de sus lecturas en sus realizaciones, en la misma medida en que los escritores, si bien puede suponerse que frecuentaran exposiciones y talleres, no reflejaban en sus obras el interés por un arte próximo.
14 E. Bayley. Obras. Presentación de Francisco Madariaga y prólogo de Rodolfo Alonso. Grijalbo Mondadori. Buenos Aires, 1999.
15 Gran Premio de Honor 1978 adjudicado por la Fundación Argentina de la Poesía y compartido con Roberto Juarroz. Colaboró en ARTURO, CABALGATA, CABALLO DE FUEGO, CICLO, REUNION, NUEVA VISION, CINEDRAMA, CONTEMPORANEA, POESIA BUENOS AIRES y dirigió CONJUGACION DE BUENOS AIRES.
16 Rodolfo Alonso. Ibidem.
17 E. Bayley. Obras. Se hace referencia a los poemas "Estado de cosas", "La mano tendida", "Horizonte", de En común (1944-1949),
18 Nelson Di Maggio. La visión del Taller Torres García presentan los ensayos que, a cada uno de estos artistas del Taller Torres García, le dedica Nelson Di Maggio en Unidad y pluralidad en la Escuela del Sur. Exposición 11 Maestros del Taller Torres García. Punta del Este, Verano de 1999.
19 Poésure et Peintrie. D'un art, l'autre. Es el título del libro que recoge los materiales de la Exposición que, con el mismo título, se realizó en Marsella entre el 12.2.93 y 23.5.93. Réunion des Musées Nationaux. Paris, 1998.
20 J. Torres García. "Dibujo". Tinta sobre papel. Buenos Aires, 1945. En Mario H. Gradowczyk. Joaquín Torres García. Ediciones de Arte Gaglianone. Buenos Aires, 1985.
21 Michel Butor. Répertoire IV. Paris, 1974.
22 Es el título de uno de los libros artesanales de Torres García. París, 1930.
23 J. Torres García. La tradición del Hombre Abstracto (Doctrina constructivista). Montevideo, 1938. (Se cita de la edición facsimilar de 1974).
24 Ch. Baudelaire. "Les phares". Les fleurs du mal. Paris, 1857.
25 No dudaría en reconocer, en la descripción de la Vue de Delft de Vermeer por el narrador de la Recherche du temps perdu, en la revelación mística que experimenta el personaje escritor (Bergotte), el pasaje de trascendencia, de trance, de tránsito, más significativo de la novela de Proust.
26 J.L.Borges. "Los escritores argentinos y Buenos Aires". Buenos Aires, Revista EL HOGAR. 12 de febrero de 1937.
27 Joaquín Torres García. "Del desconcierto actual del arte". REMOVEDOR. Revista del Taller Torres García. Año 2, No. 13. Junio-julio 1946.
28 José Bergamín. "Aforística figurativa". Op. cit.
29 Elena Olivera. "El silencio del pintor. Esteban Lisa. Museo Nacional de Bellas Artes. Buenos Aires, 1999
30 J. Torres García. "La liberación del artista". Lección 1. Universalismo Constructivo. Montevideo, 1934.
31 J. Torres García. La ciudad sin nombre. Montevideo, 1941. Edición facsimilar. Montevideo, 1974,
32 J. Torres García. "No hubo remedio..." . REMOVEDOR. Año 3, No.19. Setiembre de 1947.
33 J. Torres García. "El arte de América". En Universalismo constructivo. Op.cit. P.841 - 849
34 Ibidem. P. 848.
35 J. Torres García. La ciudad sin nombre. Op.cit.
36 Nelson Di Maggio. "El pintor uruguayo que inventó el Arte Madí." LA REPUBLICA. 22/6/1992
37 "Yo buscaba un nombre como Dadá. (...) Y mire qué fantástico, después que formé el nombre me di cuenta de que con él aludía al materaliasmo dialéctico." Entrevista de María Ester Gilio. BRECHA. 4 de febrero del 2000.
38 N. Di Maggio. "Artistas olvidados de la vanguardia uruguaya." LA REPUBLICA. 23/1/1995
39 De "La mar en coche", una sección anónima de MARCHA. Año 10, No. 433. Montevideo, 18/6/48.
40 Revista Arte Madí Universal. No. 2. Buenos Aires, octubre 1948.
41 También Roth Rothfuss es un seudónimo.
42 Roland Barthes. "L'art conceptuel". Le texte et l'image. Pavillon des Arts, Paris, 1986. P. 63
43 Gyula Kosice. "Hacia Madí". Revista Arte Madí Universal No. 6. Octubre 1952.
44 N. Perazzo y M. H. Gradowczyk. "Esteban Lisa: un abstracto no situado." En Esteban Lisa (1895 - 1983). Fundación Esteban Lisa. Buenos Aires, 1997. P. 61
45 La primera exposición tuvo lugar del 18 de marzo al 3 de abril de 1946, en el Salón Peuser de la calle Florida.
46 J.L. Borges. "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius". En Ficciones. Buenos Aires, 1944.
47 Carlos Real de Azúa. El impulso y su freno. Montevideo, 1964.
48 J. Torres García. Universalismo constructivo. Op.cit. 61
49 J. Torres García. Una ciudad sin nombre. Montevideo, 16 de diciembre de 1941. Edición facsimilar. Montevideo, 1974.
50 J. Torres García. Mística de la pintura. Op. Cit. P. 11
51 J. Torres García. Una ciudad sin nombre. Op.cit.
52 Perazzo y M. H. Gradowczyk. Esteban Lisa (1895-1983). Op. cit., P.20
53 J. Torres García. "Del desconcierto actual del arte". REMOVEDOR. Revista del Taller Torres García. Año 2, No. 13. Junio-julio 1946.
54 Esther de Cáceres. "Torres García Contra la Vorágine Materialista de la Época". EL PAIS. 27/10/1957
55 Ver M. H. Gradowzyk . "Obras abstractas" en esta publicación. P.....
56 Citado por José Emilio Burucúa. "La biblioteca de Esteban Lisa: los libros y las ideas de un pintor." En Esteban Lisa. Museo Nacional de Bellas Artes. Buenos Aires, 1999. P.50.
57 Mario Gradowczyk. Esteban Lisa. Op. cit.. Buenos Aires, 1997.
58 Ver M.H.Gradowzcyk. "Un modernista singular" en esta publicación. P....
59 J. E. Burucúa. Ibidem. Registra y analiza la biblioteca del pintor, haciendo referencia a sus lecturas y las relaciones que entabla con su obra y su particular apartamiento de los medios más transitados. Esteban Lisa. Op. cit.. Buenos Aires, 1997.
60 Esteban Lisa. Kant - Einstein y Picasso. Buenos Aires, 1956.
61 Emir Rodríguez Monegal. Literatura uruguaya del medio siglo. Montevideo, 1966. Todo el capítulo (P.13 a 109) "Introducción: Una generación polémica" describe y analiza el período anunciado en el título con la información excepcional, con la lucidez crítica de quien más que privilegiado testigo, más que "crítico militante, actor en los acontecimientos que se reseñan" ("Prólogo", P.10) fue uno de los mayores responsables de la realidad que presenta.
62 E. Rodríguez Monegal. El juicio de los parricidas. Editorial Deucalión. Buenos Aires, 1956.
63 Sobre más datos relativos a estas publicaciones y sus contenidos, ver las consideraciones que formula, en este sentido y en este mismo volumen M. Gradowczyk. P. ....
64 Torres García formó parte de un grupo de intelectuales que contribuyó a financiar la publicación del primer libro de Felisberto Hernández, Por los tiempos de Clemente Colling (Montevideo, 1942).
65 Guido Castillo. "El Taller Torres García". En ENTREGAS DE LA LICORNE. 2a. época. Año 1, No. 1. Montevideo, 1953. Ps.161-164
66 Francisco Espínola. "Conferencia pronunciada en la última exposición del Maestro J. Torres García." en Amigos del Arte, agosto de 1949. REMOVEDOR. Año VI, No.27, diciembre de 1950.
67 Juan Carlos Onetti. "La Asociación del Arte Constructivo". MARCHA. Año III. No. 81. Enero de 1941.
68 J. Torres García. "La liberación del artista". Lección 1. Universalismo Constructivo. Montevideo, 1934.
69 Carlos Real de Azúa. "Joaquín Torres García". En Antología del ensayo uruguayo contemporáneo. Tomo I. Universidad de la República. Departamento de Publicaciones. Montevideo, 1964. P. 95
70 J. Torres García. Lección 53. Universalismo constructivo. Op.cit. P.377
71 J. Torres García. Ibidem. P.370
72 J. Torres García. Mística de la pintura. Op. Cit. P.16
73 Montevideo, 1939.
74 Citado por Esther de Cáceres en "Alma y creación de Joaquín Torres García", conferencia pronunciada en el Museo Nacional de Bellas Artes. Montevideo
75 J. Torres García. "La liberación del artista". Lección 1. Universalismo Constructivo. Buenos Aires, 1944.
76 Ibidem.
77 J.C. Onetti. Op.cit.


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